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GuillotinaXD.png ARTÍCULO EN JUICIO

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¿Qué me sucedió? , no logro recordar, solo sé, que ahora estoy aquí para matar. Ya no tengo miedo, ni frío, el dolor desapareció, ¿se suponía que moriría?, ¿Qué es lo que me pasó? , ¿Quién soy? , ¿Qué soy?

La nieve comenzó a caer, el invierno era crudo en verdad, pero lo que más me gustaba del invierno era la hora de adornar la casa para recibir la navidad. Mi madre se encontraba en la cocina, preparando la comida, podía ver que su rostro se mostraba disgustado, mi padre aún no había vuelto de trabajar. A veces por las noches, los oía gritar y discutir, algunas otras se escuchaban cosas romperse seguidas de llanto por parte de mi madre. Repentinamente la puerta se abrió de un golpe, era mi padre, finalmente había llegado de trabajar, corrí a recibirlo como de costumbre, pero él me abofeteo, no sé qué fue lo que me dolió más, si la bofetada, o el rechazo de mi padre, no me quedé a averiguarlo, rápidamente salí de mi casa y me adentré en el bosque llorando, con la mejilla roja, y sin abrigo. Escuché a mi madre gritarme, pero no le hice caso.

Pasó el tiempo, de pronto, un fuerte ruido como un cañonazo atrajo mi atención, corrí al lugar de donde provenía el ruido, ese ruido me dirigió de nuevo a mi casa, entre los matorrales, vi como mi padre se alejaba y se adentraba en el bosque, mientras gritaba  mi nombre, pero no le hice caso, cuando lo vi perderse entre la espesura del bosque corrí a mi casa, pero al entrar está lucía desordenada, todo estaba regado en el suelo, llamé a mi madre, pero no me respondió, cuando llegué a su cuarto, y abrí la puerta, lo que vi... nunca lo pude borrar de mi mente, la pared llena de sangre salpicada por todos lados, y el cuerpo de mi madre, destrozado y casi desmembrado, abandonado en aquella habitación. De nuevo varios ruido semejantes al cañonazo  se escucharon desde afuera, corrí para ver qué era lo que sucedía y al llegar a cierto lugar en el bosque, pude observar el cuerpo de mi padre desmembrado, la sangre en la nieve, esa escena, en vez de resultarme aterradora, para mí era asombrosa, una extraña sensación recorrió mi cuerpo, creo que no supe lo que era, pero por una extraña razón me sentí deseosa de tocar su cuerpo y de probar su sangre, pero rápidamente un ligero pensamiento atravesó mi mente logrando así que me apartara del cuerpo de mi padre.

Pasaron los años, quede casi huérfana, la única familia que tenía, era una tía llamada Elizabeth, era muy seria, mi presencia en la casa le enfadaba todo el tiempo, además de ser muy exigente, le encantaba dejarme al olvido. Las palabras que siempre me decía eran las mismas,

-Eres el demonio mismo, tu alma arderá en el infierno. Seguía escuchando las mismas palabras una y otra vez mientras le daba la espalda, me sentía sola, sin nadie con quien hablar, solo me refugiaba en mi habitación a leer un poco o pintar algo en un lienzo, cuando caía la noche, veía desde mi balcón la luna y el bello horizonte, no me importaba en lo más mínimo el dinero, mi tía era muy rica, tenía una enorme mansión con todo lo necesario, pantallas, una alberca, un enorme jardín, servidumbre, cuartos gigantescos, una amplia cocina, una sala con chimenea, una gran biblioteca, cosas caras, era muy elegante, pero a pesar de todo eso, lo que a ella la hacía sentirse feliz, a mí, sólo me incomodaba. Solía salir al bosque en las tardes, el colegio era muy pesado, no tenía con quien hablar y siempre me alejaba de todos mientras cada momento del día recordaba las escenas de mi infancia vividas en aquella casa en el bosque, todas mis compañeras me insultaban y me trataban mal. Cuando tocaban la campana para el receso escolar, todos iban a la cafetería, pero yo comía en uno de los salones, algunos profesores se dieron cuenta de mi soledad y decidieron hablar conmigo, pero a pesar de su insistencia no había nada que me hiciera cambiar al respecto de preferir la soledad antes de querer hacer amigos.

Cuando volví a casa mi tía me aguardaba, su semblante era de odio hacía mi parte, como siempre salude pero ella me tomo del cabello y me jalo hasta un pequeño cuarto donde ella hacía oración todos los días: -híncate y pídele a dios perdón por ser una ladrona- me dijo mientras tiraba de mi cabello jalándome para hincarme,-Tía yo no he robado nada, se lo juro por dios- y me abofeteo –Nunca jures en vano en nombre de nuestro señor, tu sangre impura será despreciada por el mismo satanás, debería quemarte las manos con un hierro ardiente para que comprendas que no se debe robar, es un pecado, pide perdón antes de que ardas en el infierno una eternidad.

Por más que intentara zafarme de mi tía ella más fuerte sujetaba mi cabello, como era largo y ondulado casi rizado, se enredaba con facilidad, permitiéndole a mi tía sostenerme con fuerza y sin darse por vencida. Comenzó a rezar mientras me mantenía en el suelo hincada, como vio que yo no comenzaba a rezar, tomo una vara muy delgada y me golpeo con ella en la espalda, podía sentir como mi piel se rasgaba a cada azote que me daba, me aguante las lágrimas y no llore, aunque ella seguía golpeándome, luego se marchó y cerró la puerta con llave, y me dejo sola en el suelo. Mis ojos se llenaron de lágrimas, pensaba como era posible que una persona tuviera tanto rencor dentro, tanto odio, por mi mejilla se resbalaban lágrimas de rabia, deseaba la muerte, luego de unos minutos mi tía regreso y me volvió a tomar del cabello, me arrastro por el pasillo hasta un viejo armario muy oscuro, y me encerró dentro.  

Comencé a llorar, pocas horas después me quede dormida con el estómago vacío, pocas horas después desperté en mi habitación, con mi pijama, al parecer mi tía había ordenado a alguna de las mucamas vestirme. Me levante y me dolía la espalda, intente tocarme, pero al sentir el pequeño roce me detuve. Camine hacia la ventana, mire tras ella y la abrí, salí al balcón y me quede hay por unos minutos, pensaba que había hecho que mi tía reaccionara así, pensaba y pensaba y no lograba recordar, una áspera lágrima bajo por mi mejilla y callo finalmente, mi pensamiento era correr hacia el bosque y perderme en él, no voltear hacia atrás y olvidarme de todo, pero solo tenía siete años, comencé a llorar, cubriendo mi cara con las manos, no podía soportar el terrible dolor que tenía, llore y llore, no podía dejar de hacerlo. Después de mucho tiempo escuche una voz detrás mío, -¿Por qué lloras pequeña? , cuando voltee, vi a un hombre alto y delgado, con un traje negro con muchos puntos de colores, tenía un sombrero con un listón de color rojo en él, se comenzó a acercar a mí y volvió a hacer la misma pregunta, -¿Por qué lloras? , mire fijamente al hombre, tal vez  mi carácter evasivo, fue el que hizo que solo contestara –Por nada, y me di la vuelta para seguir viendo el horizonte. El hombre se colocó a lado mío, suspiro, y adopto la misma posición que la mía, fijando la vista y perdiéndola en el horizonte. – ¿Sabes? , a mí también me gusta el bosque, me da una enorme tranquilidad al verlo, al estar en él, -¿Quién eres? – pregunte con cierta desconfianza, él volteo hacia mí y se comenzó a reír, -Me llamo Splenderman- yo solo lo mire, mientras que el seguía hablando y diciendo cosas que a él le resultaban muy divertidas, pero a mí solo me parecían tonterías.

-Y bueno yo ya te he dicho mi nombre pequeña, ¿Cómo te llamas?- yo solo lo mire y suspire, -me llamo Eider- al decirle mi nombre el comenzó a reír – ¿Te llamas igual que un ave?- pregunto mientras reía – no te burles, mi madre me puso ese nombre por mi abuela- dije dándole la espalda y entrando a mi habitación.

-Perdona no fue mi intención reírme pero tu nombre me resulta gracioso- dijo con un amplia sonrisa- pues el tuyo es más gracioso que el mío- dije con rabia mientras él solo se reía. Poco tiempo después seguíamos viéndonos a veces en el día, otras en la noche, pero siempre me visitaba. Mi día era muy atareado, mi tía me mantenía muy ocupada, ella me mantenía lejos, no le gustaba verme, casi nunca me dirigía la palabra, y si lo hacía era solo para ordenarme o darme más tareas. En la escuela todo seguía igual, no había cambios, nadie se acercaba a mí, nadie me hablaba, y los profesores dejaron de insistir en que dejara mi soledad. Todo parecía estar bien hasta que un día, una nueva niña ingreso al colegio, su nombre era Eleonor, una chica rubia con rizos muy bien definidos, su piel era blanca y sus ojos eran de color verde esmeralda, a todos les resultaba muy linda, para mí solo era una estudiante más, la profesora le indico que se sentara a un lado de mí, ella solo me miro de reojo y ni siquiera me hablo.

Con forme pasaban los días, la nueva chica seguía con su indiferencia, le hablaba a todos, menos a mí, comprendí que eso no debía importarme en lo más mínimo, porque a pesar de todo, tenía un amigo, el cual conociendo mi forma de ser, decidió serlo, así que lo acepte a pesar de que me gustaba más la soledad. Nos llevábamos muy bien, incluso en los recesos del colegio, se juntaba conmigo en el patio de atrás donde nadie iba, conversábamos y cuando alguien se acercaba, él se esfumaba para que no lo vieran, eso me enojaba porque en varias ocasiones los niños más pequeños me llamaban loca, y en otras mis compañeros también lo hacían. Pero con el tiempo se fue haciendo costumbre y eso no me importaba. Cuando tenía que hacer un trabajo escolar, yo siempre sobraba en los equipos, así que me tocaba trabajar sola, ya estaba tan acostumbrada que nunca me importo.

Cuando cumplí ocho años, mi tía me obsequio un oso de felpa, muy hermoso, le di las gracias por el obsequio y la comida que me había organizado, era deliciosa, pastel de carne, puré de patata, guisantes y de postre un delicioso pastel de chocolate, todo exquisito, cuando llego la tarde, hice mi oración diaria, aunque la verdad solo me mantenía callada pensando en nuevos juegos para estar con Splenderman. Cuando por fin acabe mi oración, me despedí de mi tía y subí a mi habitación, me cambie rápidamente mi vestido por un pantalón y sudadera gris, cambie mis zapatos de charol por tenis para correr por el bosque, como mi tía nunca subía a mi habitación. No me molestaba en arreglar la cama como si durmiera, solo colocaba el seguro y Splenderman me ayudaba a bajar por la ventana.

Así era mi vida, cuando llegamos finalmente a lo más profundo del bosque, Splenderman, saco algo del interior de un árbol, al principio no logre ver que era, luego me pidió que cerrara los ojos, y así lo hice. Cuando finalmente los abrí, me dio una caja envuelta de un papel con muchos puntitos de colores con un fondo blanco y un moño rojo en el centro, -¡GRACIAS! , no debiste- le dije sonriendo –Espero que te guste, feliz cumpleaños- me dijo con una amplia sonrisa. Abrí el regalo despacio para no romper tanto el papel, cuando le quite la envoltura había una caja color marrón, cuando la abrí, había en su interior una pulsera de colores hecha a mano, los colores eran blanco, rosa, purpura y azul, tejidos en una especie de trenza espiral muy bien organizados, en ella tenía como adorno una mariposa de cristal colgando del centro de la pulsera. A verla me gustó tanto que le di las gracias como un millón de veces. –Recuerda que siempre seremos amigos, pequeña- dijo con una muy amplia sonrisa, ya había anochecido así que Splenderman me llevo a mi cuarto de nuevo. Le agradecí una y mil veces más por el obsequio y sin más se fue.

Llego el lunes y debía ir al colegio, cuando llegue Eleonor se encontraba en el salón con sus amigas, cuando entre comenzaron a cantar Feliz cumpleaños, creí que me felicitarían, pero cuando comenzaron a arrojarme pastel encima, me quede muda, inmóvil, sin poder hacer nada. Todos continuaron, hasta que llego la profesora, quien solo me llevo a dirección porque al parecer yo fui quien comenzó a arrojar el pastel, me juzgaron sin tan siquiera escucharme, solo la profesora Mary, me ayudo, me pregunto qué era lo que había sucedido y llamo a mi tía para que fuera por mí. Cuando mi tía llego por mí comenzó a decir oraciones y versículos de la biblia mientras mis compañeros se reían y graban a mí tía. No conformes con eso lo subieron a internet haciendo que todos se rieran de mí. Tenía el cabello repleto de pastel, mi cabello de color castaño oscuro y ondulado casi rizado ahora lucía blanco y muy enredado, mi uniforme estaba sucio, mis zapatos manchados y sentía muchas ganas de llorar, no de tristeza, si no de coraje, de rabia, de ira. Cuando finalmente llegamos a la casa mi tía me soltó una bofetada, luego me golpeo de nuevo con la vara delgada pero no llore, me traje el coraje y lo deje pasar, subí a mi cuarto, me di un baño y me cambie, llamo la profesora Mary para decirme las tareas y las hice, cuando llego la noche Splenderman llego a mi habitación lo mire y comencé a llorar, le dije todo lo que había pasado, solo se quedó callado, luego cuando levante la mirada vi que su rostro comenzó a cambiar, -No permitiré que nadie te haga daño- dijo con una voz casi demoniaca. –No hagas nada Splenderman, estoy bien, además eso no cambiaría lo que ya paso- le dije sonriendo y me miro, se tranquilizó y volvió  a su aspecto normal. Ambos reímos y reímos toda la noche, me agradaba estar con él, saber que había alguien a quien yo le importaba y que nuestra amistad duraría toda la vida.

Habían pasado cuatro años desde que conocí a Splenderman, las semanas eran largas pero yo solo esperaba el retiro de mí tía que era el fin de semana, así que mi amigo y yo nos podríamos divertir en grande, sin tener que soportar a mí tía. El fin de semana llegó, yo tenía muchos planes para divertirme con Splenderman, así que tenía al corriente todas mis tareas y trabajos, dejando el fin de semana libre. Mi tía se había ido por todo el fin de semana a un retiro para católicos, a mí no me llevo, porque a su parecer alguien como “yo”  no se merecía estar en la gracia de dios, para mí era mejor porque así podía pasar todo el día fuera. Splenderman me llevo a un lugar más alejado esta vez, había un pequeño río, y muchas flores de colores y aromas. Jugamos al escondite, comimos unos emparedados y un pedazo de pastel que había llevado para comer. Cayo la noche, no me preocupe porque Splenderman estaba conmigo, así que le dije que jugáramos a unas carreras, el muy entusiasmado acepto, pero no lo espere, comencé a correr y correr, perdiéndome en el bosque. De la nada, comencé a sentir como mi cuerpo se movía sin que yo lo pudiera evitar, era como si algo me ordenara hacerlo, camine y camine y llegue a un claro, no sabía dónde estaba, todo a mi alrededor era oscuro, solo ese pequeño lugar estaba iluminado por la luna, el miedo me invadió, quería gritar pero no podía, sentía que todo me daba vueltas, mi vista se comenzó a nublar y tenía ganas de vomitar, entre los arboles vi una figura alta y delgada, creí que era Splenderman, pero cuando grite su nombre no me respondió solo se quedó ahí, parcia que me miraba, luego caí al suelo.

Cuando sentía que me desmayaba, escuche a mis espaldas un gruñido, de pronto volvió mi vista y el dolor de cabeza se había ido, voltee, y vi a un enorme lobo de color negro enseñándome los dientes, preparado para atacar, yo solo lo mire, no me moví, no corrí, no grite, solo me quede ahí, inmóvil. El animal comenzó a acercarse, poco a poco dejo de gruñir y solo se posó frente a mí. Se acercó y llego a mi mano, y comenzó a lamerla, con un poco de miedo alce la mano y lo acaricie, este al principio me mostro de nuevo los dientes, pero luego se acostó, colocando su cabeza en mis piernas, mi corazón latía muy fuerte, después de un tiempo se levantó y dio media vuelta y antes de irse volteo a verme y lanzo un aullido que me heló la piel, el aíre en ese momento comenzó a soplar, la temperatura bajo porque de mi boca salía vapor, un viento muy frio recorrió de pies a cabeza mi cuerpo, colocándome la piel de gallina. Cuando el lobo dejo de aullar se fue corriendo, mientras yo solo lo veía marcharse.

Vi a Splenderman que muy preocupado me tomo entre sus brazos y comenzó a correr, yo seguía sin decir nada, cuando llegamos a mi cuarto, me pregunto que había sido lo que había pasado, yo solo le dije lo poco que recordaba, el comenzó a preocuparse más de lo normal, y comenzó a gritar y a caminar por todo el cuarto, pensativo y en algunas ocasiones de escuche decir -¿Habrá sido él? – Yo solo lo miraba un poco preocupada, después de un rato me miro y sonrió, -Bueno que te parece si hoy me quedo a dormir contigo- dijo de forma alegre, yo sonreí y  le dije que sí. Al día siguiente, me levante, pero no vi a Splenderman, no me preocupe, baje a la cocina y salude a Martha, quien había preparado unos panqueques y huevos con tocino, con un delicioso jugo de naranja, desayune y volví a mi habitación para cambiarme, no vi en todo el día a Splenderman, en unos días más seria mi cumpleaños, finalmente cumpliría doce, -Tal vez esté planeando algo para mí- pensaba ingenuamente, -Oh quizás solo llegue más tarde.

Espere y espere todo el día, pero Splenderman no llego, cuando me fui a dormir me sentía muy tiste, pero sabía que el volvería. Al día siguiente, me di una ducha, me coloque el uniforme y fui al colegio, como siempre llegue a mi salón, tome asiento y espere a que llegara la profesora, todos comenzaron a decirme cosas, pero yo los ignoraba, por más que fueran las burlas, por más coraje que sintiera, no les hacía caso, solo los ignoraba. El día pasó muy lento, extrañaba a Splenderman, cuando iba por los pasillos los niños de primero y segundo grado, comenzaron a gritarme loca y a cantar una canción:

Por los pasillos va…

Hablando sola, loca esta…

Es muy rara, muy extraña…

Tiene una cara fea de rana…

La, la, la, la, la… loca, loca, loca esta…

La, la, la, la… la loca Eider viene ya…

Cantaban esa horrible canción durante todo el día, cada vez que me veían, no los soportaba, odiaba a los niños, los odiaba, ninguno de ellos sabía nada sobre mí, y aun así me juzgaban y me criticaban. Llegue finalmente al patio donde siempre solía comer, estaba sola, sin nadie a quien contarle mis problemas, de pronto llego Eleonor, me miro y se comenzó a reír, -Ahora no hablas sola, oh acaso es que tu locura se curó- dijo mientras comenzaba a reír junto con sus amigas.

-Yo no estoy loca Eleonor, ya déjenme sola por favor- le dije con tristeza, ellas solo me miraron y se rieron, luego una de sus amigas me tiro el emparedado que tenía en las manos, diciendo que yo estaba loca, decidí levantarme para irme, pero Eleonor me jalo del cabello, no podía continuar caminando, -Ven aquí loquita, solo queremos jugar un poco contigo, - dijo mientras me jalaba hacia una esquina, donde comenzaron a golpearme, intente gritar pero nadie me escucho, pronto sonó la campana así que me dejaron en el suelo llorando, -Podre Eider, la locura hace que se lastime ella sola- escuche decir a Eleonor a carcajadas mientras se iba.

Cundo me levante, fui a la enfermería, donde la enfermera Ángela me atendió, me pregunto lo que me había sucedido, yo solo dije que me había caído, no mencione nada a nadie, no hice nada. Cuando llegue a la casa, mi tía me vio y en tono severo me confronto de él porque de mi ropa sucia, yo solo le dije que me había caído, por si fuera poco, me golpeo, ya que según ella yo debía de mantenerme limpia, que si mi alma no lo estaba por lo menos mantener mi ropa limpia. No llore solo me calle y me trague las lágrimas y el coraje, -Que esto te sirva como escarmiento, criatura del demonio, que dios me siga dando fuerzas para castigar a demonios como tú en su nombre, que dios se apiade de tu alma mocosa. Grito frenética mi tía mientras mi nariz sangraba, me levante muy adolorida, luego subí a mi habitación, me duche, y me coloque mi pijama, espere a Splenderman, pero no llego, así que solo me quede dormida, solo llore y llore sin consuelo alguno, deseando que mi amigo estuviera conmigo.

Paso la semana rápidamente, al igual que mi cumpleaños, no había rastro de él, y volvió a ser sábado, de pronto en la noche oí una voz conocida, abrí los ojos y vi que se trataba de Splenderman, quien me veía sonriente, al verlo me levante rápidamente y lo abrace, no le dije nada al respecto de lo que me había sucedido porque no quería preocuparlo, el me miro y sonrió ampliamente: -Feliz cumpleaños Eider- dijo mientras extendió una flor de color purpura –Gracias Splenderman- le dije mientras me colgaba a su cuello en forma de abrazo, -Por fin cumplí doce años, así que nos iremos juntos tu y yo solos, como dijiste, espera enseguida hago las maletas.

-Eider, al respecto, debo hablar contigo, -dijo en tono serio -¿Qué sucede Splendy? , ¿Todo está bien? , -pregunte mientras la sonrisa se desvanecía de mi rostro. –No puedes venir conmigo, debo irme muy, pero muy lejos- dijo con tristeza -¿Cómo? , ¿Por qué? , no Splendy, tú me dijiste que me sacarías de aquí, tú lo prometiste- dije llorando – Se lo que dije, pero no tengo otra opción.

Levante la mirada y lo vi fijamente –Pero volverás por mi ¿cierto? , volverás pronto ¿verdad? – dije con una sonrisa, el asintió con la cabeza como aceptación, así que solo lo abrace y le desee buen viaje, porque estaba segura de que volvería pronto por mí y que solo debería de esperar unas semanas o a lo mucho algunos meses, le dije que siempre lo estaría esperando en el gran roble que se encontraba cerca del lago, Splenderman solo guardo silencio y sonrió. Se quedó conmigo, esperando a que me durmiera, yo solo cerré los ojos y deje de escuchar su voz. A la mañana siguiente me levante y no vi ningún rastro suyo, pero aguarde paciente, -El me prometió que volvería por mí y que nos iríamos juntos, yo confió en él, y sé que va a volver, que nunca me va a olvidar, porque eso hacen los amigos, jamás olvidan – me repetía una y otra vez todos los días aguardando su regreso. Pasaron días, semanas, meses y ni un solo indicio de su regreso, todas las tardes lo esperaba en el viejo roble, mientras lo esperaba hacia mis tareas, leía dibujaba, hacia cualquier cosa para que el tiempo pasara de forma más divertida o por lo menos mantenerme ocupada en algo. Cuando comenzaba a ocultarse el sol, regresaba a casa, pero aún tenía la esperanza de que mi amigo volviera.

Creo que fue hasta el frio del invierno, cuando me di cuenta de que Splenderman jamás volvería, deje todo atrás mis sueños, esperanzas y felicidad, bajo ese viejo roble que tenía las iniciales S & E escritas en el tronco, regrese a casa y tome un cuchillo, volví al roble y comencé a tallar las iniciales  dejando solo un hueco, comencé a llorar con el cuchillo entre mis manos, de pronto un viento helado recorrió mi cuerpo, recordé una sensación parecida que había vivido meses atrás, mire a todos lados y solo vi a un cuervo que se posó en la rama del roble, el negro de sus plumas era muy visible en la nieve, me seque las lágrimas deje el cuchillo y volví a casa, pensando que jamás volvería a llorar en mi vida, que a partir de ese momento nadie me importaría, solo sería yo y siempre yo,  y que nadie estaría en mi corazón, nunca jamás.

Pasaron los años, crecí y me olvide de todo, seguía viviendo con mi tía, la cual cada día me odiaba más, cada vez que cometía un error me daba un escarmiento, como ella los llamaba, estaba tan acostumbrada a ello que el dolor se había hecho cada vez más soportable. Seguía hiendo al colegio, Eleonor y sus amigas continuaban haciendo de mi vida un infierno, el único lugar donde me encontraba tranquila era el bosque, creo que después de un tiempo a mi tía, dejo de importarle lo que hiciera con mi vida, solo la veía en las mañanas y en las noches, toda su vida era hacer oración e ir a trabajar, no se preocupaba en lo más mínimo por mí.  Eso ya no me importaba, me gustaba más la soledad, no me interesaba nada.

Descuide mi aspecto, mi cabello castaño había perdido su brillo, y al ser ondulado con algunos rizos se enredaba mucho, me había cortado el cabello hasta media espalda, me había hecho un fleco de lado hacia la izquierda. Cada vez que iba al colegio, utilizaba un amplio suéter, ya que mis compañeros eran unos pervertidos, además nunca me gusto ir como una top- modell, todos los días lucía desarreglada y a veces con ojeras. En cambio, mis compañeras siempre lucían ropa de marca, faldas, escotes, todas esas cosas femeninas que a mí la verdad nunca me agradaron, en deportes ellas eran las porristas yo solo las miraba, me gustaba atletismo, era la mejor en eso, todos los días practicaba en el bosque, corría, trepaba árboles, mi vida giraba en torno al bosque, a veces recordaba que en mi vida una vez tuve un amigo, pero me olvido.

Hace apenas dos meses había cumplido dieciséis años. Había llegado del colegio, cambie mi ropa por unos pantalones negros, una blusa de tirantes morada y una sudadera negra con capucha, me coloque tenis y baje por unos emparedados y una soda, para llevar conmigo al bosque. En ese momento estaba leyendo Romeo y Julieta de William Shakespeare, me encantaba ese libro, me senté bajo un árbol a leer, me cerré la chamarra y me coloque la capucha, me puse los audífonos y comencé a escuchar mi canción favorita “The Nobodies” de Marilyn Manson, a pasar de que no parecía que me gustara ese tipo de música, me encantaba, después de un tiempo, sentí que me observaban, cuando me quite los audífonos y levante la mirada, vi a un sujeto muy extraño sentado en una roca a unos metros de mí, era alto, y parecía un payaso, solo que sin colores, su atuendo era a blanco y negro, comía una paleta, sus manos parecían garras, su rostro era blanco y su nariz era en forma de cono. No hice nada, solo lo mire un momento y volví a mi lectura, la verdad era que no me importaba nada en ese momento, el sujeto comenzó a reírse de forma insana, yo solo suspire, -Vaya, vaya, ¿Qué tenemos aquí?- dijo de forma sarcástica- Veo que estas sola pequeña, quieres que te haga compañía- dijo acercándose mientras reía.

-No, muchas gracias señor, pero prefiero la soledad, estoy muy acostumbrada a ello, así que no se preocupe estoy bien, -dije de forma amable y sin levantar la mirada. –Oh que lastima, yo quería jugar contigo, vamos anda ven a jugar- dijo con una pequeña carcajada mientras se agachaba para verme a los ojos, en ese momento levante la mirada y vi sus ojos azules, tenía un brillo extraño, él también me miro, cuando vio que no exprese nada, ni un gesto, se levantó pero su sonrisa cambio a una expresión seria, comenzó a tararear una canción que hace años había escuchado, “pop goes the weasel”.

-Veo que no quieres jugar conmigo, pero yo si quiero jugar contigo ¿Qué debo hacer?- decía una y otra vez con esa risa insana – Si juego contigo, ¿Me vas a dejar en paz? – dije de forma fría y seria. –Ja, ja, ja, ja, ja Claro, confía en mí- -Y bien ¿A qué quieres jugar? – Pues jugaremos en un lugar muy divertido…- No, la única condición, es que si quieres jugar, lo hagamos en el bosque, si no, puedes irte- dije de forma seca y con desconfianza, ¿Qué era lo que estaba haciendo? , ¿Jugar con un extraño? , ¿Porque haría eso? – Bien, pero hay algunas reglas, si yo gano, vendrás conmigo, pero si tu ganas haré lo que tú quieras- dijo de forma sarcástica y burlona, muy seguro de sí – Bien, juguemos.

Se acercó a mí y me tomo del cabello tirando de él arrastrándome por el piso, luego pude zafarme, aunque me arranco un mechón, me levante, y lo único que pude pensar es que sería mi muerte, luego, vi en el suelo un tronco delgado y largo, parecía muy adecuado para golpearlo, pero cuando levante la mirada, él ya no estaba, luego me abrazo por atrás y comenzó a estrujarme, me faltaba el aire, sin pensarlo lo pise, el me soltó rápidamente, y tuve tiempo para golpearlo con él tronco, pero cuando decidí volver a hacerlo, se esfumo dejando una nube de humo, luego me tomo de los pies  y me tumbo en el piso, y me golpeo, creo que en ese momento le agradecí a mí tía por tantos golpes, luego le mordí la mano, pero él me abofeteo una y otra vez y aun así, yo le seguía mordiendo, luego me arrojo contra un árbol, donde golpee mi cabeza contra el tronco, respire y me volví a poner de pie, lo alcance y le di una patada en la entrepierna, se retorcía del dolor así que aproveche y lo seguía golpeando, pero él rápidamente detuvo mis manos y comenzó a torcer mis brazos, luego me tomo del cuello y comenzó a ahorcarme, se detuvo cuando deje de patalear luego me dejo caer, yo  solo tosí, se sacudió un poco y siguió con sus garras me comenzó a escribir las iniciales L.J, el dolor era bastante, comenzó a sangrar mi brazo, luego de un rato de un poco de tortura y golpes ya no sentía dolor así que el solo se levantó y me dio la espalda: - Creí que el juego duraría más- dijo en tono sarcástico  -Ja, ja, ja, ja, ja que divertido, creí que me seguirías golpeando, anda no hemos acabado el juego- le dije burlándome, a lo que él respondió con una fuerte carcajada insana, me puse de pie y me recargue en un árbol y luego me caí de nuevo.

Comenzó a reírse otra vez, me levante con una carcajada, y lo mire, mi nariz estaba sangrando y solo pude decirle –Cuando nos vamos- ,-A mí me parece que empatamos, adiós niña, fue divertido jugar contigo, hace mucho que no me divertía tanto-, - Mi nombre es Eider- , -Ja, ja, ja, ja, ja, que nombre más estúpido mocosa, adiós Eider- Dijo antes de desaparecer en una nube de humo gris, caí rendida y me recosté un momento en el pasto recordando la risa de ese sujeto. Estaba anocheciendo, pero yo conocía el bosque como la palma de mi mano, así que volví al lugar donde había dejado mis cosas, las tome y regrese a casa. Al llegar, mi tía me estaba esperando muy molesta, así que como era costumbre me volvió a golpear, el sujeto golpeaba peor de mi tía, pero yo estaba acostumbrada a ello, pero esta vez fue diferente me golpeo primero con la varita, pero de lo fuerte que me azoto se rompió, así que continuo golpeándome a mano cerrada, varios golpes desquitados en mi cabeza, otros en mi cara, así fue como me reventó el labio, después me comenzó a patear, y pasaron horas, hasta que casi perdiera el conocimiento, -Eres el demonio, desearía que ardiera en el infierno, que estuvieras muerta, -dijo antes de que me desmayara, al día siguiente desperté en el piso de la sala donde me había desmayado, subí a mi habitación con pocas fuerza, me duche, me vestí y baje a desayunar, por suerte mi tía no estaba, tome mis cosas y fui al colegio, todo el día paso de forma normal, a excepción de que uno de los profesores vio mis moretones y las heridas que tenía en las manos y en mi rostro y me pregunto lo que me había ocurrido, así que solo le dije que me había caído escalando un árbol, el no pregunto más y me marche, volví a mi casa y de nuevo regrese al bosque.

Creí que no volvería a ver al sujeto, pero sin embargo, lo hice, de nuevo comiendo una paleta, pero ahora solo se sentó a mi lado tarareando la misma canción, -¿Quieres que juguemos otra vez? –Preguntó de forma sarcástica – No gracias de verdad, me siento muy cansada, -el solo rio –¿Es por lo de ayer? – Pregunto con una sonrisa- Bromeas, eso solo fue un calentamiento, a comparación de lo que paso después- dije carcajeándome- Veo que te gusta el dolor- dijo jalándose los tirantes – No, pero estoy muy acostumbrada a los golpes- comencé a contarle mi vida, lo que había vivido y todo lo que me había pasado, como era mi tía y también el porqué de su odio hacia mí, el solo escucho y no dijo nada, -Eso explica porque tus ojos no tienen brillo – dijo a carcajadas - Todos me dicen loca, pero creo que la locura es solo una condición que nos hace como somos- dije mientras me recostaba, – No creo que sea malo estar loco ¿O sí? – pregunto con sarcasmo –No, no es malo, si estoy loca, me gusta estarlo, eso me hace como soy, además si no estuviera loca, ayer no me habría divertido tanto- le dije carcajeándome, a lo cual el también comenzó a reír insanamente.

-Y entonces ¿prefieres la soledad?- dijo mientras sacaba una paleta para comenzar a comerla, -No lo sé, he pasado sola muchos años, creo que sí. La soledad hizo que cambiara, la violencia hizo que dejara de sentir, y el olvido me hizo perderme, la soledad es un veneno muy fuerte, que te hace o te deja ser.

-Hablas de la soledad como si fuera una amiga, o ¿a casó te sucedió algo para que amaras la soledad? – pregunto con intriga el sujeto mientras se recostaba a mi lado.

– Una vez tuve un amigo, hacía que me sintiera feliz, que me olvidara de todo, pero una día, se marchó, me dijo que volvería, pero me engaño, han pasado más de cuatro años y él no ha vuelto, él me hizo una promesa y la olvido- le dije mientras una lágrima resbalaba por mi mejilla.

–Te comprendo, a mí me sucedió algo parecido, no eres la única que ha sufrido por la soledad- me dijo  y comenzó a relatarme su historia incluso me dijo su nombre “Laughing Jack in a box” pero me dijo que le gusta más L.J o Jack, pasamos toda la tarde hablando y por fin en mi vida sentí que alguien me comprendía, sentí que alguien me escuchaba, por primera vez en muchos años, volví a sentir.

Creo que ese fue el mejor día de mi vida, volví a casa y seguía pensando en él, no sabía que era lo que ocurría, era más de media noche, seguía recordando sus palabras, su voz, todo de él, -Ya deja de pensar en él, ya duérmete mañana tienes clase- me decía una y otra vez para lograr dormir, pero no lo podía hacer, paso tiempo para lograr bostezar, hasta que perdí el conocimiento. Al día siguiente me levante tarde, solo tenía media hora para arreglarme y desayunar, rápidamente me duche, me vestí con lo único que encontré, unos pantalones negros, mi blusa blanca y una chaqueta negra, no encontraba mis tenis, así que me puse mis botas favoritas igual de color negro, por las prisas se me había olvidado ponerme el suéter amplio pero ya no había tiempo para eso, tendría que soportar a mis compañeros. Llegue a la clase justo a tiempo, cuando entre al salón, todos me miraban extrañados, nunca me habían visto sin el suéter así que solo tome asiento y guarde silencio, en mis brazos tenía unas vendas, porque las heridas apenas comenzaban a sanar. Llego el profesor y dio su clase, no me pude concentrar en todo el día, ya casi eran vacaciones solo faltaban unas semanas y listo. Toda la clase recordé a Laughing Jack, ¿Qué me está pasando? , ¿Por qué recuerdas a un maniático que intento matarte? , ¿Sera que en verdad me gusta el dolor?

No podía saber que era lo que me pasaba, estaba decidida a no ir esa tarde al bosque, pero no pude más, así que volví, no lo vi en todo el día, pensé que no volvería, pero cuando di la vuelta, el me salto en frente, di un fuerte grito, Jack solo comenzó a carcajearse de forma insana, al parecer mi cara le resulto muy divertida, ya que no para de reír y de agarrarse el estómago. –Que gracioso eres- dije de forma molesta.

-Niña, la verdad si, tu cara es muy graciosa- dijo entrecortado porque no podía dejar de reír –Pues me alegro de que mi cara te cause gracia- le dije muy molesta. De pronto unos niños llegaron al bosque, eran los mismos que me cantaban esa horrible canción, para mala suerte me vieron, así que comenzaron a hacerme burla una vez más, Jack me veía divertido mientras esos mocosos cantaban la canción, en ese momento perdí el control: -Lárguense de aquí- les dije muy molesta.

-¿Qué nos vas a hacer si nonos vamos? Loca Eider- respondieron, cuando estaba a punto de golpearlos, comenzó a sonar la canción “pop goes the weasel”, Jack apareció detrás de ellos, y comenzó a reír de forma insana – ¿Tiene algo de malo estar loco?- de pronto una de sus manos atravesó el pecho del niño arrancándole el corazón, los otros niños comenzaron a correr gritando, pero algo dentro de mí se rompió, así que alcance a uno y lo comencé a golpear desquitando todo mi coraje y dolor, para darle el golpe final, lo tome y azote su cabeza contra una roca, haciendo que esta se abriera y un poco de su sangre me salpico en la cara, pude ver su cerebro era emocionante verlo muerto, cuando di la vuelta vi a Jack torturando al otro chico, cuando este dejo de moverse lo arrojo lejos, luego se acercó a mí con una amplia sonrisa, que al verla me inspiro terror, -Que divertido juego, ¿no lo crees Eider? , por cierto, olvide decirte que soy un asesino- dijo a carcajadas, luego se acercó a mí y comenzó a deslizar una de sus garras por mi rostro y llego a mi cuello – ¿Tienes miedo?- pregunto con voz risueña- No, no tengo miedo.

-¿Estas segura? – dijo mientras se acercaba más a mi rostro para verme fijamente a los ojo- estoy segura, no tengo miedo- conteste con voz segura y alegre- Eso me gusta- dijo antes de desaparecer en una nube de humo gris. Regrese a mi casa, ya pasaba de media noche, sin darme cuenta, había pasado el día entero en el bosque y toda la noche matando a un niño, subí a mi habitación, me quite la ropa llena de sangre y decidí bañarme, me coloque la pijama y me dormí. Al día siguiente, las autoridades buscaban a los tres niños, pero no encontraron nada, ni sus cuerpos, algo muy extraño, ya que se encontraban cerca de la carretera. Llegue a la escuela, pero esta vez usaba un vestido color negro hasta la rodilla, y mis botas por supuesto, cuando entre al salón comenzaron las críticas, pero en ese momento le cerré la boca a Eleonor con una bofetada, ya no tenía miedo, alguien me había hecho perderlo. Llego la hora de la salida, entre al sanitario pero Eleonor y sus amigas también lo hicieron, cerraron la puerta y me acorralaron, -Te crees muy ruda no loca- dijo Eleonor con rabia- Si estoy loca, no quiero hacerte daño, así que mejor espero que tú y tus amigas se marchen- le dije con voz tranquila, pero Eleonor me tomo del cabello y me azoto contra un lavamanos, yo me levante rápidamente y lleve contra la pared, la tome del cabello y la comencé a golpear, sus amigas me golpeaban, pero cuando deje a Eleonor seguí con las otras dos, saque un cuchillo de cocina de mi mochila y se lo clave a una en el ojo, luego lo saque y la comencé a apuñalar en el pecho. Cuando la última chica quiso salir corriendo la alcance y clave el cuchillo en su vientre y comencé a subir hasta que sus costillas me impidieron seguir, sus entrañas estaban regadas por todo el suelo, me acerque la mano llena de sangre y comencé a lamer mis dedos.

Pude ver que Eleonor seguía viva, así que me acerque tarareando la canción “the Nobodies”

-¡Aléjate loca!  Dios ayúdame –grito mientras lloraba – Si estoy loca, pero dime una cosa, si dios garantiza mi locura, quien garantiza la cordura de dios – comencé a reír de forma insana, sentía placer al oír como lloraba, al ver los cuerpos de sus amigas muertas, me acerque y con el cuchillo le comencé a sacar un por uno los ojos, ella gritaba y gritaba, le rompí los dedos y las piernas, cuando escuche sus últimas palabras sonreí –Déjame vivir, te lo imploro no me mates – No llores, el juego apenas comienza, ruégale a tu dios, porque yo le rogare a mis demonios para así poder hacerte mucho, pero mucho daño- le dije y clave mi cuchillo en su cuello, comencé a desgarrarlo lentamente, su sangre salpico por todos lados, cuando dejo de moverse probé su sangre, era deliciosa, mi ropa estaba llena de sangre, tome mis cosas y salí del colegio, ya era de noche, llegue a mi casa y subí a mi habitación, me quite el vestido y de mi armario saque un pantalón negro ajustado, una blusa negra con corzzet, mi chaqueta de piel negra, me puse mis botas negras con un poco de tacón y decidí salir al bosque, pero en la entrada estaba mi tía lista para golpearme pero esta vez, no deje que me tocara, -¿Cómo osas faltarme al respeto criatura del demonio- dijo con rabia- Si soy una criatura del demonio, renuncio a mi religión, renuncio a dios, renuncio a mi fe, renuncio a todo para darle la bienvenida al demonio- le dije a carcajadas mientras ella me miraba aterrada, la tome del cabello y la arrastre hasta la sala, donde la comencé a golpear sin piedad, con una cruz que estaba en la mesa de la estancia la golpee hasta que su cabeza comenzó a sangrar, fui por unos cuchillos y los clave en sus manos como su fuera crucificada, al igual que los pies, cuando ya no podía moverse, tome un hierro y lo comencé a calentar en la chimenea, mientras tanto con otro cuchillo comencé a grabar mis iniciales en su brazo, “E-B”, mi nombre completo en su pierna, comencé a reír y a reír mientras escuchaba los gritos de mi tía, luego tome el hierro y la marque en el pecho “E B”.

Cuando vi que mi diversión estaba a punto de terminar, clave el cuchillo en el pecho bajando hasta su vientre y luego hice una línea horizontal dejando una cruz invertida en su cuerpo. Cuando acabe, salí de mi casa con el cuchillo en manos, camine y camine pero al llegar al bosque un hombre extraño me hablo: -Buenas noches pequeña, te he estado observando y veo que tienes lo que necesito, déjame presentarme, me llamo Zalgo,- cuando dijo esto salió de las sombras y al verlo era como un demonio, le sonreí y comencé a carcajearme – Veo que eres el demonio, bueno que quieres de mi- , -Solo quiero que vengas conmigo, te ofrezco una nueva vida, algo mejor- ,- A cambio de que- le dije con sarcasmo –Bueno estoy muy solo, que te parecería ser mi familia, renunciaste a todo, religión, dios, vida- , -Ya veo, después de todo, si resulte ser una criatura del infierno, está bien acepto-  le dije mientras él me extendía la mano, yo lo tome y de pronto, sentí como mi cuerpo comenzó a arder, como si se quemara. Poco tiempo después desperté en el mismo lugar, mire a todos lados, el pasto a mi alrededor se había quemado pero mi cuerpo parecía normal, como si no hubiera pasado nada, de pronto escuche una voz conocida, -Despierta, ya es hora.

Abrí los ojos y de pronto vi esos ojos azules, frente a mí, luego se puso de pie y me extendió la mano, lo tome y el carcajeo con esa riza insana que recordaba con gusto – Veo que te encuentras bien- , -Me encuentro muy bien, mejor que nunca- le dije a carcajadas, al igual él se comenzó a regocijar, nos vimos por un largo rato, solo sonriendo de forma insana, hasta que un lobo aulló y preparados marchamos juntos para comenzar a jugar.

¿Qué me sucedió? Me volví loca, pero amo mi locura y ahora estoy aquí para matar. Ya no tengo miedo, ni frío, el dolor desapareció, ¿se suponía que moriría? Me alegra estar muerta, ¿Qué es lo que me pasó? Renuncie a Dios, ¿Quién soy? Soy la loca Eider, ¿Qué soy? ahora soy una criatura del infierno y ya no volveré a estar sola, nunca estaremos otra vez solos. 

"NO JUEGUES CON FUEGO QUE TE PUEDES QUEMAR.... NO JUEGUES CONMIGO QUE TE PUEDO MATAR"

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