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Hace más de 3 años cuando yo tendría aproximadamente unos 10 años, yo y mi familia nos fuimos de vacaciones al sur, en tanto que llegamos a la casa, nos instalamos y descansamos, en el transcurso del pequeño descanso que tuvimos por el largo viaje mi abuelo dijo:

- Mañana podemos ir al río, pues ahora está menos peligroso.

A lo que mi padre contestó:

- Claro mañana vamos a ir todos al río a pasar un lindo día en familia.

Todos nos pusimos contentos...

Al día siguiente, nos despertamos temprano para recoger todas las cosas que íbamos a llevar al famoso río llamado "AGUAS TURBIAS".

Yo tenia muchas ansias de ir, pero tenía esa gran duda de que por qué mi abuelo había mencionado "mañana podemos ir al río PUES ESTA MENOS PELIGROSO" me llamó mucho la atención, pero lo dejé de lado en mi mente.

Eran mas o menos las 3:26 pm y habíamos terminado de almorzar cuando llegó la hora de irnos al río, el camino era un poco complicado porque había muchas subidas y bajadas y por que era de tierra y que para más fastidio estaba lleno de piedrecitas que se metían por las zapatillas y eran un incordio. Finalmente llegamos al río famoso, al llegar sentí una brisa escalofriante que puso los pelos de punta. Nos instalamos debajo de un árbol que nos daba sombra ya que hacía mucho sol.

Luego de acomodarnos me saqué la ropa y me quedé con mi traje de baño, luego, entre sola al río y me dí cuenta de que dentro del agua se formaba una especie de brillo, como brisa de color celeste y que se expandía por todo el río, me llamó tanto la atención que comencé a seguir a la brisa de color y no me daba cuenta para cual lado del rió me dirigía.

Hasta que el brillo desapareció por completo, entonces ahí fue cuando mire hacia los lados y me dí cuenta que no estaba por el lado que estaba mi familia, traté de volver nadando pero cada vez la corriente me arrastraba más y más, hasta que el sol desapareció y se nubló todo con nubes negras e imponentes.
Sirena 3

No sabia que hacer, me estaba empezando a asustar , ya que tan solo tenía 10 años, 

Luego, de la nada, vino una voz totalmente preciosa que venía desde el fondo de aquel río, fue tanta la atracción por aquella voz que no dudé un segundo en acercarme al medio del río para escucharla mejor.

Cuando llegué a la mitad del río, aquella hermosa voz había desaparecido y sentí que algo extraño recorría mi cuerpo, algo así como un escalofrió que cada vez se hacía más grande y más ponente, de la nada sentí que alguien me observaba por detrás, me dí media vuelta y había una especie de cosa grande, posada en una roca. Tenía unos ojos profundos y que daban desconfianza, unos labios gruesos y morados que mostraban que estaban muy gastados, en sus mejillas tenia unas pocas pecas, tenía el cabello largo y de color negro azulado, su piel era pálida, y lo que más me llamó la atención fue que tenia una aleta. Era pues, definitivamente una Sirena...

Mientras yo estaba estupefacta ante aquella criatura, ella me miró con una cara de pensativa, luego, se lanzó de forma brusca hacia el río y, volví a sentir ese escalofrió instantes después de que la sirena desapareciera en las profundidades. Poco después, el agua del río se puso muy turbia y, saltó la sirena del agua de forma brusca, atacándome con un rostro del demonio, con dientes de punta como clavos, con los ojos rojos como inyectados en sangre, y en su piel se marcaron sus venas que, le daban un aspecto grotesco.

Salto hacia mí y me hundió hacia adentro del agua ahogándome, me llevó hacia las profundidades del rió, por otra parte, a mí se me estaba acabando la respiración, la sirena demoníaca me movía hacia todos lados, el agua del río se comenzó a ponerse oscura, hasta que mi respiración no aguantó más y comencé a ahogarme y creí sinceramente que ese era mi final...

Desperté en una pequeña cueva que tenía una poza, llena de hojas de los árboles que había, me impactó tanto la escena que, de verdad creí que había muerto y reviví...

Comencé a caminar, caminar, y a caminar, y no encontraba el lugar donde estaba mi familia. Tenía mucho sueño e intentaba no quedarme dormida en un lugar tan extraño, me senté en una piedra para poder descansar, y sentí un olor muy desagradable, empecé a observar y dí media vuelta a mi cabeza, y vi como 7 cuerpos muertos de criaturas extrañas. Cuatro criaturas tenían el cuerpo de un chimpancé, muy delgados, pero su cara era como de gato, dos criaturas eran de un de tipo de lagartijas con los pies y cara de una gallina, y el último fue el más espectacular, ya que era con la figura de un cuerpo humano, pero su cara estaba totalmente deformada. Todas las criaturas tenían cortes profundos por todo el cuerpo.

Yo estaba totalmente aterrorizada he intentaba alejarme de las horribles criaturas, corriendo todo lo que pude, hasta que mi cuerpo se desplomo por el agotamiento, directo hacia el suelo y, mi cabeza se golpeó con una piedra y me quede inconsciente. Al despertar, el río estaba totalmente seco, así que esa era mi oportunidad de correr por el medio del rió y demorarme menos, pero, cada vez que avanzaba, el río se estaba llenando, el agua me estaba pasando las rodillas, así que comente a correr por la orilla del rió, hasta que, llegué hasta el lugar en el que me había extraviado y donde mi familia no estaba. 

El viento comenzó a soplar extremadamente fuerte, cuando estaba alejándome de ahí para volver a la pequeña casa de mis abuelos, del sur se cayó una rama de un árbol, que me golpeó en la cabeza y quedé inconsciente. Al día siguiente, me desperté en el hospital, con un dolor de cabeza terrible, y junto a mi lado estaba mi abuelo, y yo lo mire y me dijo.

-En la vida existen fantasías , pero esta es de verdad y no se la tienes que revelar a nadie porque esto es un secreto de las criaturas más espeluznantes de este mundo.

Segunda versiónEditar

Hace algún tiempo atrás, aproximadamente más de 3 años cuando aun era una inocente niña de 10, mi familia y yo nos fuimos de vacaciones al sur. Allí estaban mis abuelos, a quienes visitábamos a penas cada cuatro meses ya que vivían demasiado lejos de nuestra ciudad. Tras un extenso viaje, llegamos a la su casa y lo primero que hicimos fue desempacar. Después de un rato, nos instalamos y descansamos.
En el transcurso del recreo que tuvimos para reposar luego de tan largo y agotador, viaje mi abuelo dijo:

- Este año les tengo una nueva propuesta, de hacer algo que nunca habíamos hecho antes: Mañana podremos ir al río, ya que ahora es menos peligroso.

A lo que mi padre respondió, esbozando una simpática sonrisa en sus labios:

¡Pues claro!, mañana vamos a ir todos juntos a la rivera a pasar un lindo día en familia-.

Y entonces toda la familia se alegró mucho...


Al día siguiente, nos despertamos temprano para recoger todas las cosas que íbamos a llevar al famoso río llamado "Aguas Turbias".

Yo tenía muchas ansias de ir, pero tenía también esa gran duda de por qué mi abuelo había dicho "Mañana podremos ir al río, ya que ahora ES MENOS PELIGROSO". Me llamó mucho la atención, pero decidí hacer ese pensamiento un lado de mi mente para no preocuparme y simplemente disfrutar del día.

Eran más o menos las 3:26 pm y habíamos terminado de almorzar cuando llegó la hora de irnos al río. El camino era bastante tedioso porque había muchas subidas y bajadas, era además de tierra y para peor estaba lleno de piedrecillas que se metían dentro de mis zapatillas y eran un incordio. Caminamos y caminamos, hasta que finalmente, luego de un sendero más que difícil, llegamos al famoso río “Aguas Turbias”. Al arribar, una incómoda y extraña sensación invadió mi ser, y una brisa escalofriante recorrió todo mi cuerpo, poniéndome los pelos de punta. En ese momento, me percaté de que algo extraño estaba ocurriendo o por ocurrir allí. Sin embargo, decidí hacerle caso omiso, y seguí a mi familia para instalarnos debajo de un árbol que nos daba sombra, ya que el so yacía ardiente sobre nuestras cabezas.

Luego de acomodarnos me saqué la ropa y me quedé con mi traje de baño. Después, me coloqué bloqueador y me acerqué a la orilla; acto seguido, e ignorando las precauciones que me había dado mi madre de permanecer cerca, me adentré yo sola al río. Dejándome llevar por la curiosidad, los cardúmenes de pequeños pececillos que nadaban cerca de la orilla y las olas que cubrían mis piernas, sin notarlo estaba cada vez más lejos de donde nos habíamos asentado. En poco tiempo, los minutos se volvieron horas y yo no tenía la más mínima idea de dónde me encontraba, pero tampoco le daba demasiada importancia porque estaba demasiado ocupada explorando la misteriosa rivera de aquél maravilloso lugar.
De pronto, entre el leve oleaje de sus aguas, noté que en la zona un poco más profunda emergía un pequeño brillo de color celeste verdoso, que parecía formarse por las corrientes del mismo río, y que se expandía de a poco por todo mi alrededor. Ese extraño fenómeno me llamo tanto la atención que, en mi inocente mente de niña, comencé a seguir la misteriosa luz azulada hacia donde ella iba, sin pensar demasiado hacia dónde se dirigía.

Seguí el rastro de aquél inquietante y curioso brillo, hasta que de la nada, desapareció por completo. Fue al fin en ese punto cuando recaí sobre mí misma, miré hacia ambos lados y me di cuenta que no estaba familia; me encontraba completamente sola en medio de las peligrosas aguas silvestres, y faltaba muy poco ya para el anochecer. Llorando, llamé a gritos a mis padres, mis tíos y mis abuelos, pero no hubo respuesta. Desesperada, traté de volver nadando hacia la costa, pero la corriente era demasiado fuerte y cada vez me arrastraba más y más, hasta que el Sol emitió su último rayo de luz y desapareció por completo, dando paso en el cielo a unas enormes e imponentes nubes negras.

A estas alturas, yo ya no sabía qué hacer y me estaba empezando a asustar. Allí estaba yo, no sabía en dónde, sin compañía de nadie, una solitaria niña de 10 años perdida en medio de la corriente. Las penumbras de la fría noche habían empezado a sentirse, y la suave brisa de la tarde se había transformado en un viento gélido y sombrío. Nunca antes en mi vida me había sentido tan angustiada, sola y aterrada. Mis sentidos se habían activado por instinto, y cualquier sonido extraño o cosa que viera moverse podría ser un potencial peligro para mí, que estaba allí parada en medio de las aguas tan indefensa como cordero entre manada de lobos. Fue entonces en ese momento de desesperación y necesidad cuando de la nada, una melodía indescriptiblemente preciosa comenzó a sonar desde las profundidades del oscuro río hacia mí, llenando el silencioso y vacío aire de la noche. Era un sonido tan bello como melancólico, dulce y además armonioso, y fue tal la atracción que me generó aquella angelical voz que no dude un segundo en acercarme a las profundidades para escucharla mejor.
Lentamente empecé a nadar hacia la parte profunda, sorprendentemente casi sin esfuerzo; parecía que la corriente me dirigía directamente hacia el origen de aquél canto, como si sólo debiera dejarme llevar. Entonces, cuando llegué a la mitad del río, cuando parecía que la canción había llegado a la cúspide de su hermosura, que al fin la había alcanzado, aquella melodiosa voz súbitamente desapareció. De pronto, tuve una extraña sensación de inseguridad, aquél mismo escalofrío que había recorrido mi cuerpo al llegar a la orilla durante la tarde se repetía recorriendo todo mi cuerpo, pero con aun mayor intensidad. Conforme pasaban los segundos, cada vez se hacía más y más fuerte, y sentía como si alguien estuviese aproximándose a mí. De la nada, en un momento de total silencio, sentí como si alguien me estuviera observando por detrás. Entonces me di media vuelta, y con los ojos llenos de temor la contemplé: estaba allí a mis espaldas una figura enorme posada sobre una roca, tenía ojos color azul oscuro, muy profundos y que me inspiraban desconfianza; sus labios eran gruesos y morados, teñidos del violáceo que caracteriza a quienes han muerto ahogados o han pasado demasiado tiempo bajo el agua, muy gastados y maltratados; en las mejillas que adornaban su rostro tenía algunas pecas que parecían más machas blancas por falta de sangre; tenía también el cabello largo, lacio y color negro azulado; su piel era pálida y lo que más me llamo la atención fue que tenia una aleta al final del lugar en donde deberían estar sus pies, una enorme aleta en lo que en realidad era su cola, pues aquella cosa que pude tener en mi presencia era definitivamente una sirena.
Evil Marmaid

Mientras yo yacía estupefacta ante aquella criatura, ella me observaba con una expresión pensativa. Al cabo de algunos segundos, inesperadamente se lanzó de forma brusca dentro del río, desapareciendo entre las penumbras. Mi instinto entonces nuevamente se despertó, y otra vez y volví ah sentir ese escalofrío, a sólo algunos segundos de que aquella criatura se sumergiera en las profundidades. El peligro nuevamente me acechaba, podía percibirlo. Yo sólo estaba allí, inmóvil, con la esperanza de que aquel ente se hubiera ido, pero de nada valió tener buena fe, porque en el fondo sabía que volvería por mí. Lamentablemente, no me equivoqué. A los pocos minutos, las aguas que me rodeaban se tornaron muy turbias, y con ellas en un impresionante salto, impulsada por las olas emergió la sirena desde el fondo, atacándome cual felino salvaje. Su apariencia se había transformado totalmente, y con sumo terror pude observar cómo aquella endemoniada bestia se abalanzaba sobre mí. Su rostro parecía el del más temible de los demonios, sus dientes se asemejaban a los de un descomunal tiburón blanco, sus ojos estaban inyectados en sangre, y en su piel se podían ver sus marcadas venas de ira, lo cual le daba un aspecto aun más atemorizante y grotesco. Con sus enormes garras me tomó de los brazos y me hundió hacia abajo ahogándome, y nadando tan veloz como un torpedo me llevó hacia las profundidades del río. Yo no podía respirar, y la sirena demoníaca me movía hacia todos lados, sacudiéndome y golpeándome contra las rocas del fondo. El agua comenzó a ponerse más oscura a medida que descendíamos, hasta que ya no pude contener más mi respirar por la presión y solté mi última bocanada de aire antes de desmayarme.

Desperté en una pequeña cueva muy fría y húmeda. Su aspecto era un tanto funesto, sombrío y desolado, y en lo que parecía ser el centro de ésta, se hallaba una fosa llena de vegetación muerta, hojas de árboles, algas y también huesos. Por un momento, me sentía en tal estado se shock que creí haber muerto y vuelto a nacer, cosa que me parecía imposible, pero al analizarlo un poco más… me di cuenta de que ese lugar donde me hallaba podría ser en realidad el “nido” de aquella bestia, y yo su próxima comida.

No podía quedarme allí, ¡debía hallar la manera de escapar!, no quería ser alimento de aquella infernal criatura de las profundidades. Comencé entonces a caminar, caminar y caminar, pero no encontraba la salida. Tenía mucho sueño, pero intentaba no quedarme dormida en aquel lugar tan extraño, temía que esa cosa me hallara de nuevo y me atrapara otra vez. Luego de un largo rato, exhausta me senté sobre una piedra para poder descansar y aclarar mis ideas. De pronto, sentí un olor muy desagradable que provenía de algún lugar incierto dentro de esa cueva. Empecé entonces a observar a mi alrededor, buscando la fuente de origen de tan fétido aroma, y después de algunos segundos, la encontré. Al dar media vuelta mi cabeza, vi entre las rocas siete cadáveres en avanzado estado de putrefacción de unas criaturas extrañas, de las cuales cuatro tenían el cuerpo de un chimpancé, pero muy delgados, tanto así que se les podían observar a simple vista los huesos -por ende parecían haber muerto de hambre-, y sus rostros se asemejaban a los de unos gatos deformes y famélicos; otras dos de las criaturas eran similares a lagartijas con las patas y cabezas de gallina, con su nuca desplumada y llena de heridas infectadas rebosantes de gusanos; pero no fue sino el último ser quien hizo que me cubriera la boca del espanto, ya que a diferencia de las anteriores, tenía el cuerpo de un ser humano, pero su rostro tenía tal grado de deformación, tal expresión de horror y tales magulladuras marcadas en su cara que casi me hace caer de espaldas ante el horror. ¿Y si yo llegara a terminar así? ¿Y si todo esto lo había ocasionado la demoníaca sirena? No había tiempo ya para pensar, ¡Debía escapar como sea, en ese mismo instante!

Totalmente aterrorizada, empecé a correr y alejarme de ese terrible lugar sin mirar atrás, sin rumbo y sin razonar. Lo único que quería era terminar con esta pesadilla, estar a miles de kilómetros de las horribles criaturas que había hallado esa noche. Corrí a más no poder durante más de una hora, pero parecía hacerlo en círculos, porque no importaba cuanto yo creía que me había alejado, siempre terminaba en el mismo lugar. Atravesé túneles, lagunas subterráneas, escalé rocas y me deslicé en barrancos, hasta que al fin hallé un camino que me conducía a un a zona diferente, ya sin más cuevas u oscuridad, y cuando pensé que al fin estaba a salvo me dejé desplomar en el suelo a causa de tal agotamiento; pero fue tal mi mala suerte que caí de cabeza contra una roca y me quede inconsciente.

Al despertar, el río estaba totalmente seco, y entonces me di cuenta de que esa era mi oportunidad de hallar la libertad, sólo debía correr por el medio del río hasta llegar al otro lado sana y salva. Pero para mi sorpresa, ni bien puse un pie sobre la arena, de la nada el agua comenzó a fluir desde el suelo, y a medida que yo avanzaba el agua subía más y más. Al llegar a la mitad la corriente ya me estaba pasando el vientre así que comencé a nadar y nadar, dando brazadas de desesperación por llegar al final. Y así, luego de mucho esfuerzo, logré arrastrarme al fin hasta la orilla. Increíblemente, estaba en e mismo lugar donde habíamos establecido el picnic con mi familia, pero allí ya no había nadie. Todas nuestras cosas seguían allí, pero no había ni rastro de persona alguna.
Cuando entonces decidí que lo mejor sería volver por el sendero que habíamos tomado para llegar hasta el río, el viento súbitamente comenzó a soplar de manera extremadamente fuerte. Un remolino de viento me envolvió y una misteriosa fuerza empezó a empujarme hacia las aguas de nuevo. Yo ya sabía lo que eso significaba. Ella jamás me dejaría ir; esa siniestra sirena había regresado a buscarme. Corrí entonces lo más rápido que pude hacia el sendero de tierra, oponiéndome a aquel viento infernal en el que había empezado a oír de nuevo el canto de aquel ser tan despreciable, no debía mirar ya hacia atrás, esta vez n me dejaría engañar. Seguí corriendo y corriendo, alejándome cada vez más de la zona de peligro. El viento soplaba con mayor intensidad y la ahora tétrica melodía sonaba aun más fuerte. Lo único que podía hacer era correr por mi vida. Al fin a lo lejos pude divisar la casa de mis abuelos, y entonces apresuré el paso para poder llegar más rápido. Lo estaba logrando, el viento reducía su fuerza y la melodía se alejaba de mi audición, ¡al fin sería libre! Estaba entonces cada vez más y más cerca de llegar a la casa, donde podría al menos sentirme a salvo y estar lejos de aquel endemoniado río, pero justo cuando creí que ya nada me detendría… ¡Crack!, escuché el crujido de un a vieja y pesada rama de un árbol caer sobre mi cabeza, y el golpe fue muy doloroso, pero no por mucho ya que con semejante intensidad había caído que a los pocos segundos quedé inconsciente, y todo se nubló de nuevo.
Al día siguiente me desperté en el hospital del pueblo, con un dolor de cabeza terrible y una sensación de tristeza y desesperación totales. Al observar alrededor de mi camilla, justo a mi lado estaba mi abuelo, sentado sobre una silla y sosteniendo un extraño amuleto en su mano. Cuando se dio cuenta de que había despertado, me miró a los ojos y me dijo:

-Querida nieta, debo confesarte algo que nuestra familia ha tenido muy bien guardado durante generaciones…Verás, en la vida existen muchas fantasías, pero lo que te ha ocurrido no es una de ellas; es la pura realidad, una verdad muy oscura y no se la tienes que revelar a nadie, no debes hacerlo… Puesto que este es el secreto de las criaturas más espeluznantes de este mundo, y si alguien se llegara a enterar, el caos y el desastre que siempre han sido prevenidos, vendrían unidos de la mano y se desatarían sobre la faz de la Tierra. Tú sólo sigue adelante y no mires hacia atrás. Has sido bendecida de poder seguir viva para asombrarte de tu propia suerte.- dijo, mostrándome ante mis ojos el collar con el amuleto entre sus dedos-Al parecer, aun no logramos hallar la manera de proteger a los nuestros completamente…- susurró, dejando una lágrima caer sobre sus arrugadas mejillas de anciano-. Suspiró, y luego dijo:
- Pero recuerda, si se lo dirás a alguien, lo estarás haciendo bajo tu propio riesgo, poniendo nuevamente tu vida en peligro…-.'''''

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