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En memoria de Alice Brissot (1946-1973).

Vida y obra de una mente perturbadaEditar

Ella era Alice, una chica de estatura mediana con belleza promedio de rostro pálido, muy inteligente debo admitir, lo malo de Alice era su mente, sí, esa mente rara, imaginativa y retorcida, tanto que caía en la paranoia.

Ella creía mucho en lo paranormal, no en cosas de fantasmas, aunque le encantaba leer historias de apariciones espectrales y cosas así, pero en este caso nos referimos a que ella creía en la telepatía. Alice tenía un temperamento bastante frío y era muy seria, casi no hablaba con nadie, no porque ella no intentara acercársele a la gente, más bien la gente huía de ella.

Se rumoreaba que era hija de algún demonio, ya que siempre comentaba cosas raras a la gente. Vivía en un pueblo con pocos habitantes y muy tranquilo. Recuerdo que un vecino me contó que Alice tocó a su puerta una mañana nublada y fría, él abrió somnoliento y en ropa de dormir, Alice con una mirada perdida y seria sólo le susurró:

“Mi cerebro me obliga a hacer cosas que no quiero”, él muy extrañado la invitó a pasar pero Alice se fue corriendo.

Los compañeros del colegio de Alice no hablaban con ella porque era extraña, tenía manías bastante aterradoras, como cuando Alice se levantaba de su asiento, a veces interrumpiendo al profesor, y gritaba o lloraba como si la hubieran lastimado.

Obviamente Alice era observada por un psiquiatra, él le decía que llevara un diario para que anotara sus pensamientos, aunque Alice no dejaba que nadie leyera lo que escribía, sólo hubo una página que Alice dejó que el psiquiatra viera, y dicha página afirmaba que ella creía mucho en la telepatía, siempre que estaba en un lugar lleno de gente ella decía en su mente:

“Si alguien puede leer mi mente, diga hola”.

Cuando el psiquiatra de Alice murió en un accidente, ella y su madre se mudaron a una ciudad más grande, donde otro psiquiatra pudiera atenderlas. No se supo nada de Alice en el pueblo por varios años.

Una mañana los habitantes de aquel pueblo ahora más desarrollado, vieron un camión de mudanza entrar, y sí, era Alice. Aunque era una Alice muy diferente, aquel rostro pálido era ahora una hermosa cara ruborizada con ojos vivos, saludaba cordialmente a la gente que reconocía, por supuesto ya era toda una mujer, a pesar de su condición pasada se graduó como médico forense y planeaba trabajar en su pueblo natal.

Todo parecía ser normal con la nueva Alice, lo que nadie sabía era que su mente conservaba ciertas manías, ella seguía preguntando si alguien podía escuchar sus pensamientos. Además poseía una asombrosa habilidad de indiferencia hacia los cadáveres que tenía que examinar, ver un cadáver no la afectaba en lo absoluto.

Al ser la única médico forense en un pueblo bastante tranquilo, casi todo su tiempo lo ocupaba en estar sentada en su oficina pensando en cosas que sólo Alice pensaría, en este punto ustedes pensarán que no se curó del todo, la realidad es que no se curó, sólo se reservó su forma de ser para ella misma, debe ser por la carta de suicidio de su madre, tanto afectó a la pobre que se sintió culpable, tal vez ese suceso la inclinó a estudiar medicina forense.

Yo, Damián, trabajé como investigador en la policía de dicho pueblo, conocí a Alice en las oficinas de la policía, compartimos varios almuerzos y aunque yo estaba interesado en ella, simplemente no me hacía caso, por eso investigué su historia. Déjenme decirles que quedé bastante asombrado, pero eso no afectaba mi interés por ella, quisiera poder conquistar su corazón.

Una noche, precisamente la noche del bicentenario del pueblo, había muy pocos policías en la estación, los demás hacían guardia en la plaza central. Alice atendió una llamada de una mujer anciana diciendo que un hombre había entrado a su casa y había asesinado a su esposo, luego la línea se cortó. Alice sin perder tiempo se dirigió a la casa de dicha anciana. Su rostro cambió repentinamente al entrar y ver el lugar vacío, sin muebles, nada.

Como mencioné anteriormente, Alice conservaba esa manía estúpida de preguntar en su mente si alguien la escuchaba y que de ser así dijera hola. Ella se quería resistir porque sabía que la casa estaba vacía, sería inútil, pero en un impulso y sin tener nada que perder, lo hizo...

Lugar del asesinato de Alice.
Desde una esquina oscura se escuchó un hola...

Me oculté en aquella esquina para sorprender a Alice, siempre la escuchaba en sus pensamientos pero creí que ese era el momento perfecto para revelar que en efecto podía leer su mente. Oh mi querida Alice, cómo recuerdo ese momento. ¿Recuerdan que les dije que iba a conquistar su corazón? Pues lo hice, después de abrirle el pecho y sacar su aún latente corazón, lo guardé en un alhajero de cristal junto con los de otras 23 chicas a las cuales conquisté, jamás se separarán de mí.

Aquel cuerpo aún fresco fue un delicioso festín que yo mismo prometí para las festividades del bicentenario. Deben admitir que les gustaron mis platillos, ¿o no?

-Este fue el testimonio de un hombre trastornado identificado como Damián Campos culpable del asesinato de Alice Brissot el 18 de marzo de 1973. El individuo fue transportado al Hospital Psiquiátrico Kings Park en Nueva York, posteriormente se quitó la vida. Que descanse en paz su miserable alma.

Gein ingresa al manicomio.jpg

Damián Campos Geinn ingresando al Hospital Psiquiátrico Kings Park.

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