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Esta noche planeaba lo de siempre. Preparé todas mis cosas, no me beneficiaba ni un poco verme expuesto. Me puse los guantes negros, los de cuero eran más cómodos y dejaban menos indicios. Guardé los lentes de sol en un bolsillo de mi chaqueta y me puse mi gorra. Estaba listo para salir, pero me di cuenta que me faltaba lo más importante. Mi pistola Glock 25 con un cartucho .380 ACP de 15 balas. Decidido me fui directo al callejón que tanto me gusta y me ubiqué en el lugar de siempre. Una vez ahí me dispuse de mis lentes de sol y esperé como en todas las ocasiones. Generalmente se tarda de 30 minutos a 2 horas en un día de semana. Ese día estaba especialmente fresco, había mucho viento. Si bien no tome la hora, creo que habré esperado alrededor de 1 hora y 10 minutos. Pasada esa cantidad de tiempo logré ver una silueta a lo lejos que se dirigía directo al callejón. Mientras más se acercaba mejor podía distinguir sus rasgos. Ya lo bastante cerca pude apreciar que era una mujer de pelo negro y de unos ojos marrones muy claros. Era fácil notar que era una persona con muchas pecas en la zona de la nariz y sus alrededores. Su tez era un poco bronceada. No fue hasta que me le acerqué que pude observar que tenía unos Brackets. Para los que no estén familiarizados con esta palabra se refiere al aparato dental que se coloca la gente en su dentadura para poder acomodar los dientes en sus respectivas posiciones.

Volviendo a lo que les relataba la mujer sufrió un buen susto en cuanto me vio. Ella no esperaba a alguien como yo en un callejón poco iluminado. La primera reacción que tuvo fue quedarse paralizada mirando de un lado a otro en el callejón intentando ver si había otra persona. Pasaron pocos segundos hasta que reaccionó e intentó correr en dirección contraria a la que me encontraba.

A penas la vi hacer esto hice llamar su atención con el sonido de mi pistola, colocando una bala en la recamara. Casi instantáneamente se volteó a verme y le apunte con el arma. Le pedí que se acercara de manera muy tranquila. Como soy un caballero de los que no abundan se lo pedí por favor, nuevamente con un tono de calma. Era de esperar que una persona en su posición estuviera muy alerta. Se acercó lentamente y me miró asustada. Pasaron algunos segundos incómodos, siempre los hay y los detesto. ¿Qué es lo que quieres?, me preguntó.

No te di permiso de hablar, pero ya que reuniste el valor de preguntarme te responderé, dije un poco enfadado.

Solo quiero divertirme un poco contigo. Si no hablas y no te interpones, no te mataré, dije mientras sonreía.

Es ahí cuando veo que ella empieza a temblar bruscamente. Por supuesto ella ya lo estaba haciendo, pero ahora era notable hasta para la persona más distraída. Ahora quédate quieta, le dije muy suavemente. La arrinconé contra una de las paredes del callejón y puse mi mano en un lado de su cara. Ella abrió bien los ojos y me miró aterrada. Me encanta esa expresión, pero todavía ni siquiera había comenzado. La sujeté fuertemente del cabello y golpeé su cara con una de mis manos. Una vez que empezaba no podía detenerme. Le propiné golpe, tras golpe. En medio de la adrenalina me di cuenta que mi mano estaba muy lastimada producto de que mi puño chocó contra sus brackets, así que decidí golpear otras partes de su cuerpo. Yo no entiendo a esas personas que golpean a otras con objetos como palos, no se puede disfrutar bien como la carne se acopla a tus puños. En medio de los golpes parece que la chica estaba llegando a su límite y vocifero varios alaridos del dolor. Se puso a llorar fuertemente a pesar de que le advertí que la iba a matar si hacía ruido alguno. De todos modos el momento que me estaba haciendo pasar era muy placentero, así que decidí perdonarle la vida. Agarré su cara desde su nuca y la golpeé fuertemente contra la pared ocasionando que pierda la conciencia. Ese sonido hueco que provocó el golpe fue muy placentero. Extasiado por aquella escena me fui silbando de placer hasta mi casa. Había completado mi día y lo único que podía hacer para finalizar era dormir.

Al día siguiente me desperté por el sonido de la puerta de mi casa. A penas abrí los ojos vi en mi reloj despertador que marcaban las 09:57 de la mañana. Los recuerdos de la noche anterior acudieron a mi mente muy rápido creando una gran sonrisa en mi cara. Me levanté, me puse mis sandalias y fui hasta la puerta para ver quien llamaba. Al abrirla pude apreciar un patrullero estacionado un poco lejos y a dos oficiales en la puerta de mi casa. ¿Usted es Edward Miner?, preguntaron los oficiales. Si, les respondí. Está bajo arresto por asesinar a Jessica Lowlend, todo lo que diga puede ser usado en su contra. Si no dispone de un abogado el gobierno le brindara uno y pagara los gastos correspondientes de manera…

Aparentemente me encontraron culpable gracias a los brackets de la chica. Al haberlos golpeado parte de mi sangre quedó en ellos y con un simple análisis pudieron dar conmigo. La chica murió gracias a una contusión en su cráneo y a mí me dieron 25 años de cárcel.

Los días pasaron, me tocó una celda apartada de las demás y me habían privado salir de ella. Solo podía salir cuando tenía que darme una ducha. No podía quejarme estaba mejor de lo que esperaba. Lo único malo fue que la noche del primer día me desperté abruptamente en la madrugada. Algo lo había causado, pero no era capaz de darme cuenta. El lugar no estaba bien iluminado y no podía ver que causaba mi desvelo, simplemente lo ignoré e intenté dormir. Llegada la noche del siguiente día volví a despertarme sin razón o al menos eso creía. Esta vez fui capaz de escuchar que alguien decía mi nombre. Lo escuché una sola vez y después de un rato cuando estaba a punto de dormirme lo escuché nuevamente. Al día siguiente como era de esperar también me desperté, pero esta vez pude darme cuenta del porqué. En frente de mi celda, inmóvil, se hallaba la silueta de una persona. No puedo decir con certeza si me estaba viendo puesto que no había luz para darme cuenta de quién era. Necesitas algo?, pregunté pensando que podía ser un guardia que me había dicho alguna cosa. Hubo un largo silencio y volví a preguntarle, pero no hubo respuesta alguna. Estuvo un buen rato quieto ahí, hasta que parpadeé y desapareció. Al día siguiente le pregunté a uno de los guardias acerca de si una persona rondaba a altas horas en la noche. Lo único que conseguí fue que me dieran algunos golpes y no me tomaran en serio. De todos modos pude lograr que estuviera atento en esas horas para ver que ningún preso intente colarse en mi celda. Llegó la noche y esta vez no pude conciliar el sueño, algo me molestaba. Sentía como si algo fuera a pasar y que si me dormía estaría indefenso. Las horas se me hacían interminables, no tenía con que matar el tiempo y lo único que podía divertirme era contar las imperfecciones de la pared. Pasó un tiempo, no podría decir cuánto ya que no disponía de ningún medio para tener una idea del mismo, pero parecía que había pasado mucho. Mientras daba vueltas por la cama en un vano intento por dormirme me percaté de que el ambiente se sentía pesado. No es algo sencillo de explicar, se siente como cuando discutes con una persona y después el aire esta tenso, se sentía similar a eso. Miré afuera de mi celda esperando encontrarme la misma silueta de siempre. Como había esperado la silueta estaba nuevamente, pero dentro de la celda en esta ocasión. Me asusté bastante pensando que un preso se había metido a mi celda, pero no fue así. La silueta se acercaba lentamente a mi cama y pude notar que era una mujer. Fue en ese momento que me aterré todavía más, mucho más. No quería pensar que la mujer que estaba en mi celda era la misma mujer que había asesinado. Cada vez que una palabra cruzaba en mi cabeza esta silueta se acercaba más. Quise hablarle para que se detenga, quise gritar por auxilio, pero por alguna razón era incapaz de articular siquiera una palabra. Ya lo bastante cerca pude apreciar que era una mujer de pelo negro y de unos ojos marrones muy claros. Era la misma mujer, pero tenía algo diferente. Toda su ropa estaba rasgada y tenía muchas ojeras. Su sonrisa era muy grande y de su boca chorreaba sangre en grandes cantidades. Sus manos tenían unas uñas muy largas y las usaba para cortarse el cuerpo de manera errática. Antes de que pudiera reaccionar a lo que estaba viendo, ella ya estaba al lado de mi cama. Quedé completamente inmóvil, pensé que si me movía siquiera un centímetro ella iba a matarme. No pasó demasiado tiempo hasta que se subió bruscamente encima mío. Su olor era repugnante tenía la peste de un muerto en descomposición y estaba muy helada. Ella movía su cabeza en cualquier dirección y contorsionaba su cuello en formas que ninguna persona viva podría hacer. Llegó un momento en que se detuvo y acercó su cara hasta la mía, apenas unos pocos centímetros separaban mi cabeza de la suya. Estaba mirándome muy fijamente y yo no podía pensar en otra cosa que su horripilante aliento y de cómo la sangre caía de su boca en mi cara. Es en ese momento que siento un espantoso y punzante dolor en el abdomen. Me estaba cortando con sus uñas lentamente mientras su sonrisa crecía y crecía sin parar. Estaba aterrado, tenía tantas ganas de vomitar y el miedo me estaba sofocando. Nunca intenté con tantas fuerzas gritar en mi vida, pero algo no me lo permitía, no podía decir una sola palabra. Me cortó muchas partes del cuerpo provocando que varias veces me desmaye para volver a despertarme del dolor que me causaba. En cierto momento ella se detiene y sonríe todavía más. Su cara tenía una expresión demasiado macabra sin mencionar que tal sonrisa era imposible en un ser humano. Fue demasiado escalofriante pensar que no podía hacer nada y que ella tenía total control sobre mí. Alejó su cara de la mía y con sus manos me abrió la boca a la fuerza. Ni siquiera en ese momento pude hacer ruido alguno. Metió una de sus manos dentro y saco mi lengua con bastante brusquedad. La acarició lentamente con una de sus uñas mientras podía escuchar una risa disonante, algo indescriptiblemente horripilante. Entonces hizo algo de lo que jamás podré olvidarme, algo cuyo dolor causó que pierda la conciencia definitivamente. Atravesó mi lengua con todas las uñas de una de sus manos y me arrancó parte de la misma.

Me desperté una semana después, tuvieron que hacerme una operación para que no muriera desangrado. Me suturaron muchas partes del cuerpo, incluida mi lengua. Lo peor de todo es que quedé completamente mudo. Hicieron investigaciones, me preguntaron quién fue el responsable de tal acto. Al principio me negaba a decirles quien era el responsable por miedo a que no me creyeran, pero finalmente terminé escribiéndoles que fue Jessica. Después de insistir en varias ocasiones me declararon insano y me trasladaron a un manicomio. No era algo que esperara, pero creo que fue lo mejor. El solo pensar en volver a mi celda me aterrorizaba mucho, así que un lugar nuevo me parecía lo mejor que podía desear. El manicomio era un lugar más tranquilo no tenía esa tensión constante de pensar que un preso podría atacarme en cualquier momento. En este lugar poseía algunos privilegios que no tenía en la cárcel, como una máquina de escribir que es lo que estoy usando ahora para relatarles esto. El lugar está bastante bien, pero no es perfecto. Hay una pequeña molestia que no me deja tranquilo ningún día. Todas las noches me despierto a la madrugada viendo la silueta de una persona parada del otro lado de la puerta de mi habitación. La puerta tenía una ventana y estaba lo bastante cerca como para ver que era una mujer de pelo negro y de unos ojos marrones muy claros.