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Un capítulo del El Holder de la Liberación

Buscado…
Archivo encontrado.
Fecha: Abr-18-08
Autor: J. Quincy

Cuando los Objetos están en manos de Buscadores, cualquier número de cosas pueden sucederles a ellos. Los intercambian a veces, o se pierden. Cuando esto sucede, muchas veces, o bien de alguna manera, encuentran su camino de regreso a su dueño Buscador, o acaban regresando a su Holder.

La mayoría de las veces, los Buscadores se aferran a ellos obsesivamente. Incluso para aquellos que parecen conservar la cordura después de conseguir uno, ‘el péndulo siempre se moverá hacia atrás’. Van a empezar a cambiar. La adicción se apodera de ellos, y ya que se desconectan del mundo que los rodea, forman un vínculo con sus Objetos.

De vez en cuando, se oyen extrañas historias de Buscadores que desaparecen de forma inesperada, sin que nadie tenga idea de dónde salieron. Si se mira con más profundidad, podrás descubrir que a menudo hay cortes de energía alrededor de las áreas en que vivían en el momento de su desaparición. Cuando esto sucede, un nuevo Holder ha nacido.

En algún momento, debería haber renunciado. He llegado introspecto en mí mismo profundamente en algo que no acababa de entender. Por pura curiosidad ¿En qué momento acabo de estar en casa?...

Sin embargo, cada vez que pienso en ello, no puedo soportar la idea de volver a mi vida anterior. Todos los días era lo mismo, ya se repetía una y otra vez. Vine a Nueva York por mis sueños, que no se están cumpliendo, y como resultado, me estaba quedando cada vez más en una espiral de monotonía. Me dije a mí mismo desde el momento en que me involucré que no iba a parar hasta que consiguiera todas mis respuestas, y yo aún no he cambiado de opinión. Incluso después de la reunión con Thompson, tenía que hundirme más en el asunto. Era lo único que podía hacer.

¿Qué quiso decir con “Sálvame”? ¿Estaba ella en problemas? ¿Qué estaba buscando?.


Para obtener estas respuestas, tendría que encontrar al Bibliotecario. Es muy conocido en la comunidad de Buscadores, como un investigador que pasa la mayor parte de sus días recolectando información sobre los Objetos y los Holders. Pues resulta, que no es muy popular, los apodos favoritos que le pusieron los Buscadores para él van desde “Aspirante a Buscador” a “cobarde”. Él vive en Boston, que queda a varias horas de distancia, pero si debo hacerlo, no me molestaría conducir.

Mientras tanto, tuve que admitir que mi curiosidad se convirtió en casi una obsesión, cuando comencé a ver algunas de las instrucciones de estos Holders.

Estas ”instrucciones” han sido recogidos de diversas fuentes, la mayoría de los cuales son a lo mejor cuestionables, pero me han dicho que esta es la forma en que estaba destinado a ser. No importa lo mucho que me pregunte, estos Buscadores simplemente no pueden probarme nada para asegurarme de que los Objetos existen en realidad.

Parte de lo que lo hace tan incitante a esto es que, a pesar de todo, cualquier persona puede ir a un lugar indicado, preguntar por visitar a un Holder, y someterse a una prueba para ganar un Objeto. Por lo que para la mayoría de los Objetos, es muy fácil empezar, eso debes saberlo a ciencia cierta.

Todas mis otras preguntas tenían que esperar a la más importante. En primer lugar, tenía que saber si eran reales. Yo tenía que encontrar un Objeto por mí mismo.

“En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier institución de salud mental o centro de reinserción social a la que puedas llegar por ti mismo…”


Las instrucciones que tengo ahora son muy claras sobre lo que tengo que hacer para este Objeto. Estoy de pie fuera de un hospital psiquiátrico en Hartford, y las notas en el papel tiemblan ligeramente en mi mano.

¿Por qué estoy tan nervioso?


Todo lo que tengo que hacer es entrar, preguntar por el Holder, y caminar hacia atrás sin sentirme avergonzado. El secretario probablemente sólo me dará un aspecto gracioso, eso es todo. Pero, ¿y si eso no es lo que pasa?

Me cruje el abrir la puerta despacio mientras me dirijo a la recepción. Mi corazón late muy fuerte en mis oídos, y estoy a punto de tener que recordar cómo caminar. La mujer en el escritorio de enfrente me mira como si fuera un paciente que se ha escapado, así que trato de apartar mi mirada mientras llego al escritorio principal.

“¿Puedo ayudarle?”

me pregunta monótonamente.

Es muy tarde para regresar ahora.

“¿Puedo ver a El Holder del Cambio?”


Tomó un rato a que escuchara las palabras, y comenzó a levantar las cejas, como esperaba. Sin embargo, se congeló, y se dilataron sus pupilas. Todo su cuerpo parece hundirse, y su rostro se vuelve inexpresivo. Apenas puedo respirar, pero ella deja escapar un suspiro que parece durar unos minutos. Luego, lentamente, caminó hacia la puerta de un armario de limpieza y lo abrió, antes de marcharse por el pasillo.

Debe ser una broma. Alguna elaborada broma en la que la secretaria estaba. Ella reaccionó exactamente como las instrucciones decían que lo haría.

¿No había forma en que este hecho fuera circunstancial?


Entré en el cuarto de limpieza y cerré la estrecha puerta. Era la única manera de saberlo con certeza. No había forma de que la siguiente parte fuera recreada, no importa cuánto se hubieran preparado los bromistas. Abriría la puerta, de vuelta en la institución mental, y la secretaria simplemente se reiría de mí mientras yo salía del edificio vergonzosamente. Eso es lo que iba a pasar.

Cuando abro la puerta, lo primero que logré captar era que el lugar había cambiado, y una niña pequeña estaba allí, quieta. Cierro la puerta rápidamente, completamente sorprendido por lo que había ocurrido.

Respiro profundamente, mientras tomo la manija de la puerta, y la abro de nuevo. La habitación frente a mí es pequeña y sin ventanas, como una celda de prisión. La pintura se descascara de las paredes, telas de araña al acecho en las esquinas, y la única luz que cuelga del techo a medias parpadea. La habitación se ve más vieja que cualquier otra que haya visto jamás, como si hubiera sido abandonada por décadas.

Segundos después de que yo haya abierto la puerta, un olor podrido recorrió mis narices, y se duplicó, mientras yo trataba de no vomitar. El cadáver en el centro del lugar parece llevar meses muerto, con la carne podrida y gusanos desprendiéndose de sus huesos. Su rostro ya no es reconocible, no es más que un cráneo abierto colgando, con trozos de masa verde y roja que cuelgan de sus pliegues.

En la mano del cuerpo yace un revólver, brillando como nuevo.

Las rodillas me tiemblan, y me muevo en la habitación con dificultad. El aire es tan espeso aquí que se siente como si me fuera a ahogar. Se siente mal. Todo se siente mal por aquí. He entrado en un mundo completamente aparte de la institución mental, o en cualquier otra parte aislada del mundo que me sea familiar. Se siente oscuro y amenazante.

Tengo mis manos y las rodillas sobre el rostro del cadáver, respirando pesadamente. El aire es tan espeso, y es difícil el evitar vomitar. Las cuencas oculares vacías me miran como si esperaran la pregunta que debo hacerle. La pregunta que las instrucciones me dicen que debo hacer.

“¿Qué fueron una vez?”

Susurré en voz baja.

Sus manos huesudas se pliegan y cierran alrededor de mi cabeza, tirando de mí más de cerca, hacia su cara. Su mandíbula cruje como una bisagra rota, rompiéndose en su lugar, y se mueve hacia arriba y hacia abajo. Desde lo más profundo de su garganta una voz surge, que suena como su ser que habla desde el fondo de un pozo.

Se acerca aún más, su boca se pega a mi oído, y comienza a responder mi pregunta. Mis fluidos corporales parecieran que estuvieran vaciándose, y ahora, siento como si mi propia vida estuviera siendo drenada. No sé cuánto tiempo me ha estado hablando, que podrían ser minutos, horas o incluso días. Pero lo que dice trae un terror a mi corazón que yo nunca había sentido. Su voz desgarra mi alma con cada sílaba.

Acartucho.jpg

Tan pronto como acabó, solté un grito que podría haber destrozado mis cuerdas vocales, y sus manos huesudas me liberaron. Con la poca cordura que me quedaba vi el revólver que la mano podrida tenía, y lo levanté con mi mano temblorosa.

Ahora, estoy tirado en el césped de la institución, con un dolor sordo en mi frente. Yo no recuerdo haber oído el disparo. Por lo demás, no recuerdo ni siquiera cómo salí. Todo lo que sé es que yo estaba libre del reino del Holder, y en mi mano estaba el cartucho de la bala que había disparado.

Este cartucho es el Objeto 178 de 538. Ahora sé lo que Ellos fueron una vez, y aunque no estaba en las instrucciones, todavía podía apuntar esa arma a mí mismo de todos modos.


Continua en Respuestas

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