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Hola
Doraemon
, hoy os voy a contar una terrible historia que me ocurrió de pequeño.

Era un día lluvioso de invierno, yo estaba en mi casa tranquilamente viendo un capítulo de mi serie favorita, "Doraemon".

De repente, escuché un ruido que venía de la cocina, pero yo no le di importancia y seguí viendo el capítulo. A los 20 segundos escuché el mismo ruido y entonces decidí ir a ver lo que pasaba.

Allí no había nada ni nadie, unos trapos y unos cuchillos estaban tirados en el suelo, al verlos se me puso la piel de gallina y el miedo invadió mi cuerpo. Más tarde el miedo se fue, y recogí los trapos y cuchillos del suelo; oí como una puerta se cerraba y me quedé solo en la cocina, entonces vi una sombra, como estaba oscuro no pude ver su cara, pero como era un día lluvioso cayó un rayo muy cerca e iluminó toda la casa y en ese instante pude ver su rostro: era Doraemon por su figura y por su rostro que vi, pero un Doraemon muy diferente al original.

Su color no era azul como el cielo, era de un tono gris terrorífico, sus ojos tenían un tono rojizo y su sonrisa era lo que más me asustó, una sonrisa muy tétrica. Se le veían todos los dientes, en ese momento no podía moverme por el miedo y el pánico.

Fue cuando sacó un hacha de su bolsillo mágico, en ese momento mi cuerpo volvió a responder y escapé.

Salí de la casa, me escondí detrás de un arbusto y como era de noche no veía nada. Cuando pensaba que me había salvado me sentí aliviado, había logrado escapar de tal cosa. En ese instante cayó otro rayo, se iluminó todo a mi alrededor y lo vi, delante mío, sonriendo; me eché de nuevo a correr.

Me topé con una cabaña, decidí entrar en ella para protegerme, cerré la puerta y la bloqueé con todos los objetos que había dentro de ella. Aquella cosa no se cansaba de seguirme, no tenía un límite, como si las fuerzas no se le acabasen.

Con tanto descansar en la cabaña, recuperé alguna que otra fuerza para escapar de aquella cosa, así que decidí salir. Quité todos los objetos que puse en la puerta y salí corriendo sin mirar hacia a atrás.

Fui a buscar ayuda, pero nadie me hablaba ni me abría, entonces volví a mi casa, cogí un cuchillo y me quedé esperándolo por si aparecía otra vez.

Del miedo que tenía no me atrevía a quitar los ojos de la puerta ni de dormir, ya que hubiera podido matarme mientras dormía.

Al final la figura se cansó y se fue.

Desde ese día no pude estar tranquilo ni dormir plácidamente por aquél Doraemon de tan horrible rostro.

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