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“El mundo de Beakman” despareció en su mejor momento, cuando ya había conquistado varios reconocimientos internacionales como uno de los mejores programas educativos. Pocas personas se enteraron del conflicto entre Paul Zaloom (Beakman) y Mark Ritts (Lester) en la grabación del antepenúltimo programa, suceso enfermizo que a continuación voy a corroborar.

Yo fui uno de estos testigos. Era el director de edición, y lo que voy a contar aquí es un suceso tal que es mejor sacarlo de una buena vez de mi sistema. ¿Por qué, pues, fue cancelado “El mundo de Beakman” tras cuatro temporadas brillantes? La respuesta está en la rata. Recordemos que uno de los chistes frecuentes del programa giraba en torno a la identidad de la rata Lester.  La rata parecía desdoblarse en ocasiones, pues no siempre era tratado como un animal sino lo que en verdad era: un hombre metido en la botarga de un ratón gordo y sucio. Cuando esto pasaba, Beakman increpaba a su patiño por comportarse subhumanamente. El chiste continuaba cuando Lester se enojaba por la sola presunción de ser un personaje y no una rata parlante. Estas bromas no surgieron de los escritores si no que primero sucedieron en el plató y luego los productores las insertaron en el show por su comicidad.

En retrospectiva puedo ver que ese primer chascarrillo era el síntoma inicial de lo que vendría después. Todos en la producción sabíamos que Mark Ritts, a raíz de su divorcio, deudas con el fisco y la noticia de su reciente enfermedad, había estado en constante depresión durante la filmación de la última temporada de “El mundo de Beakman”. Durante esta época se comportaba errático, llegaba tarde y malhumurado. Pero este semblante cambiaba cuando se ponía la botarga. Con el paso de los días le fue cada vez más difícil salir y entrar de su personaje.

Lo que comenzó con una serie de bromas tras la filmación se convirtió en una obsesión durante los meses finales de actividad en el set. Los actores llegaron a desear pronto la culminación de la temporada para evitar la locura en la que se iba hundiendo el actor, quien llego a creerse convertido en cuerpo y alma en una rata. A sus espaldas, varios miembros del staff dejamos de llamarlo Mark Ritts o incluso Lester para referirnos a él simplemente como “La Rata” -recuerdo también que un chistocito propuso “Mark Rats”.

Las travesuras de “La Rata” comenzaron con olfateos cómicos en los hombros de los trabajadores o en la insistencia de que tenía mucha hambre por lo que hurgaba en los refrigeradores, baños y documentos tanto de sus co-estrellas como del personal de intendencia. Hasta ahí no tuvimos problemas con sus ocurrencias pero se volvió molestó y bizarro cuando supimos que lamía con fruición los platos sucios y los restos de comida que quedaban alrededor de las mesas e incluso, como yo mismo vi, en el bote de basura. Sabíamos que buscaba comida como su personaje pero no imaginábamos que al terminar la grabación del capítulo 56 tendríamos que llevarlo a revisión médica porque la basura le había causado una severa infección que nos hizo creer que estaba ebrio o drogado.

Luego empezaron las “bromas pesadas” al estilo Lester: se limpiaba la nariz en la ropa de los trabajadores o rompía porque sí la utilería de laboratorio del programa. En el culmen de su comportamiento errático tuvo un “accidente” cuando defecó involuntariamente con el disfraz puesto. Poco tiempo después dejó de usar los zapatos de botarga a pesar de la intranquilidad que generaba ver cómo terminaba la jornada con las plantas impregnadas de colillas, migajas y polvo.

Los productores toleraban estas ocurrencias porque no vivían el día a día en el set y porque no se podían deshacer del actor por varias razones: era el personaje más popular y no podía reemplazarse como sí sucedió con las asistentes de Beakman. Aunado a esto, no podía ignorarse que era un hombre de la tercera edad que estaba dando sus últimos años al servicio de la televisión, y  las recientes desgracias que había sufrido el actor imposibilitaban su despido.  Más bien, nadie se atrevía a agitar más a “La Rata”.

Pero el staff más afectado –los jalacables, iluminadores y los encargados de otros oficios menores- estaba harto. Por eso darle un correctivo con la intención de vengar las estupideces que habían sufrido a manos de “La Rata”, pero también para exorcizar al personaje de la persona. No sería sino hasta la grabación que se hizo para el penúltimo programa, que nos daríamos dieron cuenta de la atención profesional que necesitaba Mark Ritts. Los empleados planearon un rodaje con ayuda del mismísimo Paul Zaloom, algunos de los escritores y camarógrafos de medio pelo.  Los empleados habían asimilado tan bien el proceso de grabación y producción –el lenguaje semicientífico, el ritmo de trabajo de cada porción del programa, la vestimenta- que les fue fácil preparar el set así como un falso guion con el que lograron atenazar a los productores, pero sobre todo a La Rata sin mayor problema.  Consiguieron que quienes ignoraban el plan pensaran que se trataba de un episodio auténtico y concertaron grabar un día en que no estaban presentes para poder efectuar la operación sin impedimentos. Incluso grabaron escenas que después fueron aprobadas y estaban en el calendario de trabajo. Yo vi el episodio en el cuarto de edición días después de su rodaje. Platicaba con uno de los maquillistas que estaba perturbado y me dijo que era “demasiado”, y repetía “sabemos que esta mierda no va a salir a la luz”. Fue el último capítulo que pasó por mis manos en estado crudo y no puedo más que describir lo que vi, puesto que nadie fue el mismo tras los acontecimientos captados por cámara esa tarde. El capítulo se llamaba “Ratas, Beakmanía y otras plagas”, según pude ver en  la única claqueta que apareció en las cuatro horas de cinta que pusieron en mis manos. Los primeros minutos  del capítulo trataban sobre las enfermedades que podían transmitir las plagas. Éste empezaba a desarrollarse cuando, según el guión, Lester le preguntaba a Beakman si le parecían justos los experimentos sobre ratas de laboratorio. -Acompáñame, Lester, te mostraré algo que te hará comprender de una vez, cabeza de roedor- decía Beakman mientras le daba un golpecillo en la panza gris. Entonces Beakman revelaba una jaula grande llena de ratas de alcantarilla, algunas blancas, otras de una especie mayor; la reja tenía un pequeño letrero que decía “peste del mundo”. Continuaba así el científico de la bata fosforescente: “Mira, Lester, las ratas se reproducen rápido, suelen ser pequeñas y no necesitan mucho para vivir. Por eso las usamos en experimentos, porque nadie notará la ausencia de una rata en este mundo donde ellas recorren nuestra cloacas y casas, incluso nuestros estudios de grabación”.

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La cámara cuatro enfocaba la cara de un Lester visiblemente irritado por el discurso antirroedor que Beakman profería durante casi cinco minutos.

Y entonces sucedió: “Basta Beakman, deja de molestarnos con tus tonterías”; gritó de pronto “La Rata”, saliendose del guión.

Nadie supo cómo reaccionar, según me contaron, todos se quedaron pasmados viendo a Lester mientras esperaban alguien se hiciera cargo. Las cámaras seguían filmando. A continuación “La Rata” se introdujo a la jaula.

-Por supuesto que notarás si falta una rata en este mundo, bastardo- y comenzó a aplastar a las ratas. Algunos de los animalillos trataron de defenderse y mordían los pies de su asesino, otras trataban de correr y escalar la jaula. Los realizadores quedaron paralizados ante la visión de una rata gigante qué buscaba cómo aplastar alimañas.

-¿Lo ves, Beakman? Claro que se nota si falta una, ¿no lo ves, jodido Beakman?

“La Rata” aplastaba como si los roedores fueran sobres de cátsup. Muchos me dijeron que el  chillido de los animales persistió hasta mucho después de terminada la matanza. En ese capítulo se puede ver claramente cómo Ritts no usó sus zapatos en el set, porque la última toma, antes de cortar a negro “El mundo de Beakman” para siempre, muestra un primer cuadro de  los dedos de sus pies, enrojecidos y marinados por nervios, músculos, y alguna que otra extremidad sobrante. (Yo no puedo olvidar una imagen en particular: un patita cercenada, atorada en el meñique).

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Mark Rata no volvió al día siguiente. Sobra decir que ese capítulo fue cancelado y el programa no realizó la grabación del último episodio,  dándole un final precipitado a la serie televisiva, puesto que ya nadie podía soportar el clima enrarecido de ese rodaje apócrifo. Tal vez lo mejor hubiera sido continuar con esa fantasía científica, y no haber molestado a La Rata.

RB Cipotón.