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En cualquier ciudad, en cualquier país, ve a cualquier casa de retiro de una sola estructura que puedas encontrar. Dile al recepcionista que necesitas ver a El Holder de la Catarsis. La persona no dirá nada, si se mueve para mostrarte el camino, síguelo; de otro modo toma la ruta más rápida para salir del edificio. Busca el baño más cercano; estará vacío, con uno o más espejos.

Aproxímate al espejo y mira tu propio reflejo. Haz contacto visual, pero mantén consciencia de las características faciales de tu reflejo. Cuando, lentamente, el semblante del rostro cambie, fuerza una expresión similar. La máscara del otro lado podría exhibir una sonrisa, muecas, ceño fruncido o burla. Mientras la expresión se vuelve más y más extrema, imítala lo mejor que puedas. El hedor de la muerte comenzará a llenar el baño, pero no abortes tu procedimiento en medio de él. Si lo haces, no hay garantía que logres escapar.

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Los muros y objetos tras tu reflejo en el espejo comenzarán a oscurecer. Aún así, mantén el contacto visual. Cuando la expresión de tu rostro, así como el tuyo propio, sin demora se retraiga a una mirada en blanco, sabrás que has tenido éxito. Los aspectos del baño estarán en desorden. Al salir, te encontrarás el corredor vacío y con poca luz.

Párate fuera. Comienza a respirar despacio, utilizando toda tu capacidad pulmonar. Comienza a tararear suavemente en voz baja al exhalar. Escucha el sonido de pasos, y observa en esa dirección. A lo lejos, te darás cuenta de una figura débil y transitoria, con sus límites físicos vagos, a la deriva lejos de ti. Comienza a caminar en la dirección opuesta. No corras, pero no mires hacia atrás tampoco. En condiciones de poca luz, el final del pasaje no será visible. Continúa tarareando.

Habrán habitaciones en ambos lados del corredor. Mientras procedes, desde las puertas cerradas oirás murmullos y posiblemente, gritos tenues. Mira sólo al frente, no te desvíes. Los ruidos ciertamente aumentarán en volumen, desde algunas puertas llamarán tu nombre, y desde otras, oirás gritos de auxilio de seres queridos ya muertos. No les prestes atención. Finalmente, las puertas y sus voces crecerán escasas, sustituidas por paredes desnudas y diversos sonidos desgarrados y ruidos sordos. Una vez más, no mires hacia atrás. Continúa tarareando.

La puerta al final del pasillo estará abierta. La luz de la luna brillará a través de una ventana solitaria, iluminando un círculo de tiza dibujado en el suelo de madera dura. Siéntate en el círculo, de espaldas a la puerta. Continúa tarareando.

Un viento áspero desde la puerta abierta marcará el comienzo de voces familiares en timbres desconocidos e inquietantes. Amigos y familiares vivos y muertos gritarán tu nombre y condenarán tu ser. Las voces de aquellos más cercanos desatarán críticas anteriormente no dichas en su amor por ti: palabras tan crueles en su verdad, tan ciertas en su crueldad, sentirás tu corazón romperse en pedazos. Lágrimas caerán de tu rostro. No te pongas de pie ni mires atrás, y con cada fibra de tu ser continúa tarareando.

Si dejas de tatarear o abandonas el círculo, ellos lentamente se presentarán en la habitación; rostros familiares llevando expresiones hirientes y retorcidas, tonos hostiles, ni siquiera el círculo te salvará.

Cuando te sientas drenado de la voluntad de vivir, el viento cesará. Podrás dejar de tararear. Ponte de pie y mira detrás tuyo: tirado en el límite del círculo de tiza, habrá una pequeña flauta tallada en el peroné de un recién nacido. Tómala y habla fuertemente:

¿Dónde está el Santuario?

La voz responderá, e inmediatamente sabrás que dice la verdad.

Toca la flauta de hueso. Sin importar que sea demasiado pequeña para producir sonido alguno, sonará con el mismo timbre de tu tarareo, seguido del latido de un corazón, y sangre fluyendo. El primer perfume con el que creciste, familiarizado, llenará la habitación. Colapsarás del cansancio al rato después, recordando el significado de la catarsis.

Despertarás cerca, en el exterior, Objeto en mano. Probablemente menos de una hora habrá pasado desde que entraste. Tocar la flauta te traerá una intensa calma, recordándote de dónde vienes, y del lugar seguro que aún mantienes en tu interior.

Pero sabes muy dentro de tu corazón que no puedes permanecer allí. Luego de una semana, encuentra un pedazo de tierra y entierra el Objeto, de otro modo, la vista de tu mente azul cielo se tornará oscura; los ríos fluyendo en tu espacio interior dejarán de agitarse, y pronto crecerán estancados. Quédate demasiado tiempo y dejarás de existir como un individuo, persiendo tu sensación de ser interior completamente. Inquietud y locura estarán garantizadas luego. 

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Deshacerte del Objeto se sentirá como descartar un fragmento de tu ser, u olvidar voluntariamente tu propia naturaleza.

La Flauta de Hueso es el Objeto 411 de 538. Conoce tu origen, pero sigue adelante.

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