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En cualquier cuidad, en cualquier país, ve a cualquier hospital psiquiátrico a donde puedas llegar. Con calma dirígete hacia la recepción y pide ver a quien se hace llamar El Holder de la Inmundicia. Bajo ninguna circunstancia intentes esto si en la recepción atiende una mujer, pues tus posibilidades de éxito serán inexistentes.

Probablemente no presten ninguna atención a tu pedido y te dirán que estás por tu cuenta. Mantén una expresión firme e indica que no te irás hasta que lo hayas visto. El trabajador te pedirá que tomes asiento en la sala de espera hasta que él regrese.

Esperarás, las horas se arrastran lentamente, dando vueltas sobre la terrible experiencia que pronto enfrentarás, hasta que finalmente el trabajador llegará y termina el tedio. Parecerá agitado y nervioso, pero no hagas caso y pon un rostro tan frío que ponga a un campeón de póker envidioso. Te guiará a través de un pasillo regular de hospital hasta que lleguen a unas puertas dobles enmohecidas, con grietas, muescas y astillas desparramadas.

Te dirá que debes seguir adelante por tu cuenta y que estará del otro lado esperándote. Esto es un mero engaño, pues si vas por ahí, el dolor que experimentarás hará que te despedazas órgano a órgano, hueso a hueso, parezca el mayor placer eufórico.

En lugar de eso, date la vuelta y camina hasta la tercera puerta a tu izquierda. El trabajador chillará y/o intentará tirarte de la puerta. Si lo hace, tendrás que matarlo. El premio ofrecido es demasiado grande y si tienes éxito, él podría disfrutar otra vez del vigor de la vida en su cuerpo. Una vez abras la puerta, verás que tienes una gran sala ante ti. Está bien iluminada y totalmente blanca, lo que da la ilusión de que no posee esquinas y simplemente continúa estirándose al infinito. En la sala habrá una tina con un hombre dentro. No hablará y hará gesto alguno a menos que le preguntes:

¿De dónde vienen?

Una vez digas esto, reza a cada deidad que conozcas para que no se levante de la tina, pues si lo hace, tu vida estará condenada. Si permanece allí y las luces se apagan, no te asustes.

Él hablará en una lengua que nunca antes habías oído, pero su flexión y fonética conjurará imágenes en tu mente. Su voz profunda y ronca, lentamente rasgando en tu mente, te dirá de secretos, eventos y personas con tantos detalles asquerosos e insoportables que probablemente estés muerto en una espiral de locura en los primeros segundos.

Si logras soportar el largo y enloquecedor relato, las luces se encenderán, para revelar que el hombre que estaba disfrutando de su baño es ahora un cadáver hinchado y reanimado, cuyo cuerpo emanará un hedor tan repugnante que podría incluso hacer vomitar a legiones de demonios. Su ser, todo lo que lo conforma, incluida la sola idea de reconocer que existe, te llenará de un asco que parecerá no ser posible de representar ni evocar por hombres o dioses.

Esta entidad más allá de lo demoníaco murmurará cosas profundas y profanas, que harán secretar de tus oídos toda clase de fluidos repugnantes, casi vivos. Deja tu mente en blanco, aunque tu sistema digestivo insista dolorosamente en invertirse y escapar a través de tus cavidades, aunque tus sentidos se bloqueen en texturas y estímulos sensoriales imposibles de describir.
Trapo

Trapo

Durante esta epifanía de abominante repugnancia, acércate a la tina y arrodíllate en la esquina más cercana a la puerta por donde entraste, manteniendo contacto ocular en él. Los restos del hombre tirarán un trapo sucio, ofreciéndotelo. Tómalo, agradece su generosidad y lentamente vete de la sala. Una vez que sientas que estás en contra de la puerta, despídete del horrible montón de desperdicio que solía ser un hombre. No salgas hasta que te indique con la cabeza que lo hagas. Una vez abras la puerta, no verás nada más que un completo vacío frente a ti. Da un paso adelante y cierra los ojos. Una vez los abras, estarás de regreso en la sala de espera del hospital al que fuiste.

Consigue un periódico o una revista diaria y verifica la fecha. Si has tenido éxito, habrás regresado un día antes de enfrentar tu prueba. Si no, el Holder te ha considerado indigno de su regalo, y una vez te des cuenta de ello, sufrirás durante eones antes de que la dulce caricia de la muerte te alcance para terminar con tu miseria. El trapo tiene la habilidad de perforar cualquier superficie con gran facilidad mientras la persona que lo sostiene esté concentrada. Mientras se frota la superficie, comenzará a erosionar lentamente hasta hacerla colapsar. En manos de alguien que no esté concentrado, será simplemente un trapo normal.

El trapo es el Objeto 433 de 538. Relegarán a Ellos la exhumación de la inmundicia. Nosotros somos una de sus formas.

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