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Era una cálida noche de verano y estaba solo en la casa de mi primo, quien me había prestado su casa por unos días ya que él se había de vacaciones.

El motivo por el que me quedaba esa noche era porque mi primo no tuvo mejor idea que sacar el boleto para llegar a la ciudad a las 8 de la mañana, tenía que quedarme a recibirlo y devolverle la llave que él me había prestado.

Tiene que quedar bien en claro que nunca me gustó esta casa, siempre que vine, con o sin acompañante yo no me sentía solo, en cambio, solía sentir una presencia que no parecía amigable, sino todo lo contrario, como si mi persona fuese algo que no le agradaba que esté ahí.

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Esa precisa noche llovía a cántaros, y, como no había computadora o televisión alguna, mi entretenimiento estaba concentrado en mi celular y mi iPad, que por fortuna recordé traer, de todas maneras estaba cansado producto del insomnio que estaba sufriendo sin motivo en especial, y la principal idea era pasar una noche desconectado de todo para poder estar en tranquilidad conmigo mismo y poder recuperar esas horas de sueño perdidas.

Nunca sintieron, cuando van al baño y se miran al espejo, una extraña sensación? Como si tu reflejo te estuviera mirando todo el tiempo, de una manera extraña, tenebrosa, escalofriante? Bueno… así me sentía yo.

Tal era esa sensación y el aburrimiento que sentía que decidí filmar con mi iPad, previamente escondido, a ese espejo mientras me tomaba un baño.

Es el día de hoy en el que me odio por haber hecho eso.

Una vez habiendo salido del baño, me sentí más invadido que de costumbre por esa presencia. Noté qué había empezado a tronar y que la lluvia había aumentado su velocidad, pero sin darle mucha importancia me senté en un sillón y me dispuse a ver el vídeo.

Todo iba bien hasta que observé que al minuto 3:33, justo cuando me había terminado de desvestir para entrar a la bañera, esa imagen, ese reflejo, luego de imitarme, cuando notó que yo no lo podía ver, me siguió con la mirada. Pausé el vídeo y, nervioso, pensando que había visto cualquier cosa, tomé un trago de agua para intentar relajarme.

Algo en mi cabeza me decía que continúe con el vídeo, que nada iba a pasar y que estaba todo era producto de mi imaginación.

Momentos antes de seguir con el vídeo, un escalofrío en la espalda, como una corriente de aire, subió hasta mi hombro y sentí que me lo agarraba, como si fuese alguien dispuesto a ver esa escena conmigo; pero en el instante en el que me giré para ver qué era, no logré identificar nada.

Ya habiendo pulsado el botón de “continuar”, vi que ese ser, de mi misma imagen desnuda, rápidamente volteó su cabeza, mirando a la cámara, a la vez que me sonreía lentamente. Se me había helado la piel. Ya no me sentía seguro en esa casa.

Traté de tranquilizarme e irme, pero por más que intenté abrir varias veces la puerta con la llave, no podía, había algo que no me dejaba, que estaba empujando para que yo no pueda abrir dicha puerta, encerrándome.

Entendí lo que pareció ser la señal de ese espíritu, presencia, ser, o como quieran llamarlo. Sea lo que sea, no quería que me vaya hasta terminar de ver los 15 minutos con 45 segundos que duraba el vídeo.

Recién iba por el minuto 4 y pico.

Opté por llamar a mis padres en vez de seguir viendo eso, pero, ni bien disqué el número, escuché algo. Digo “algo” porque no tenía una sola voz. Pude diferenciar 2 voces al unísono, pero de seguro había más. Sea lo que sea, me dijo “Buen intento, pero esta noche no vas a ningún lado”. Me quedé helado, duro, sin saber qué hacer.

Siempre fui de los que no creían en nada, soy ateo, así que ya de por sí era difícil para mí creer en espíritus, fantasmas, o espectros, pero esto definitivamente no era normal, no era algo que le podía pasar a cualquiera.

Con la piel erizada, la adrenalina corriendo por mis venas, y los nervios que me estaban provocando un increíble dolor de panza, corrí hacia la habitación de la casa, para intentar sentirme seguro, a salvo de lo que podía ser la muerte.

Para mi desgracia, el guardarropas estaba abierto, y una de las puertas en su interior tenía un espejo cuyo reflejo daba a la cama. Ni bien me acerqué pude ver que “eso” me estaba esperando ahí, sentado en la cama, observándome.

Ya esperando lo peor para mi futuro, y no teniendo nada que perder, decidí hacerle frente, sentándome en la cama, a esperar su mejor golpe.

Transpiraba, tenía taquicardia y mis piernas y brazos temblaban, pero estaba decidido a que esto acabe, de una u otra manera.

Lo que ocurrió después, les pido disculpas si no logran comprender, pero las escenas que tengo en mi cabeza no son muy claras respecto de ese episodio.

“Él”, con su sonrisa diabólica y su mirada profunda, atravesó el espejo, usándolo como especie de puerta. Supe en ese momento que no iba a ser bien recibido, y pude notar en su mirada perdida y desquiciada que quería divertirse conmigo de una manera muy torturadora.

Me tomó del cuello, inmovilizándose. No ofrecí resistencia alguna, sabía que no me quedaba mucho tiempo de vida, así que opté por cerrar los ojos y esperar a que eso termine.

Rápidamente él me los abrió, quería que viera lo que me iba a suceder.

Tomó mi antebrazo derecho y empezó a desgarrar con sus uñas, lenta y dolorosamente.

Entre medio de tanto dolor y sangre, mientras él “empezaba”, creo yo, fijé mi vista en su mirada, viendo placer, disfrutaba lo que estaba haciendo.

Sentía cómo se desgarraba la piel de mi brazo, hasta que ocurrió algo.

Escuché lo que creo yo, me salvó la vida. Un portero. Un simple portero, sonando. Abrí los ojos.

Estaba en el sillón del living, todo transpirado, y con el corazón latiendo a una velocidad increíble. el vídeo había terminado de reproducirse hacía ya unas horas. La lluvia ya había pasado. Reaccioné rápido, y fui a atender el portero que cada vez sonaba más fuerte. Era mi primo. Había llegado. Bajé a abrirle.

Era todo una simple pesadilla, o eso creí yo, hasta que observé mi brazo, y vi unas cicatrices, profundas, anchas y mal curadas que no recordaba tener.

Luego de ayudar a mi primo a desempacar, me despedí de el, pero vi que antes de irme, atrás de el, al fondo, estaba el baño, en él estaba el espejo, y a través de ese maldito espejo podía ver, mi reflejo, su reflejo, “él”, el mismo de la pesadilla, saludándome, mientras sonreía de manera tenebrosa, como si supiera, de alguna manera, que en un futuro no muy lejano nos volveríamos a ver.

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