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Esta es la historia de un lobo solitario (de los pocos que quedan). Es la historia de un hombre joven, de unos 35 años de edad, complexión fuerte, muy inteligente, moreno y de ojos marrones.

Vivía en un 8º piso situado en un suburbio de la ciudad.

Sin trabajo, sin amigos, novia o padres. A menudo se refugiaba en el alcohol para escapar de su rutina y de su soledad, la cual le parecía el centro de un mar de arenas movedizas.

Su ex mujer lo dejó tirado y se quedó con los niños.

Encerrado en su cuarto reflexionaba sin cesar en cómo había llegado a tal situación y en cómo podía hacer para solucionarla. A menudo lloraba lamentando su existencia. Otras veces salía al parque que hay detrás del cementerio, se sentaba en un banco y daba de comer a unas palomas. No dejaba de pensar en ningún momento.

Cuando caminaba por la calle siempre se fijaba en todo y en todos, ya que pensaba que todo el mundo lo criticaba (cosa que no era cierta del todo). Miraba a la gente (la cual lo ignoraba), miraba los carteles de las tiendas, los coches, los árboles, las bicicletas, los perros, etc... . Era un tipo muy observador. Su rutina era insoportable, las noches eternas e insulsas, los días amargos y aburridos y sus sueños simplemente dejaron de aparecer en su mente. Había perdido la ilusión por la vida.

Una tarde como otra cualquiera ocurrió algo inusual. Estaba sentado en su sofá, mirando el televisor, cuando de pronto sonó el teléfono. Presto acudió a la llamada, descolgó el teléfono, y escuchó a alguien que le decía:

"Diríjase a la puerta de entrada de inmediato".

Después la llamada se cortó. Iván (así se llamaba nuestro lobo solitario) pensó que algo estaba ocurriendo así que se dirigió a la puerta inmediatamente después de colgar el teléfono. Abrió la puerta un tanto indeciso con un bate de baseball en sus manos por si se encontraba una desagradable sorpresa.

Miró hacia los lados y no veía más que un rellano, las escaleras, la puerta del vecino y las paredes. Se enfadó al creer que todo era una broma, entonces miró al suelo y encontró un sobre sin dirección ni remitente pero con el número de teléfono de su casa, lo cual no le pasó inadvertido, así que mirando a ambos lados cogió la carta y entró de nuevo en su piso.

Iván se sentó en su sofá y abrió el sobre en el cual encontró una nota que decía lo siguiente:

"Discúlpeme por haberle enviado una carta sin conocernos de nada. Me gustaría mucho que nos conociéramos, creo que tienes problemas por algo que hiciste hace mucho tiempo.

Te espero mañana a medianoche en el banco en el que sueles sentarte a dar de comer a las palomas.

Espero que asistas, de lo contrario no tienes ni la menor idea de lo que sucederá. 

Firmado: Un amigo."

Iván sonrió al creer que le estaban gastando una broma o algo por el estilo. Por un lado no tenía nada de valor para que le robasen, ni ganas de acudir, pero por otra parte empezaba a temer las posibles "consecuencias" de no acudir a la cita, así que llamó a la policía y les informo acerca de lo ocurrido.

La policía le dijo que por el momento no podían hacer nada ya que no tenían pistas sobre el individuo así que le recomendaron no acudir a la cita, a lo cual Iván respondió que no pensaba ir pero que le preocupaba el hecho de que le pudiera suceder algo. Por lo general hasta que no ocurren cierto tipo de cosas la policía no suele hacer nada, así que Iván regresó a su casa un poco indignado.

La preocupación de Iván crecía a cada hora que pasaba, su soledad y lo inusual de esa llamada de teléfono hacían que se volviese más y más paranoico.

Apenas pego ojo esa noche. 

A la mañana siguiente Iván se levantó sin resaca, pero sin apenas haber dormido. Después fue a la cocina, se preparó el desayuno, desayunó y salió a la calle a dar un paseo. Una vez en la calle Iván caminaba absorto en sus pensamientos cuando de repente una voz lo llamó:

- ¡Iván! ¡Cuanto tiempo sin vernos!- Dijo el desconocido.

- Lo siento mucho pero no te conozco de nada- Respondió Iván.

- Lo imagino, pero aún a sabiendas de que no pretendes ir esta noche a tu cita te aconsejo por última vez que te presentes porque si no lo haces las consecuencias podrían ser nefastas para ti- Dijo el desconocido.

- No pienso hacer caso de una estúpida carta ni de un tipo estúpido al que no conozco de nada, así que no me deis mas la lata con ese tema.- Respondió Iván.

-Pues si no quieres hacer caso de una estúpida carta que sepas que nada en este mundo te parecerá más extraño y desconocido que lo que te acechará hasta que decidas presentarte.- Dijo el desconocido añadiendo:

- Piensa que la vida no es un juego, no va por turnos y en nuestras decisiones está el ganar o el perder-.

-¿Qué tengo que perder?, ¿acaso pretenden matarme o algo por el estilo?. Solo soy un tipo solitario que por lo demás no tiene nada de especial y si es de eso de lo que pretendéis aprovecharse, allá vosotros. Por otra parte, ¿quién eres tu?, ¿y por qué me estáis molestando de esa manera?. ¡Respóndeme de inmediato o volveré a llamar a la policía!.- Dijo Iván.

Iván giró la cabeza por un momento para ver si veía a algún policía y cuando se dio cuenta, en un instante, el desconocido había desaparecido. Se esfumó ante sus narices a plena luz del día. Una niña que pasaba por allí salió corriendo a decirle a su madre en voz alta mientras señalaba a Iván con el dedo:

"¡Mamá, ese hombre estaba hablando solo!, ¡Estaba hablando solo!".

Ivan lo escuchó y no podía creer lo que la niña estaba diciendo, Así que un tanto incrédulo Ivan le hizo un gesto de desprecio a la niña y se fue a su apartamento. La niña le respondió sacandole la lengua y diciendo "mmmmmm".

Una vez en su casa Iván encendió la televisión y se quedo dormido. Cuando despertó eran las 19:00 horas y aún no había comido, así que llamó a una pizzería y encargó una pizza. Cuando llegó el encargo eran las 20:00 horas, le pagó al pizzero y se quedó solo, comiendo una pizza.

Pasaron unas horas e Iván no pensaba mucho en aquella llamada, ni en la conversación que había mantenido en el parque por la mañana.

Aburrido de ver la televisión echó mano de la botella de wisky y empezó a beber y a emborracharse.

Cuando ya habían pasado las 00:00 horas Iván estaba borracho y por consiguiente despreocupado. Se estaba burlando de lo sucedido. Se reía a carcajadas en soledad mientras decía:

"a mí con amenazas no se me puede vencer".

Entre la borrachera y las risas decidió presentarse exclamando:

¡Voy a partirles la cara a los imbéciles que me han estado acosando!, ¡ya veras cuando los vea!, los voy a destrozar.

Así que Iván, borracho a más no poder, cruzó la puerta de su apartamento, bajó las escaleras y salió a la calle en dirección al parque.

Llegó al parque un poco más relajado, el aire frío de la noche le despejó un poco la mente de su borrachera aunque aún estaba ciego de alcohol.

Ni una sola de las farolas del parque funcionaban en ese momento, a excepción de la que estaba situada al lado del banco en el cual solía sentarse por las mañanas. Se dirigió allí y se sentó en el banco diciendo:

¡ya estoy aquí!, ¡ahora qué!.

Solo el silencio respondía a sus palabras. Iván estaba solo en ese parque, lo único que pasaba por allí era una leve brisa la cual acentuaba el frío del invierno, junto con una escarcha que bañaba la carrocería de los coches aparcados. Se sentía un poco agobiado al no ver iluminado el parque y al estar rodeado de oscuridad. De pronto sonó una voz diciendo:

Has llegado tarde y borracho.

Iván enmudeció por unos instantes, las sombras que provocaba la única farola que había encendida comenzaron a ondularse progresivamente. Ivan no daba crédito a lo que estaba viendo.

Pensaba que se trataba de los efectos del alcohol, pero no era así.

-¡Para qué me has llamado!.- Gritó Iván.

El silencio de nuevo fue la única respuesta. De repente la farola se apagó y quedó a oscuras todo el parque. Ivan, asustado, quiso huir pero no sabía en qué dirección, hasta que vio la luz de un coche e inmediatamente tomo esa dirección.

De pronto las luces de ese coche desaparecieron, Iván intentó alcanzar el coche pero no pudo. Cansado, borracho y en plena oscuridad estaba convencido de que todo aquello debía ser una broma macabra.

Iván decidió seguir andando en linea recta hasta que de pronto vio la salida del parque, y no dudó ni un solo momento en salir de allí. Esa salida daba a un hospital. Al ver el hospital Iván consiguió orientarse y decidió volver a su apartamento. Cuando abrió la puerta de su casa se llevó una sorpresa.

Todo estaba manga por hombro: el televisor por los suelos, la mesa también, el sofá patas arriba, etc... . Parecía como si un huracán hubiera pasado por su apartamento. Las paredes estaban llenas de arañazos que parecían hechos por una mano humana y en las paredes dibujaban la palabra "muerte". Iván huyó despavorido.

Eran ya las 3:20 am cuando Iván corría por la calle hacia el coche. Se subió en el coche y justo cuando iba a meter el contacto miró al frente y vio la silueta de un hombre que se acercaba a él despacio. Iván bajó del coche para pedirle ayuda. Por más que Iván le pedía ayuda el hombre parecía ignorar sus palabras.

Cuando el hombre estaba cerca de Iván pudo reconocerlo. Se trataba de la misma persona con la que había mantenido una conversación la mañana anterior.

-¿De donde ha salido usted?- le preguntó Iván al desconocido.

-¿De donde crees que vengo?.- Respondió el desconocido.

- Creo que vienes del infierno.- Dijo Iván

Rápidamente Iván puso en marcha el coche y salió a toda prisa. Cuando ya había cruzado su localidad paró en un after hours a tomar una copa. El camarero le preguntó si se encontraba bien, pues tenía el rostro desencajado y estaba nerviosismo, a lo que Iván respondió: Metase en sus asuntos.

Estuvo 20 minutos metido en ese local hasta que consiguió relajarse un poquito, entonces salió y se encontró otra vez con el desconocido que estaba apoyado en su coche.

Iván le dijo:

-¿Qué quieres de mi?-.

- No soy yo el que te busca.- Dijo el desconocido.

-Y entonces ¿Quién me busca?-. Preguntó Iván con desesperación en su voz.

-Ella.- Respondió el desconocido.

De repente Iván sintió un fuerte golpe en la nuca y se desplomó inconsciente en el suelo.

Un grito espantoso le hizo despertar en su apartamento. Miró alrededor y todo estaba en orden, parecía como si todo hubiera sido una pesadilla. Miró su reloj y eran las 5:20am. Se levantó con un terrible dolor de cabeza y fue a la cocina a prepararse un zumo de tomate para la resaca.

Fue cuando intentó abrir el frigorífico cuando él se dio cuenta de que algo raro estaba sucediendo. El frigorífico no abría, el televisor no funcionaba y la radio tampoco, solo funcionaban las luces de la casa que parpadeaban sin cesar. El teléfono sonó de nuevo. Iván titubeó antes de cogerlo, pero al final lo cogió y al cogerlo escuchó una voz áspera y cavernosa que decía lo siguiente:

- ¿Por qué me dejaste sola en aquella discoteca?, ¿por qué Ivan?, ¿por qué a mi?.-Ivan creía tener la respuesta a todo lo que le estaba pasando pero no daba crédito a lo que le estaba diciendo.

Iván seguía pensando que todo era una broma.

Resulta que hace 20 años Ivan entró a una discoteca para mayores de dieciséis años y allí había una chica que estaba enamorada de él.

A Iván lo drogaron echándole pastillas en el vaso sin que el se diera cuenta y no podía hacer uso de raciocinio, y menos de conciencia. A la chica la violaron, después la mataron, descuartizaron su cadáver y lo echaron al río. La policía la dio por desaparecida e Iván al día siguiente no recordaba nada de lo sucedido. 

Iván colgó el teléfono y tras el estaba ella, la cual le preguntó clavando un cuchillo en el corazón de Iván:

¿Es que no me reconoces? ¿No te acuerdas de mi? ¡Maldito!. 

Iván jamás supo lo que sucedió, ni quién lo mató, ni tan siquiera por qué. 

Ese espíritu perturbado nunca llegó a alcanzar la paz pues culpó a quien no debía, ya sea por cobardía o por miedo.

A la semana siguiente la policía encontró el cadáver putrefacto de Iván junto con un montón de huesos rotos los cuales tras la autopsia fueron reconocidos. Eran de la chica a la cual violaron y mataron.

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