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Ya había pasado bastantes horas vagabundeando encima mi cama, sin conseguir dormir. Después de cierto tiempo, decidí levantarme definitivamente y correr directamente a la cocina en busca de un bocadillo nocturno. 

El reloj de la alacena marcaba las 3:59 AM, lo que causó mi sorpresa.

Sinceramente, jamás me había quedado despierto hasta tan altas horas de la noche. 

Finalmente, extraje una porción de pizza congelada del refrigerador y empecé a digerirla ansiosamente. Ni las más bajas temperaturas del congelador podrían estropear el gusto lunático y la pasión desmedida de un adolescente fugitivo devorándose toneladas de pizza italiana por la madrugada de domingo. 

Después de saciar mi hambre voraz, instintivamente las hormonas me insinuaron que una buena película porno era lo que faltaba para completar con broche de oro esta divertida desvelada. Pero de repente, justamente cuando comenzaba a pensar que la idea era extremadamente buena, unos extraños sonidos provenientes del exterior del departamento desviaron mi atención.

Sonaban como repiqueteos de burbujas, como el salpique de una piedra al golpear el agua de un estanque…

-¡Imposible! –exclamé compungido.

Actualmente la ciudad vivía uno de los más fríos inviernos de la historia. 

Entonces…

¿Por qué en este momento escuchaba chapuzones y zambullidas en el área de la piscina debajo del edificio?

¿A qué clase de lunático salvaje se le ocurriría bañarse en agua helada, a las cuatro de la mañana, sufriendo temperaturas bestiales? 

Curioso como un gato, me puse mi abrigo y corrí hacia el balcón de mi apartamento. Desde allí se podía apreciar la piscina en toda su amplitud. 

Asome mi cuerpo por la baranda del balcón y miré hacia abajo, en dirección a la piscina. 

Lo que vi a continuación me dejo absolutamente fascinado:

Una chica en traje de baño color negro nadaba artísticamente entre las congeladas aguas de la piscina. 

Desde que la vi por primera vez, su belleza me ha conmovido intensamente. Era una chica alta, delgada, y para qué negarlo, de unas proporciones fantásticas. Su delgado traje de baño no se molestaba en ocultar las maravillas corporales de semejante princesa de la noche. 

Tenía la piel tan blanca como la leche, sus ojos cafés como el chocolate, y su cabello largo, oleado y castaño como una laguna de caramelo. Sus piernas exquisitamente moldeadas por la mano de Dios, estaban tan sensuales y blancas como dos películas de cristal.

Y los senos hinchados y bonitos como las perlas de una Diosa, eran tan grandes que daba la impresión de rebalsar por el borde del bikini.

- Esto es mucho mejor que una película porno –dije entre risitas traviesas y alegres.

Fue entonces cuando la chica se percató de mis palabras, detuvo su nado y levantó la cabeza rápidamente en mi dirección. Nuestras miradas se cruzaron como la colisión de dos estrellas fugaces incendiándose. 

Al verla a los ojos, me asusté. De repente, su rostro se transformó en un infierno de rabia y odio irracional. Me dedicó una mirada envenenada llena de maldad y una sonrisa asesina, para después salir del agua apresuradamente, correr semidesnuda por los jardines y finalmente perderse en medio de las sombras. 

Al día siguiente, en el colegio, durante toda la mañana mantuve pensando en mi experiencia. Que una chica semidesnuda pueda nadar tranquilamente a temperaturas bajo cero era totalmente impresionante, eso claro, sin contar lo extraordinariamente bella que era. Lo único perturbador resultó ser lo atemorizante que se volvió su rostro cuando me miro.

Juraría que esa retorcida expresión pertenecería al mismísimo Satanás hecho carne…. 

Durante la noche siguiente decidí que iba a asistir al mismo lugar a la misma hora, con las esperanzas de reencontrarme con ella.

Afortunadamente, varias dosis de cafeína pura consiguieron envenenar mis neuronas lo suficiente como para mantenerme despierto hasta las 4 de la madrugada. Ah, por supuesto, los videojuegos y las revistas playboy ayudaron bastante. 

Cuando ya era tiempo, salí a la carrera hacia el balcón para ver si ella se encontraba allí. Cuando bajé la vista, sentí como mi corazón daba un salto a mil emociones de altura. 

La chica de la anterior noche no se encontraba allí, sin embargo, otra figura diferente buceaba dulcemente por las heladas aguas de la piscina. 

Esta vez era una morenita sexi, alta, esbelta y maravillosamente hermosa. Sus ojos eran color rubí, y su sonrisa picara y agraciada como la de un ángel. Su cuerpo glorioso llegaba a niveles tan desconocidamente excitantes… que comencé a sentir como mi bóxer se alzaba por lo alto.

- ¡Maldición! Que morena más linda… -dije mientras se me hacía agua la boca por tan soberbia hermosura corporal.

Me Encantaba ver el pataleo de sus piernas salpicando gotitas de cristal, el excitante bailoteo de sus senos rompiendo las aguas durante su trayecto… 

Lastimosamente, siguiendo el ejemplo de su antecesora, llegado a un punto la muchacha detuvo su nado. Instantáneamente, dirigió su vista hacia mí, y me miro a los ojos. 

Su rostro compungido me proyecto la misma mueca distorsionadora, para luego dedicarme una sonrisa diabólica que me hizo temblar las rodillas. Comenzó a soltar risitas maléficas, y luego salió de la piscina y huyó hacia la oscuridad.

Yo me quedé petrificado como una estatua… ¿Entonces esto significaba que cada noche de mi vida una chica diferente nadaría frente a mi balcón?

Sorprendentemente, la respuesta fue sí. Decidí volver al balcón en plena madrugada durante la tercera, cuarta y quinta noche. El resultado no varió. Una nueva, mística, misteriosa y hermosa chica siempre estaba aguardándome en la piscina a las 4 de la mañana.

Cada vez estaba más sorprendido por lo que veía.

¿Acaso me había vuelto loco?

¿Eran alucinaciones mías o realmente habían chicas nadando en la piscina bajo cero grados? 

Probablemente había visto demasiada porno, pensé, y esto había hecho estragos en mis neuronas.

¿Pero entonces por qué no todos los chicos de mi edad sufrían los mismos síntomas?

Yo era tan solo un muchacho normal con gustos de un adolescente normal… algo oculta había en todo este asunto.

La segunda teoría era más factible. Esta consistía en que yo estaba atestiguando actividad paranormal fuera de todo entendimiento racional. Para sobrellevarla, era necesario conseguir ayuda profesional de inmediato.

- Esteban, quiero decirte algo – le confesé ese día en la escuela a Esteban, mi mejor amigo del colegio. 

Ok, lo admito. Probablemente Esteban no sea un experto en el tema, pero, al ser un joven muy religioso (casi rozando la santidad) probablemente él pueda bendecir mi piscina o algo así para librarla de las preciosas nadadoras satánicas de media noche (como me gusta decirles), tal y como hacen los sacerdotes con los demonios en las pelis.

Tratando de no asustarlo, le conté detenidamente todas mis vivencias durante esas últimas noches.

Él me escucho atento e intrigado, analizando cada palabra que salía de mi boca. Finalmente cuando acabé, el saco su rosario y se persignó solemnemente ante Jesucristo. 

-Tenemos que hacer algo, hermano –me dijo con voz grave y garganta temblorosa.

- Estamos lidiando con fuerzas oscuras que van más allá de nuestro entendimiento. Que Dios nos ampare…

Después de discutirlo un poco, ambos concordamos que lo primero que debíamos hacer para solucionar mi problema era determinar exactamente qué criaturas eran esas chicas.

¿Demonios, fantasmas, espectros, o simplemente humanas con un desquiciante gusto por las temperaturas glaciales?

Para realizar esta tarea, necesitábamos equipo especializado. 

Afortunadamente, la madre de Esteban era fotógrafa profesional, por lo que conseguir cámaras de visión nocturna, lentes infrarrojos, filmadoras de alta definición y toda suerte de artefactos electrónicos no resultaría un obstáculo para nuestros propósitos.

¡Ah! Claro, para disfrazar nuestra pequeña investigación paranormal, les dijimos a nuestras respectivas madres que íbamos a reunirnos simplemente para hacer una pijamada. Como es de costumbre, ellas se tragaron el cuento.

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