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Espejo-negro

Su vida siempre había transcurrido de la misma manera, era un hombre al cual se se podía catalogar como el hombre ideal, casi perfecto, casi maravilloso, casi… sí, digo casi porque en su vida a pesar de verse tan normal había un pequeño secreto. En su familia existía un pequeño espejo de salón, era lo que se podría decir normal, sólo que el espejo en sí era completamente negro, coronado de un marco de plata con piedras igualmente negras.

Digo que pertenecía a su familia, porque había pasado de generaciones en generaciones a través de los tiempos, quizás su creación se remonte a la edad media o al menos así me lo había hecho saber cuando tuve la oportunidad de conversar con él. ¿Qué cómo se llamaba? Creo que eso no importa, de hecho apenas lo recuerdo, parece que era algo así como Diego… sí, creo que se llamaba Diego.

¿Qué cómo lo conocí…? mmmm… fue una tarde de abril, creo que fue un viernes; estaba yo paseando a mi perro en la plaza que queda frente a mi departamento, cuando lo vi sentado en una de las tantas bancas que hay en ese lugar, estaba solo, vestido con una camisa negra muy limpia, unos pantalones del mismo color y unos zapatos de vestir muy relucientes; me llamó la atención a primeras, era muy guapo, de unos ojos color miel intenso y profundo, su cabello era de un castaño claro que relucía con especial brillo bajo los rayos de sol. Estaba serio con la vista pegada al otro extremo de la plaza.

Recuerdo que me acerqué impulsada por unas extrañas ganas de hablarle, llegué frente a él pero apenas se fijó en mí. Con un tímido hola traté de entablar una conversación, él sólo se limitó a mirarme con un deje de suficiencia en sus ojos. ¡Oh!, aquellos ojos eran el de una persona que ha vivido mucho en tan poco tiempo, recuerdo que quedé un buen rato perdida en ese abismo… siguiendo mi instinto me senté a su lado, fue ahí cuando él comenzó a hablarme.

Sus primeras palabras fueron de cosas banales, como que vivía solo, que su nombre era Diego, que su edad… no la recuerdo… y cosas por el estilo, hasta que de pronto la charla dio un giro inesperado, fue ahí cuando me enteré de aquel espejo negro… ¿Qué tiene que ver?… mucho, porque alrededor de él gira esta historia.

Al principio me costó creerlo, pero ahora, en el momento que escribo esto, no tengo ninguna duda. Me contó que aquel espejo poseía extrañas facultades, que desde la época que había sido forjado había servido como un extraño talismán, me dijo que su familia lo había utilizado con el pasar de los años como objeto de culto, pero que había sido él quien había encontrado la verdadera utilidad del espejo.

Recuerdo haberlo mirado con extrañeza, me pareció raro que hablara ese tipo de cosas, hasta llegué a pensar de que aquel tipo estaba loco… ahora me doy cuenta que aquel prejuicio estaba fuera de contexto. Me acuerdo que lo incité a seguir hablando, él con mucha confianza me confesó que aquel espejo encerraba a un ser oscuro capaz de predecir la muerte de cualquiera, recuerdo que me miró con un rostro que hasta ese entonces no le había visto, aquel rostro debo reconocerlo me inspiró miedo y estuve a punto de abandonar tan extraña plática, pero me di el valor y seguí incitándolo a hablar, después de todo la conversación había tomado un rumbo interesante.

Me dijo que tenía miedo, que hace algunas noches se había parado frente a frente a aquel oscuro espejo y que como una sombra había visto la muerte de alguien: “fugaz como un ágil depredador pasó frente a mis ojos, lo vi, juro que lo vi, era la muerte que me miraba con aquellos tenebrosos ojos, luego de eso un llanto frío desgarró la noche.”

Debo admitir que frente aquellas palabras un sudor frío recorrió mi espalda, aún así le indiqué que continuara. Me contó que al otro día la persona que había visto morir en aquel espejo había dejado definitivamente este mundo, tragó saliva y una amarga lágrima recorrió su rostro. Recuerdo que me acerqué a él y entre incredulidad y confianza plena le pregunté si tal vez aquello no había sido un sueño.

Me miró con aquellos profundos ojos y me contestó que él no bromeaba con eso y que cada persona que él había visto morir se había ido para siempre del mundo de los mortales… quizás piensen que estoy loca, pero a esas alturas yo ya no sabía que creer… Le pedí que me dejara ver aquel espejo negro, él entre miedo y asombro accedió a tal extraña petición, me llevó a su hogar y me hizo pararme frente a el, yo obediente miré con confianza, al principio no vi nada, luego… luego vino lo peor… aun ahora me cuesta recordarlo…

Lo primero que divisé fue una oscura sombra, luego el rostro de mi interlocutor, luego unos ojos rojos cargado de malignidad y después una horrible escena que me dejó paralizada. Él me movió deseoso de saber si había visto algo, yo apenas pude clavar mis ojos en los de él, lo miré y sólo le dije que se cuidara, salí del lugar rápidamente, entre a mi departamento y me dejé caer en la cama, un sueño sobrecogedor me invadió, al otro día aquel sujeto llamado Diego había amanecido muerto por extrañas circunstancias, rodeado de sangre y sin los ojos en su lugar.

Recuerdo que a duras penas logré entrar, luego de ver el cadáver me dirigí al extraño espejo negro, que para ese entonces estaba trizado en miles de pequeños fragmentos, con una forma de dos ojos rojos en el medio. Lo único que puedo hacer ahora, es escribir sobre esto esperando que algún día quien lo lea logre creerme. O quizás yo en un futuro termine por convencerme que sólo fue un amargo sueño.

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