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Quien podría haber imaginado que una simple sospecha podría desencadenar tan terribles consecuencias. Todo comenzó con una mentira, un secreto oculto en el fondo de sus retinas, enmascarado por la inexpresiva mirada que tanto la caracterizaba. -Hasta luego.- Se despidió aquella mañana. Al amanecer los papeles de ambas parecían haber sido intercambiados. Durante la mañana Claudia asistiría a clase y su compañera de piso, con la excusa de un compromiso, faltaría todo el día.

Con total tranquilidad Elibé se dirigió a la cocina, se sirvió una taza de leche caliente y solitaria apoyó su hombro junto a la ventana. Inconsciente de que estaba siendo observada Claudia cruzó la carretera y, ajustándose la chaqueta, desapareció tras un edificio. Una vez acabó el desayuno dejó caer su tazón azul oscuro en el fregadero e inmediatamente se encaminó hacia el dormitorio de su amiga. Desconocía las razones de su mentira, tampoco comprendía el por qué de su tortura física, pero si de algo estaba completamente segura es que debía ayudarla. Ella fue como un soplo de aire fresco en la peor época de su vida, una dulce voz que la consolaba con palabras de esperanza, una verdadera amiga que estuvo presente en cada una de sus recaídas. De algún modo le estaba agradecida pero también se sentía mal consigo misma por haber sido tan egoísta; sus propios problemas la habían vuelto una persona egocentrista, ignorando que una de las personas que más la quería también necesitaba la mano de una amiga. Lamentablemente, y por mucho que lo intentara, la introversión de Claudia no le permitía ver más allá de su apariencia física. Fue entonces cuando decidió acudir a sus amigos, con la esperanza de que juntos pudiesen hacerle entrar en razón, pero la enorme decepción que se llevó tan solo sirvió para acrecentar sus ansias por ayudarla. El dormitorio de Claudia no resultaba nada inusual, al fin y al cabo no llevaba ni un año viviendo en el piso y no había tenido el suficiente tiempo para decorarlo como hubiese querido.

Elibé conocía perfectamente los gustos de su amiga y agradeció que no lo hubiese hecho. Mientras pensaba en todo ello se abalanzó al escritorio de madera situado junto a la cama. Sobre la mesa yacían libretas de apuntes, material escolar y algún que otro esbozo a causa del aburrimiento. Decidida abrió los cajones del mismo mueble y revolvió con su mano dentro de ellos. El resultado fue el mismo. -Mierda.-Dijo en voz baja. Llevándose la mano a la cabeza echó un vistazo a su alrededor. Su intención desde el principio era encontrar la raíz de su dolencia, el suceso que la estaba destruyendo por dentro y, con un cierto conocimiento de la situación, utilizarlo para solucionar el problema. Lamentablemente aún no había pasado el tiempo suficiente como para que Claudia se acomodara a la casa, hiciese el dormitorio suyo y ocultase parte de su vida privada en él. A pesar de que sus esperanzas se debilitaban a medida que buscaba se juró a sí misma no detenerse hasta haber inspeccionado el último rincón de la habitación. Afortunadamente sus esfuerzos se verían recompensados al cabo de un cuarto de hora. -¿Qué es esto?- Ya desesperada decidió acercarse a la estantería y ojear cada uno de los libros. Mientras buscaba algo entre las páginas descubrió que un pequeño diario personal se encontraba oculto tras los ejemplares. Estaba situado en el minúsculo espacio que algunos libros, de estrechas páginas, dejaban cuando eran colocados de forma vertical. La escasa profundidad formaba un pequeño recoveco que sirvió para ocultar el escrito de cara a la pared. Elibé acarició el dorso con la palma de su mano mientras que con los dedos hacía palanca y lograba separarlo. Ya con el manuscrito en su poder, se dejó caer en la cama y se dispuso a leer. 17 de Abril Llevo dos días instalada en el piso de Elibé.

Ayer estuvimos enganchando carteles por la calle, algunos de clase nos acompañaron, Jaime nos dio permiso para salir antes. Me han dicho que mañana tendré que ir a declarar, estoy un poco nerviosa. Mis padres están preocupados por Elibé, dicen que intente cuidarla lo mejor que pueda." 18 de Abril Al final no fue tan duro como pensaba, los agentes fueron muy amables conmigo, incluso me ofrecieron algo de beber. Me han preguntado lo típico: cuando fue la última vez que vi a Marcos, si sufría algún tipo de problema, si tenía enemigos, etc. También me preguntaron sobre la relación que mantenía con Elibé. Mis padres me han acompañado a comisaria, después me fui con ellos e invitaron a Elibé a cenar pero no ha venido porque ya había quedado con su propia familia. Supongo que querrán acompañarla en su dolor." 26 de Abril He estado muy liada últimamente, jodidos trabajos... ¡¡es imposible estudiar con tantos deberes!! No entiendo como Sergio y Paula pueden evadirse tan fácilmente, me gustaría ser como ellos. Los profesores no paran de hablar de la desaparición de Marcos, todos muestran preocupación pero seguro que la mayoría duermen la noche de una sentada. Llevan semanas con el mismo tema, estoy harta de que me usen como fuente de información. Si realmente estuviesen preocupados deberían ir a visitarla. P.D: Me duele la cabeza. Anécdotas como estas se repetían durante meses en un sinfín de páginas. Elibé ojeó unas pocas primeras, después pasó directamente a la mitad de la libreta y finalmente leyó las más recientes. Nada fuera de lugar en los escritos, cualquier persona que revisase el diario pensaría que Claudia era una estudiante normal y corriente que se desvivía por el bienestar de su mejor amiga. Elibé apartó los ojos del libro, inclinó su cabeza hacia atrás y cerrándolos dejó escapar un suspiro de frustración. Durante aquellos segundos se cuestionó a sí misma si quizás estaba yendo demasiado lejos, si quizás estaba exagerando el problema. Decepcionada con los resultados se puso en pie y, con el escrito en la mano, decidió devolverlo a su escondite. Lo siento, se me ha caído mientras limpiaba Del mismo modo que un deja vú nos desorienta sin previo aviso la imagen del cuadro roto se cruzó como una ráfaga en su mente. Mientras recordaba aquellas palabras de disculpa los recientes acontecimientos parecían adquirir un significado oculto, que ni siquiera ella misma era capaz de esclarecer; filamentos invisibles relacionaban los inexplicables sucesos con antiguos cabos sueltos. Concretamente la conjetura de Elibé se manifestó en su subconsciente tras concluir la lectura del diario. Algo no estaba bien, lo había pasado por alto y aún no era consciente de que se trataba.

Retomándolo entre sus manos frunció el entrecejo y desplazándose hacia la primera entrada descubrió la causa. 17 de Abril Llevo dos días instalada en casa de Elibé" Su rostro se volvió pétreo e inexpresivo al percatarse de algo evidente; aquel escrito privado se empezó justo después de la desaparición de Marcos. *** De camino a la Universidad un pequeño puente de madera permitía cruzar el río que descendía de la montaña, su presencia se prolongaba desde décadas atrás y cada uno de los habitantes conservaba su recuerdo desde la infancia. Situada junto al puente se deslizó por la pendiente de maleza que crecía junto al agua. Una vez abajo apoyó su mano en el empinado suelo por el que había descendido y, evitando caer al río, se encaminó por el canal. Al cabo de unos minutos la corriente la condujo bajo un techo de vegetación silvestre, donde una gruta se abría paso en la pared de la montaña. La entrada a la cueva se dibujaba circular en el terreno, sus paredes eran de piedra mientras que el suelo estaba formado de tierra. Cuando logró acercarse descubrió que unas sospechosas pisadas se dibujaban en el fango. Inmediatamente entró. -¡Dios mío, Claudia!-Exclamó Sergio con un sobresalto. -¡Joder, que susto me has pegado!-.Siguió Paula. Claudia se disculpó gesticulando con la mano y se sentó junto a ellos. Con nostalgia observó la rocosa guarida que les cubría, una madriguera repleta de recuerdos, un lugar mágico para soñar. Durante años compartieron el lugar en secreto, más intensamente los días verano, cuyas tardes se pasaban allí dentro. Pero todo no fueron escalofriantes historias de fantasmas ni de peligrosas criaturas que vagaban por la montaña, aquel escondite también se utilizaba para descansar, para evadirse de cualquier responsabilidad; cerrar los ojos y relajarse con el refrescante sonido del riachuelo de fondo. -Tengo un problema.-Dijo totalmente seria. -¿Un problema? ¿Qué te pasa?-Preguntó Paula. Hubo un breve silencio antes de que le fuese posible responder, la pareja esperó su explicación con impaciencia pero las palabras parecían haberse trabado en su garganta. Inmediatamente sus ojos empezaron a humedecerse, el tic de su labio superior se agudizó y, acompañada por una expresión angustia, dejó escapar un gemido agonizante. Mientras avergonzada intentaba contener sus lagrimas Paula se acercó a ella y rodeándola con el brazo buscó su mirada.

-Eh Claudia, Claudia, escúchame ¿Qué te ha pasado? -No, no puedo más.-Respondió. Sergio se mantuvo a un lado atento a la conversación.

-Venga va, cálmate.-Dijo acariciándole el hombro.- dime por qué lloras. -Es que sois los únicos con los que puedo hablar de esto, la gente... pensarán que estoy loca. -Tranquilízate y cuéntanos de que se trata.

-Vosotros... creéis en fantasmas ¿verdad? -Sí, ya lo sabes-Miró de reojo a su novio.- ¿por qué lo preguntas?

-Porque creo que he visto uno. De nuevo el silencio se apoderó del lugar, Paula apartó su mano del hombro de Claudia y frunció el entrecejo desconcertada.

-He visto a Marcos. *** No lo había meditado demasiado cuando se puso en camino, simplemente decidió hacerlo. Cuando descubrió que el diario personal de su amiga fue escrito justo después de que su pareja desapareciera pensó que no debía dejar pasar una coincidencia como esa. A medida que avanzaba el día se sentía más confusa y ninguna de sus teorías tenía una base coherente que respondiese a sus preguntas. Por eso mismo decidió llamar a los padres de Claudia y, con la excusa de hacerles una visita, buscar algún indicio de lo que estaba sucediendo. Después de un cuarto de hora de trayecto sus pasos se detuvieron en una urbanización situada a las afueras del pueblo. Se encontraba en la parte frontal del recinto de una casa de ladrillo, donde la robusta puerta de metal delimitaba su acceso al jardín.

-Soy Elibé.-Dijo en voz alta, tras presionar el timbre, situado en el muro de hormigón que rodeaba la residencia. Inmediatamente una mujer salió de la vivienda, con apuradas prisas siguió el camino de adoquines que se dibujaba sobre el césped y llave en mano le permitió el paso. -Hola cariño ¿Cómo estás?

-Dijo la madre de Claudia con una sonrisa dibujada en su cara.

-Bien.-Respondió ella besando sus mejillas. -Perdona que te haya hecho esperar, pero no había escuchado el timbre sonar.

-No, no, tranquila, si acabo de llegar. La conversación continuó de camino a la entrada, ambas relataron sus vivencias desde la última vez que se vieron. Minutos después ya se encontraban sentadas en la mesa del comedor, acompañadas también por la figura paterna de Claudia, mientras picoteaban unas galletas de un tarro.

-Espero que te esté ayudando y no causándote más problemas.-Dijo la mujer refiriéndose a su hija.

-No, que va, la verdad es que le estoy muy agradecida, sin ella no hubiese aguantado todo esto.

-Vamos, con lo fuerte que tú eres seguro que sí. -No sé la verdad, creo que si no hubiese venido a vivir conmigo habría acabado dejando el piso. Marcos estuvo viviendo durante mucho tiempo allí también y quieras o no está lleno de recuerdos. -Mira cariño, lo importante es que ahora estés bien. No pienses en el pasado, tienes que seguir adelante porque la vida tiene sus baches pero también tendrás muchas alegrías. Elibé asintió con la cabeza y esbozó una sonrisa como respuesta.

-Bueno ¿y los estudios que tal? Porque hay que estudiar eh-Preguntó su marido con cierta picardía.

-Vaya ¿cómo le preguntas eso a la chiquilla?-Dijo su mujer girándose hacia él.-¿no se te ocurre otra cosa que decirle ahora? venga hombre. -Leches, a ver por qué no puedo preguntarle.

-La niña tiene que divertirse, narices, deja de agobiarla con temas de esos. Elibé sonrió de nuevo, pero esta vez con cierta incomodidad.

-No pasa nada. La verdad es que no me va muy bien, no he asistido a todas las clases y he perdido un poco el hilo del temario. Pero intentaré remontarlo. -Ni caso, tú pásalo bien con los amigos, ya tendrás tiempo para eso. Y si necesitas hablar ya sabes que nos tienes aquí para lo que quieras.

-Gracias por todo, pero ya habéis hecho bastante por mi.-Respondió. Con disimulo dirigió su mirada hacia el enorme reloj de pared que tenían situado junto al televisor; era la una del mediodía, las clases acabarían a la media y si no se daba prisa no tendría tiempo para llevar a cabo su plan.

-Perdona ¿el lavabo donde estaba?-Preguntó de pronto.

-En el pasillo, la segunda puerta.-Dijeron ambos, ella señalando con la mano. Inmediatamente se puso en pie, cruzó el comedor, giró hacia el corredor y, encerrándose en el baño, se apoyo en el borde del lavamanos. La realidad era que Elibé recordaba completamente donde estaba situado, al igual que recordaba donde se encontraba el antiguo dormitorio de Claudia. Con seguridad apartó su mirada del espejo y, entreabriendo la puerta del baño con la mano izquierda, escuchó sus voces murmurar en la sala de estar. Evitando hacer ruido salió de nuevo al pasillo, donde sus silenciosos pasos, casi inaudibles para el ser humano, se situaron frente a la última puerta accesible. Con un pequeño empujón la abrió y, observando a su alrededor, entró en la habitación. No disponía del suficiente tiempo para deleitarse con la decoración, pero con un simple vistazo descubrió que nada había cambiado desde la última vez que la visitó: posters de grupos metaleros forraban paredes y techo mientras que, figuras de brujas y hadas, completaban la enorme estantería de revistas. Sin perder un solo segundo se acercó a un escritorio desmejorado por los años, cuya madera había sido afectada por la humedad que residía en el lugar. Sobre la mesa un par de apoya libros, con forma de elefante indio, agrupaban los escritos imprescindibles para Claudia; la novela que en aquel entonces estaba siguiendo, el diccionario de inglés que consultaba constantemente y finalmente pudo ver el diario privado que había ido a buscar. Asombrada por la facilidad en encontrarlo lo abrió de par en par y de nuevo fisgoneó algunas de sus entradas. Tras una breve lectura se sorprendió al descubrir que el contenido de este era muy distinto al que leyó en su piso, las palabras se retorcían en un contexto oscuro y delirante, sus perturbadores pensamientos oscilaban entre lo paranoico y lo enfermizo, pero lo más escalofriante residía en la última fecha del diario. -Elibé ¿Se puede saber qué haces aquí? Aquella repentina voz golpeó violentamente su corazón, a causa del sobresaltó el diario salió disparado de sus manos y girándose hacia la puerta su rostro quedó completamente desencajado. El riesgo de ser pillada la había preocupado hasta cierto punto, pero Elibé traía consigo una escusa lo suficientemente convincente para embaucar a la pareja de casados, sin embargo, lo que jamás hubiese imaginado, es que la persona que la cazaría sería la mismísima Claudia. 7 de Abril No puedo soportarlo más, es como una espina clavada en mi interior, profundiza con el dolor, se desplaza directa hacia el corazón. Tus ojos me miran de un modo distinto, me aman en silencio, lo sé, lo presiento. Con un saludo ya me basta, tú eres todo el alimento que necesito, eres mi oxígeno, mi razón para seguir viviendo. Pero no puedo hacer más que esperar, desearte en secreto y acariciarme imaginando que eres tú quien lo haces. Necesito que lo sepas cuanto antes, deseo calmar el sufrimiento y confesarte de una vez que te quiero. Pronto juntos Claudia y Marcos."

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