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Carcel mayo 2008 celdas-especiales1

David era un interno de la cárcel de Chicago desde hacía cuatro años, y sobre él pesaba una  condena de cadena perpetua, y un día, Claro, como todos, quería salir de allí como fuese, no soportaba la idea de pasar el resto de su vida encerrado en una cárcel sin saber nada más del exterior y sin poder disfrutar de la libertad a la que creía que tenía derecho. Esperaba una oportunidad, una señal, algo que le hiciese desarrollar un plan para escapar, y día tras día pensaba en ello. 

Un día, a la hora del trabajo diario, los superiores mandaron a David a trabajar como ayudante en la funeraria del centro penitenciario, desde ese momento ayudaría a fabricar los ataúdes, atender y maquillar los cuerpos sin vida de los presos, seguidamente un encargado con pase especial llevaría los cuerpos con un vehículo oficial al cementerio para posteriormente ser enterrados y que definitivamente sus cuerpos puedan descansar en paz. 

La oportunidad había llegado, la señal que tanto había esperado estaba ahí, delante de sus ojos, David lo vio inmediatamente, si cuando muriera un preso, del que ninguna familia reclamara su cuerpo, él se metiera en el ataúd y después de ser enterrado vivo podría esperar hasta que el señor de la funeraria lo desenterrara. Conseguiría realizar la fuga perfecta y conseguir la libertad que tanto ansía. Sólo quedaba convencer a su jefe.

Día tras día trabajó en la funeraria de la cárcel y pronto entabló una gran amistad con su jefe, un buen hombre que trabajaba ya muchos años en éste oficio y David le contó en lo que consistía su plan. El jefe aceptó, le dijo que en cuanto alguien muera, David entraría en el ataúd junto con el muerto, pero que después el señor de la funeraria se encargaría de sacarlo de ahí, para por fin ser libre.

Pronto David se enteró que un compañero estaba enfermo terminal en el hospital penitenciario, no le quedaba mucho tiempo, pronto moriría. David sabía que era la hora, ese hombre había asesinado brutalmente a su esposa y dos hijos, nadie lo esperaría ahí fuera, ya que estaba todavía en el hospital, lo normal en estos casos es que después de informar a la familia, dejen pasar las últimas horas del enfermo en su casa, pero nadie reclamó ese derecho, por lo que decidió contar el plan a su ya buen amigo de la funeraria, el buen señor aceptó por lástima, para él no era justo que su amigo David estuviese encerrado; con lo buena persona que era…

Llegó el día y aquel asesino murió, había que realizar todos los preparativos y tenerlo todo listo sin levantar la más mínima sospecha, David para cuando llegara la camioneta al atardecer, debería haber escapado de la celda y haberse metido en el ataúd junto al muerto. El repaso de la lista no se realizaría hasta la mañana siguiente a las nueve, y David ya sería libre desde la noche anterior. Todo estaba listo. 

David siguió el plan minuciosamente y se metió en el ataúd junto al cadáver, al rato notó como alguien cogía la pesada caja y se la llevaban en un vehículo. Llegaron al cementerio y mientras escuchaba las voces y risas de los enterradores la tierra caía sobre el ataúd. 

Al cabo de un rato se hizo el silencio, ahora solo tenía que esperar a que su jefe y buen amigo lo desenterrase. 

El tiempo pasaba, la humedad y el calor casi no lo dejaban respirar, y su amigo estaba tardando mucho:

- No llega, aunque no creo que tarde. Creo que me estoy quedando sin aire, cada vez me cuesta más respirar. 

Pasaban los minutos: 

- No quiero ponerme nervioso, sino el aire se acabará más rápidamente, me relajaré y esperaré pacientemente. Pensaba David mientras estaba enterrado vivo junto al cadáver.

- Seguro que ha tenido un pequeño problema y por eso tarda un poco más de lo previsto. 

Pronto el cansancio y el aburrimiento se apoderaron de David: 

- Uffff, no puedo más. ¿Qué le habrá pasado?

- Y este tío, que mal huele, a ver que cara pone ahora que está muerto. Pero no puedo verlo y si enciendo mi encendedor acabaré más pronto con el poco aire que me queda. Pero que más da, no creo que tarde en llegar y por un poco de oxígeno no pasará nada.

David encendió su encendedor y pudo ver algo, algo que acabaría con su vida en unos segundos. El muerto del ataúd era el señor de la funeraria, había muerto de un repentino ataque al corazón.  Ahora Rafael está muerto e ignorado nunca nadie supo más de él, igual que muchos, que murieron enterrados vivos y pidieron auxilio arañando la tapa del ataúd mientras desesperadamente observaban como su preciado aire se iba agotando poco a poco...

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