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Todo comenzó al terminar las clases en verano. Solía viajar a diferentes partes del país pero esta vez decidí visitar a mi padre. Ya hacía bastante tiempo que no lo veía ya que mi carrera me lo impedía. Yo, en ese entonces, vivía con mi abuela en Los Ángeles Pasadena y visitaría a mi padre a unas cuantas horas cerca de las orillas de la localidad.

A lo largo del viaje, recordaba momentos de mi infancia, algo a lo que me había acostumbrado a hacer últimamente por alguna extraña razón. Mientras recapitulaba tan nostálgicas memorias, se acerco una anciana de un aspecto muy desagradable al lugar donde yo estaba; me miro fría y profundamente y me dijo, con un tono de voz bastante oscuro, como si algo muy malo le hubiera sucedido, “no vallas”.

En ese momento quede completamente petrificada, ya que no es normal que se acerque alguien a decirte palabras como esas, ¿o si? Luego de unos instantes, la anciana se alejo. No se a que se refería en ese momento, solo esperaba bajar del autobús los más pronto posible. Por suerte estaba cerca de mi destino. Al bajar y caminar unos minutos, pude observar que la vieja cabaña de mi padre estaba como siempre, con ese olor a humedad que no había cambiado nada, los arboles estaban un poco más grandes, pero los columpios al lado del lago permanecían en su lugar, como esos tiempos de antaño en los que solía jugar con mi pequeña hermana.

Me acerque al lago, donde recordé que cuando pequeña me encantaba observarlo con mí con mi hermana, ya que de noche pareciese se reflejaban las estrellas en el agua como si fuese un espejo perfecto alejado completamente de toda distorsión de la vida; esta era una experiencia única, pero a pesar de todo el sentimiento hermoso que sentía, no pude evitar recordar a mi madre tratando de salvar a mi pequeña hermana de ahogarse de ese mismo lago que tanto amaba.

Me seque las ligeras lagrimas y decidí entrar a saludar a mi padre. Cuando lo vi pude ver que estaba muy demacrado y lleno de profunda tristeza.  -¡¡ Padre!! Cuanto tiempo sin vernos. - Silencio desgarrador… mi respiración podía cortar el aire- - ¿sucede algo? - Insistí. - no - ¿y cómo has estado? - te pareces tanto a tu madre...  En ese instante pude ver la misma pena en los ojos de mi padre, como aquel día terrible del fallecimiento de mi hermana y de mi madre. Decidí descansar y poder relajarme un poco, así que fui a mi habitación me recosté un par de horas hasta que de pronto escuche unos ruidos extraños afuera de mi habitación  -¿Padre eres tú? – Grite. - .... - ¡No es gracioso, papa! -....  Considerando que nadie contestaba, me preocupe, así que decidí echar un vistazo... Lo único que pude observar cuando salí de mi confortable habitación, era agua en el piso que se dirigía hacia el baño principal. Naturalmente, en ese momento creí que mi padre la abría tirado por accidente una fuente de agua o algo, mientras la acarreaba agua para tomar un baño así que no le di importancia.

Comencé a leer un libro y mientras estaba en eso, sentía algo extraño, como una presencia, como si alguien me estuviese mirando. Cuando observé el espejo de la habitación de reojo pude ver una mujer en la que su cara parecía estar desecha ya que no tenía ojos ya que solo podía observar dos agujeros negros en su cara que suplantaban su mirada llena. Su cabello era largo y negro... no sabía qué hacer ya que entre más la observaba, ¡mas pánico sentía! En ese momento sentí algo escalofriante que se extendía desde la parte baja de mi espalda hasta mi nuca.

Al parecer mi pánico me impedía hacer cualquier movimiento, por lo que gritar o correr no eran opciones. Debo admitir que yo no creía esas cosas de fantasmas y hechos paranormales, hasta ese momento donde todos mis miedos parecían unirse y formar una clase de tortura interior que te desgarra el alma. En ese momento escuche que alguien entraba a la habitación… Por dentro rogaba que fuera mi padre, y efectivamente era el. En ese momento, al mirar el espejo, ya no estaba esa tortuosa imagen que había visto. Mi padre se dirigió a mi diciendo:  -¿Alice por qué gritabas? - ¿De qué hablas? yo no he gritado -Respondí- de hecho acabo de pasar por una experiencia que me ha dejado... - ¡Para! -grito mi padre- ¡TU ESTABAS GRITANDO, no me mientas no estoy para juegos!, ¿¿y por qué hay agua tirada en el pasillo?? - No padre, yo...  En ese momento escuchamos llantos en la habitación de al lado. Mi padre, tan asustado como yo, me dijo que esperara en la habitación, ya que el iría a ver qué sucedía. Una vez que salió, solo escuche como cerraba la puerta de la habitación de al lado lentamente... pasaron algunos minutos y no se escuchaba nada, absolutamente nada…

Yo estaba congelada pero en ese momento mi preocupación por mi padre era más fuerte, así que me levante y empecé a caminar. Volteaba a todos lados esperando no encontrar nada que me asustara aunque ya estaba bastante atemorizada. Me dirigí a la puerta y por abajo de la misma encontraba mucha sangre… mucha. Era tanta que formaba un rió de sangre, como si esta quisiera llevarme a un lado en específico.
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Mi pavor era tanto que no quise abrir la puerta de donde provenía la sangre, por lo que decidí seguir el rió de este fluido. Así que la seguí hasta llegar a orillas del lago. Cuando llegue al columpio, alguien se mecía cuya silueta parecía el de una niña.

El terrible rechinar de las cadenas me golpeteaba muy profundo en los oídos. El terror era casi incontenible, pero algo me decía que debía continuar. Al acercarme más, el columpio se detuvo y juraba que la niña que estaba ahí era mi hermana. No tuve que averiguarlo pues la cabeza que lo que estuviera allí meciéndose, rodó hacia mis pies.

Estaba confundida, asustada, mis sentidos ya no respondían bien, solo sabía que tenía que salir de ese lugar lo más pronto posible, pero no podría hacerlo sin mi padre. Tome casi por instinto, una gran rama gruesa que se encontraba cerca para protegerme. Volví a la cabaña a buscar a mi padre pero lo que vi, me perturbo mucho mas que todo lo que había vivido hasta el momento. Mi padre se mecía en su misma estúpida mecedora de toda la vida, pero pude observar como sangre goteaba de sus manos. Corrí hacia él, completamente desesperada y lo quise sacar de ahí.

A gritos le explique todo lo que me había pasado y lo que él respondió me heló los nervios: -" debí de haber sido más cuidadoso… la odiaba más que a mi vida!! Solo le dije que era un juego. La encerré en ese pequeño closet y obviamente amarre sus manos con un trozo de la cadena que me sobro del columpio. Aunque cosí su boca con hilo cáñamo, se podía escuchar sus gemidos por toda la casa. Le dije a tu madre que la niña estaba con tu tía. Era obvio que no me creyó; cuando tu madre por fin la encontró vio en ella su boca descosida y desgarrada, además la sangre sus ojos mostraban una tristeza y desesperación que desgarraba el alma.

La puerta estaba totalmente arañada, por lo que era obvio que sus frágiles y pequeñas manos estaban destrozadas. Hubieras visto esa escena… LA DISFRUTE! Tu madre llorando como una enferma, mientras la pequeña agonizaba… Lo primero que me pregunto ella fue “¿ Por qué ?” Le dije que… ¡¡¡¡LE DIJE QUE NO PODÍA SOPORTA A ESA NIÑA, QUE NO ERA MI HIJA….!!!! La lleve hasta el lago lance y lancé el cuerpo. HAHA! Supongo que estaba muerta…Tu madre lloraba y lloraba mientras se arrastraba a mis espaldas. Obviamente fue detrás de tu hermana.

Lo que viste ese día hace ya… muchos años… fue a tu madre intentando salvar a esa bastarda del agua. En ese instante tú corriste hacia a dentro de la casa por lo que fue mucho más fácil entrar al lago y ahogar a tu madre…”  ¡¡No podía creer lo que estaba escuchando, mi padre era un asesino!! Lo único que pude hacer fue sujetar fuerte la rama que aun sostenía en mis manos, pero fue demasiado tarde. Sentí la fría hoja de una cuchilla penetrar mi piel, mis músculos para entrar por mis entrañas y me susurro al oído: "Es tu turno".

Me arrodille ante el dolor mientras sus desquiciados ojos perforaban mi alma....... entonces desperté del sueño. Esa mañana tome mi maleta que se encontraba en la casa de mi abuela me dio un beso en la mejilla aborde el autobús para ir a visitar a mi padre y estaba el mismo desagradable anciano de mi sueño. Se acercaba y me miraba como si quisiera decirme algo, pero antes de que emitiera palabra alguna, me pregunte ¿Debería ir ?... Los sueños es el lenguaje del subconsciente y del mas allá… te pueden salvar o simplemente, te pueden hacer desaparecer.

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