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Casa del terror
 

¡Mamá, mamá! -responde, gritaba desesperado el pequeño Ismael, quien junto con su padre trataban de reanimar a Maritza su progenitora, quien yacía desmayada sobre el suelo.

La mujer comenzó a convulsionarse de una forma grotesca, al momento de que un fétido olor invadió la sala de estar. La temperatura comenzó a descender. La angustia de su esposo, Arturo y de su hijo, aumentó al oír una ronca voz femenina que surgía de ella, una voz que no le pertenecía. Hacía sonidos guturales y decía palabras ininteligibles. El padre y su hijo se levantaron del suelo para observar con horror aquella escena.

Los ojos de ella se tornaron blancos, sus dientes se transformaron en afilados colmillos y formaba una siniestra sonrisa. Producía sonoras carcajadas similares a las de una bruja. ¡ELLOS REGRESARÁN PARA VENGARNOS! ¡JA, ,JA, JA! exclamó poseída por un espíritu. Maritza se incorporó y caminó amenazantes hacia ellos. El marido se acordó del crucifijo que colgaba a la entrada de la casa. Corrió hacia él y lo cogió, se dirigió rápidamente hacia ella apuntando a su cara.

¡En nombre de nuestro señor Jesucristo, te ordenó que salgas de su cuerpo! -ordenó, Arturo a aquel ente infernal que respondió con carcajadas. Gélido sudor recorrió su frente, aun así no dejaba de sostener con fe y miedo el crucifijo. Finalmente su esposa volvió a caerse y lanzó un quejido como de bestia herida. Tardó sólo un par de minutos cuando ella recuperó la razón. Se sentía extraña. ¿Qué pasó? preguntó tocando su frente Me duele la cabeza. ¿De verdad no te acuerdas? le preguntó su cónyuge. No. respondió mientras se sentaba sobre el sofá y trataba de hacer memoria Sólo me acuerdo que estaba barriendo, de repente escuché que alguien me llamaba desde afuera; observé por la ventana a una mujer alta y delgada, no hacía más que estar ahí parada entre la niebla y mirándome fijamente. Después desperté aquí en el suelo.

Arturo le explicó lo acontecido, ella no podía creerlo, sólo formó una pregunta: ¿Quién era esa mujer? Hace meses, la familia había comprado aquel caserón del siglo XIX que se hallaba en las profundidades del bosque, rodeado de árboles sin hojas y niebla espesa. Trataban de parar las vacaciones de verano, sin percatarse que serían víctimas de fenómenos sobrenaturales. La noche llegó a ese sitio, la familia Lara entró a sus respectivas habitaciones para dormir, sin poder erradicar el temor que les produjo esa tarde. Mamá, tengo miedo exclamó el menor antes de ir a descansar. No va a pasar nada, tranquilizó a su hijo todo estará bien ¿de acuerdo?

Ismael caminó con pasos lentos y con inseguridad sobre el estrecho pasillo que conduce a su cuarto. Sin quitar la vista de enfrente, como si tuviese a un enemigo gigante. Al entrar encendió la luz, cerró la puerta y saltó hacia la cama. El foco se apagó intempestivamente, las penumbras invadieron la pequeña habitación. El niño no tuvo remedio que cubrirse la cara con el edredón; de repente se escuchó que alguien caminaba alrededor de su cama. VOLVEREMOS PARA VENGARNOS DE USTEDES, MALDITOS MORTALES exclamó con furia una lúgubre voz. El niño se destapó poco a poco la cara para descubrir al emisor.

Su sorpresa fue mayúscula al no ver a nadie. Sin embargo, levantó la vista hacia el techo y vio a dos siluetas flotar sobre él. Ismael profirió un grito. ambos padres escucharon el llamado. Arturo se levantó de la cama y dispuesto a salir, cuando escuchó a sus espaldas aquella voz madita que se había posesionado de su esposa. Al verla transformada de nuevo se estremeció. NO SALDRÁN DE AQUÍ CON VIDA EL BASTARDO Y LA PERRA DE TU MUJER, PERO SOBRE TODO TÚ amenazó la entidad femenina.

El vio la cruz colgada sobre la cabecera de la cama, estaba dispuesto a tomarlo, pero el objeto religioso salió disparado de la pared. Los cosas del dormitorio se movían como si hubiese un temblor. El escapó y corrió hacia donde estaba su hijo. Las siluetas habían desaparecido, el pequeño de nueve años corrió a brazos de su padre. Tenemos que salir de aquí dijo el progenitor. Tomó su mano y juntos regresaron al pasillo. Ahí los esperaba Maritza con una mueca diabólica. ¿DÓNDE ESTÁ EL LIBRO? preguntó llena de rabia. No sabemos de qué nos hablas respondió Arturo temblando al tenerla de frente. La poseída comenzó a aullar y a convulsionarse sobre la duela.

Aprovechando el descuido, ambos corrieron hacia la escalera bajando lo más rápido posible. El padre tomó las llaves del auto y abrió la puerta principal. Esta se cerró de golpe; incrédulo se dio cuenta que las ventanas también se cerraron. LES PREGUNTÉ QUE DÓNDE ESTÁ EL LIBRO gritó Maritza quien estaba al pie de la escalera y descendió sin tocar el piso. No sabemos, además no sé de que me hablas dijo Arturo. EL LIBRO QUE USTEDES NOS ARREBATARON ANTES DE MATARNOS. dijo la poseída LO QUIERO PARA REGRESAR A LA VIDA A MIS HERMANOS QUE MURIERON CONMIGO, CUANDO NOS DESCUBRIERON QUE NOSOSTROS PRACTICABAMOS MAGIA NEGRA. JURÉ REGRESAR DEL INFIERNO PARA RESUCITARLOS Y ASÍ VENGARNOS DE ESTE MALDITO PUEBLUCHO. SÍ, se escuchó dos voces más.

Las mismas siluetas que vio Ismael surgieron de la oscuridad y se colocaron a un lado de la posesa SUS CUERPOS SERVIRÁN PARA REGRESAR A LA CARNE...USTEDES SERÁN QUIENES ARDAN EN LAS LLAMAS. ¡Déjenos salir de aquí! imploró Arturo. HERMANA, VE POR ELLOS Ordenó una de las siluetas. Ella se dirigió hacia el padre y su hijo. ¡Corre! dijo Arturo a Ismael. Huyeron hacia el sótano para refugiarse. La puerta con seguro no impidió el acceso de la bruja quien la desbloqueó fácilmente. Les dirigió una sonrisa satisfactoria mientras avanzaba hacia ellos.

¡Aléjate de nosotros! imploró el esposo tomando una barreta que estaba sobre una desvencijada mesa. ¿VAS A GOLPEARME DESPUÉS DE TODO LO QUE HE HECHO POR USTEDES? Preguntó sarcástica. Tú...tú... no eres Maritza exclamó Arturo con voz entrecortada por el terror. ¡Ayúdame Arturo, ayúdame por favor! sollozó con la voz de Maritza, después regresó la voz de la bruja, para burlarse del hombre. ¡Cállate maldita! él alzó la barreta, listo para atacarla. Ella no se inmutó, aprisionó el cuelo de su esposo y lo levantó con facilidad. Sus pies descalzos pataleaban el aire.

¡Deja a mi papá! suplicó el niño comenzando a llorar. La poseída hizo caso omiso y lanzó bruscamente a Arturo hacia la pared. Sangrando por una herida en la cabeza vio que Maritza se acercaba con pasos vacilantes, después se arrastró como una serpiente. El cogió de nuevo la barreta, la iba a golpear cuando ella se lo arrebató con velocodad y le desgarró el cuello con el mismo objeto. El se tocaba la herida mortal que no paraba de fluir sangre hasta morir. ¡No papá, papá! lloraba inconsolable Ismael moviendo el cuerpo de su progenitor. El niño volteó a ver a la asesina; sin piedad la mujer tomó por el cabello al niño y lo levantó. ¿DÓNDE ESTÁ EL LIBRO? volvió a preguntar la bruja. La posesa miró por todos lados, tratando de encontrarlo. Detuvo la mirada en una grieta pequeña formada en una esquina del sótano. Soltó al niño.

TOMA LA BARRETA Y GOLPEA ESA ESQUINA DONDE ESTÁ EL AGUJERO ordenó al infante. Ismael tomó el arma homicida, sin dejar de ver el cuerpo de su padre cubierto totalmente de sangre. El golpeó esa grieta hasta hacerla de su tamaño. ENTRA Y SACA LO QUE HAY DENTRO Sacó un objeto envuelto en una tela oscura y carcomida. Ismael retiró la tela descubriendo un libro grande de color negro, con páginas amarillentas por el paso del tiempo. TRÁEME ESE LIBRO formó una sonrisa de victoria. El estrujó el libro en su pecho. No, tú mataste a mi papá acusó mirándola con reproche. QUE ME TRAIGAS ESE LIBRO, MALDITO NIÑO Se lo arrebató y con una bofetada aventó al menor a una esquina.

Ella se paró a un lado del cadáver de Arturo, abrió una de las páginas del libro y recitó una de las lecturas escritas en arameo y latín. El cuerpo se convulsionó y arrojaba espuma por la boca. Sus ojos se tornaron rojos. El muero se levantó del suelo. GRACIAS HERMANA agradeció la entidad que se posesionó del esposo TÚ ERES EL QUE SIGUE señaló al niño. Mami, no dejes que me lastimen, ¡yo te amo!, ¡regresa por favor! suplicó Ismael. La bruja lanzó un quejido, Maritza había regresado a su cuerpo. Dejó caer el libro y corrió a los brazos de su hijo para abrazarlo. ¿Qué sucede? preguntó a su hijo. El señaló a su padre. NO ESCAPARAN CON VIDA amenazó el poseído. La madre gritó al ver a su esposo en ese estado. Levantó al niño y esquivaron al muerto viviente, pero el se volteó y se abalanzó sobre Maritza.

Ella gritaba mientrás Arturo se reía y la estrangulaba; sin pensarlo dos veces, la madre tomó la barreta y se la enterró en el ojo derecho de su marido. NUNCA CREÍ QUE ME HICIERAS ESTO dijo con la voz de Arturo. Ella se retiró de él, y no podía creerlo al ver que el cadáver se retiraba la barreta sin exclamar dolor. ¿Qué te sucede Arturo? preguntó horrorizada. ¡Mamá, vámonos de aquí! dijo Ismael tomando el libro de hechizos. La madre logró reaccionar y junto con su hijo salieron del sótano. Intentaron abrir la puerta principal, era imposible, parecía que todo estaba premeditado. Ambos se abrazaron al ver una silueta oscura avanzar hacia ellos, acompañado de una mujer alta,delgada y vestida de negro, era la bruja que se había posesionado de Maritza.

¡Tú! señaló la madre al recordar quien era esa mujer. El ser fantasmal los miraba con un profundo odio. ¡Tenemos que destruir el libro! dijo el niño. La progenitora miró los escritos y desvió la mirada hacia la chimenea de la sala de estar. ¡A la chimenea, rápido! ordenó ella. Del sótano surgió Arturo poseído por el mal. NO PERMITAS QUE DESTRUYA EL LIBRO dijo la bruja a el cadáver. El persiguió a los dos, mientras que madre e hijo corrieron a la chimenea. Ismael lanzó el libro al interior de este y abrió el gas; Maritza tomó los fósforos que estaban sobre la chimenea y amenazó con encender los escritos. QUERIDA, SOY YO, DEJA ESO Y LARGUÉMONOS DE AQUÍ dijo el muerto cambiando a la apariencia de Arturo.

Ella comenzó a llorar, no sabía que hacer. ¡Mamá, él no es papá! dijo el niño haciéndole ver la realidad. El poseído volvió a su aspecto. ¡DEJA ESE LIBRO!, gruñó el ser ¡TU MARIDO ESTÁ EN EL INFIERNO DONDE TÚ TAMBIÉN ESTARÁS! Maritza encendió el fósforo y lo dejó caer sobre el libro, comenzando a arder. El poseído lanzó un aullido y cayó al suelo sin vida. Las figuras del más allá desaparecieron. La madre apartó al menor de las llamas, las cuales sin explicación invadieron la sala de estar. La puerta se abrió sola, aprovechando su oportunidad de huir hacia el auto. Al intentar abrirlo la alarma de seguridad se activó impidiendo la entrada. ¡Las llaves! exclamó ella. Las tiene mi papá respondió el menor.

Maritza le pidió a su hijo permanecer afuera, se decidió regresar para encontrar las llaves. Se tapó la nariz para no respirar los humos que despedían las flamas, sacó las llaves del bolsillo de Arturo. Ismael regresó con su madre. ¡Mamá apresúrate! apuró él. Al acercarse a la puerta una viga cayó del techo, bloqueando la única salida. El incendio había invadido por completo la casa. Ellos sólo se abrazaron mientras las llamas se acercaban levemente. El amanecer llegó. El humo salía de los restos carbonizados de la casa. El silencio de ese bosque fue interrumpido por el ruido de las sirenas de las ambulancias. Los paramédicos sacaron con la bolsa de cadáveres dos cuerpos.

Esto es un desastre, ¿cómo fue que ocurrió todo esto? preguntó el agente federal a su colega, caminando alrededor de los restos tratando de encontrar una pista que explique el accidente. Durante la madrugada hicieron el llamado, además los vecinos avisaron haber visto el incendio a lo lejos respondió el colega. ¿Hubo sobrevivientes? Sólo uno, es un menor de edad, fue quien llamó la ambulancia. Está en estado de shock.

Los agentes se acercaron al niño que estaba en una ambulancia, examinado por los paramédicos mientras se cubría su cuerpo con una manta. Por Dios, lo que nos contó el niño fue verdaderamente aterrador. dijo el colega Al parecer su madre era muy celosa, dijo que ella descubrió a su padre engañándola con otra. Mató a su cónyuge y provocó el incendio. El chico fue muy afortunado en sobrevivir. Los agentes se retiraron. Sin que nadie lo observara, Ismael se quitó la manta, tenía entre sus manos un libro negro con señas de haber sido quemado, no obstante aún se lograba a preciar los escritos.

Los ojos del niño se iluminaron de un rojo intenso y formó una malévola sonrisa.

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