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Por si no leyeron la primera parte: La sombra del arbusto: Parte 1...

María se había quedado a dormir en mi casa, ella estaba durmiendo con Reina entre sus brazos. Saqué a mi perrita hábilmente de la cama, y la recosté sobre un cojín en el suelo. Dejé a María durmiendo y bajé a la cocina por un vaso de agua. Cuando iba subiendo con el vaso en las manos, escuché que María gritaba. Me asuste tanto, que boté toda el agua. Subí corriendo las escaleras, aún con el vaso en la mano, cuando pase por el pasillo, deje el vaso sobre una mesita que había en una esquina. Entre de un golpe a mi habitación, para encontrarme con algo no muy agradable.

¡Reina, Suelta a ese ratoncillo! – Le grité a mi perrita. Ella lo soltó de inmediato y vino hacia mí con la cabeza agachada. Yo me acerqué y vi que el ratón aun seguía vivo, así que me puse una bolsa en las manos, lo tomé y lo llevé afuera. Pobrecillo, estaba muy asustado. Cuando volví a mi habitación, no pude evitar reír. María seguía parada arriba de la cama, con una expresión entre susto y asco en su cara .

¡No te rías! – Me reclamó - ¡No sé como pudiste tocarlo! ¡PUAJ! –

Pasamos la tarde hablando de tonterías, jugando con Reina, viendo televisión… hasta que se nos ocurrió ver una película de terror… Mi familia no estaba en la casa, pues a mi mamá la habían invitado a una reunión de trabajo. Mi abuelo había ido a visitar a mi prima y mis hermanas fueron a la discoteca.

Estábamos viendo la película de terror. No era la gran cosa, solo era la típica película de horror, que tiene al típico villano que mata a todos menos a los protagonistas. ¡ABURRIDO! Bueno, yo estaba aburrida, pero María no. Estaba abrazando de una manera increíble a Reina.


- “Cuidado que la asfixias…” – Le dije burlona. María se enrojeció un poco y dejó de abrazarla, pero seguía teniéndola en sus brazos –

Seguimos viendo la película. Cuando terminó, decidimos ir a acostarnos. Reina se acostó con nosotras, al lado de María, quien seguía abrazándola. María pensaba que no podría dormir esta noche, al contrario, ella y Reina durmieron de lo mas bien, fui yo la que no pudo dormir. Pero no por estar asustada, sino que pensando en que diablos podría ser aquella sombra que ya había visto en tres ocasiones… Estaba segura de que no era una simple coincidencia…

No me di cuenta cuando ya había amanecido. Mamá ya había llegado, el abuelo también, y mis hermanas estaban aún en sus camas durmiendo. Yo y María bajamos a la cocina para encontrarnos con un exquisito desayuno que nos había preparado mi mamá. Reina fue al patio a jugar un poco, mientras nosotras comíamos y conversábamos de lo lindo. Mamá estaba en su habitación, revisando papeles y cosas así.

Estábamos lavando la loza, cuando escuchamos que Reina comenzaba a ladrar desesperada. Mientras nos dirigíamos a la puerta, sentimos que rasguñaba la puerta. Me asusté, jamás había visto a Reina tan desesperada, abrí rápidamente la puerta. Reina entro disparada a la casa y salto a los brazos de María, quien la abrazo para reconfortarla mientras le decía cariñosamente : “Ya, ya… Todo está bien chiquita…” . Como no me quedé tranquila, salí a ver que pasaba. Detrás de mi, salió mi mamá, mi abuelo y mi hermanas, quienes habían escuchado también los alaridos de Reina. Mientras María les explicaba la situación, yo salí a ver que era lo que había asustado a Reina. Casi por instinto, me dirigí hacia aquel arbusto…

Me acerqué lentamente. De repente, pude ver como esa sombra aparecía una vez mas. La piel se me erizó, pero aún así, le pregunté…

- ¿Q-quién eres? – Pregunté casi en un susurro. Mis brazos y piernas temblaban, estaba asustada.

- Ayúdame… Por favor…

Sonó como la voz de una pequeña niña. Sin saber por qué, dejé de sentir aquella sensación de terror, que fue cambiada por una sensación de seguridad y felicidad. Me acerqué más a ella. Pude ver claramente, como aquella sombra se transformaba en una pequeña niña de unos… 6 o 7 años.

- ¿Qué sucede? – Le pregunté algo maternal – - Tengo miedo… - La pequeña me abrasó. No sé por qué, sentí como una inmensa tristeza invadía mi corazón. Sentí la necesidad de abrazarla, y lo hice. Ella comenzó a llorar amargamente. No sé por qué, terminé consolándola. Era como si el tiempo se hubiera detenido, solo estábamos ella y yo. - ¿Qué te sucede pequeña? – Le pregunte cuando se hubo calmado – - Necesito que me ayudes… - Dijo secándose las lágrimas – - Dime, ¿En qué te puedo ayudar? – No sabía por qué diablos decía todas esas cosas. Lo más extraño, era que tenía las intenciones de ayudarla. - No puedo decirte ahora, ya se me acabó el tiempo… - Dijo mientras empezaba a desaparecer – - ¿¡Pero cómo te ayudo!? – Le pregunté casi gritando – - Tienes que descubrirlo tu misma, lo siento… - En eso, desapareció, y yo sentí como si toda esa alegría que había sentido en todo ese momento, se transformó en tristeza, preocupación… pero por sobretodo, una sensación increíble de cansancio…

Sentí unas voces hablando a lo lejos. - ¿Se pondrá bien doctor? – - Esa es la voz de mi mamá – Pensé - Si, solo necesita reposo… - - Uff… que alivio… - - Esa fue María… - Pensé de nuevo - Muchas gracias por venir… - ¿Abuelo? – Dije por fin… - ¡Javiera! – Gritaron todos…

El doctor y mi familia me explicaron que apenas me acerqué al arbusto me desplomé en el suelo. Que ni siquiera alcancé a decir una palabra, solo me desplome en el suelo. Ya iban 2 días de eso…

- Im… Imposible… - Dije. Y es que era imposible… Yo estuve hablando con esa niña y consolándola… Por lo menos una hora… ¿Qué diablos pasaba?

Llegó la noche. El doctor ya se había ido, María se quedaría una vez más en mi casa para cuidarme y estar conmigo y Reina dormiría una vez más con nosotras. Decidí no contar nada de lo que había vivido, porque podrían pensar que lo soñé… Pero… No, estoy segura de que no fue un sueño…

A la mañana siguiente, eran las 7 de la mañana. No pude dormir en toda la noche, recordaba a cada rato lo que me había dicho esa pequeña : “Ayúdame… Pero tienes que descubrirlo por ti misma, lo siento”. Pero aún no entendía por qué Reina se había asustado tanto, si esa niña era tan tierna e inocente…

- Bien… - Pensé mientras me levantaba – A investigar…

Bajé a la sala de estar, donde tenemos una pequeña… “Biblioteca” por así decirle. Busqué y busqué, pero ni rastros de libros sobre fantasmas y esas cosas.

- Claro… - Pensé - ¿Qué iba a hacer mi familia con libros como esos? – Me golpeé en la frente con la mano. Fui una torpe… -

Como no tenemos computadora, tuve que esperar a que todos se levantaran para pedir permiso de ir a la biblioteca. María insistió tanto en acompañarme, que al final le dije que sí. Ella quería llevar a Reina, pero le expliqué que no se permitían animales, así que accedió a que fuéramos solo nosotras, aún así, haciendo pucheros. Nos despedimos de todos y nos fuimos camino a la biblioteca. Cuando estábamos de camino, María me hizo la bendita pregunta…

- ¿Y qué libro necesitas? -.

Maldije . Ahora tendría que explicárselo todo…

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