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Lo que no debe saberse

Siempre tengo la condenada rutina de tomar agua a medianoche. Y normalmente enciendo una luz, al menos la del baño.

Cuando la enciendo, aparece una sombra que no es la mía entrando en la cocina. Obviamente pienso que es un ladrón o algo así. Entro y no veo nada. Tomo mi vaso de agua como siempre y regreso al baño. Cuando regreso, veo al espejo y noto que hay algo detrás de la cortina, una sombra de alguna persona, quieta. El baño estaba frío, pero afuera hacia calor. Corro la cortina y no hay nada. Vuelvo la mirada al espejo y detrás mío hay una chica de traje negro, piel gris y ojos amarillos. Su cabello cubre su cara excepto sus ojos que me miran con ferocidad e ira. Miro detrás de mi hombro pero no hay nada.

Por unos segundos creo que es mi imaginación y entro a mi cuarto. Y como siempre apago la luz y trato de conciliar el sueño.

No pude dormir esa noche, porque sentía que alguien respiraba en mi cara. Abrí los ojos y no había nadie. Esa noche no pude dormir. Creí que lo que leí me jodió la imaginación, así que seguí como si nada, solo que esta vez no me inmuté en escribir la novela.

Esa noche no me pasó nada raro, pero a la hora de regresar a la cama, esta vez sentía que me asfixiaba. Algo me apretaba el cuello, y no eran las sábanas porque esa noche dormía sin ellas. Cerré mis ojos. Ni siquiera pude mover ni un dedo mientras mi cuello seguía estrechándose.

-No vuelvas a buscarme - Susurró una voz fría a mi oído. - Vuelve a averiguar sobre el mundo de los muertos, y la próxima vez que nos encontremos, te llevaré a mi mundo… - abrí los ojos y la joven estaba sobre mí, con sus manos en mi cuello

Admito que sigo investigando, pero ahora pido permiso antes de hacerlo. En las noches, la misma joven me sigue vigilando. Si me pongo a investigar a fondo de nuevo, ella misma será quien me mate. Lo que encontré sobre los fantasmas del espejo, eran todos sobre ella... La mismísima Ver...