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El poeta dejó su botella a un lado y se limpio la boca con la manga de su fina camisa, dejándole una obscena mancha con olor a vino agrio.


Su cuaderno estaba en blanco, a excepción de unas cuantas líneas que había escrito estando en una de sus visiones:


En la noche de los miserables la luna brilla tal cual como el fuego en mi alma, mi esencia se prolonga y se divorcia de mis sentidos, veo el otro lado, veo los sentimientos de los demás, sentimientos, máscara de hipocresía.


Era uno de sus recientes poemas, mas no podía terminarlo. Estaba muy ebrio y estaba preparando una pequeña solución de láudano. De pronto sintió mucho calor y escalofríos, el estómago se le revolvió y con una fuerte arcada devolvió en su hermosa alfombra roja.


Al recuperarse se percató que en uno de sus sillones estaba sentado un caballero que vestía impecablemente un fino traje de terciopelo negro y elegantes guantes de piel.


Parecía un ángel, pero el poeta reconoció lo que era... era un demonio.


- Buenas noches estimado poeta, perdón por no anunciar mi llegada antes - El demonio se levantó de su asiento al decir esto y extendió su mano al hombre que le miraba algo confuso.


- Buenas noches, ¿a qué debo su visita, acaso me va a llevar con usted? sería lo único que me falta, en este pueblo todos me odian, mis poemas son incomprendidos y malinterpretados.


El demonio sonrió mostrando sus pequeños y afilados dientes blancos, se acomodó su melena negra y negó con la cabeza.


- Eres un poeta de nuestro bando, eres partidario de los demonios, no es nada malo; también somos ángeles, filósofos, poetas, pedagogos, filántropos y muchas cosas más.


Estaba dando una vuelta por ahí, cuando me di cuenta de tus problemas y tu último poema va muy bien, vengo a ayudarte un poco con él.


- Le agradezco tan gran honor, pero no creo publicarlo, ya la gente me tacha de loco, monstruo sin sentimientos, toda mi obra es odiada igual que yo, mi fortuna de antaño es tan sólo un hermoso recuerdo al igual que mi juventud, sólo me quedan glorias pasadas


- Lo sé -dijo muy serio el demonio- la mayoría de las personas no comprende lo que no es común, lo tachan de extraño, raro o diabólico; a nosotros nos detestan y nos pintan como ángeles demoníacos.


- Mas no los somos; sólo somos ángeles que preferimos la hermosura de la noche y el baño tibio de la luna. No te preocupes poeta, tú eres alguien muy distinto a los demás, no tratas de seguir sus ridículas modas ni aparentar lo que no eres para no ser despreciado y eso te hace superior, al adquirir las cualidades de los demás también adquieres sus defectos y debilidades, perderías tu personalidad, esencia, tu creatividad y todo lo tuyo;


-Serías uno más y jamás traspasarías la barrera de lo habitual. La gente se atemoriza de ti por tus ideas no ordinarias, por eso eres un poeta, un poeta enamorado de la muerte y de la esencia de la vida.


El poeta bebió un trago de su botella, en sus ojos se miraba asomar una pequeña lágrima; estaba asombrado de escuchar hablar a un demonio de esa manera tan consoladora.


- Tienes razón, soy alguien distinto, un poeta incomprendido por lo terrenal, un poeta de la muerte, ángel con esencia de demonio y cuerpo de hombre, hijo de Dios y ahijado del diablo, sobrino de la humanidad.


El poeta abrazó al demonio y comenzó a llorar. El ángel demoníaco lloró con él, la escena parecía un cuadro de Blake en los cuales hombres, demonios y ángeles viven en armonía.


El demonio dejó gruesas manchas rojas en la camisa del poeta, pues sus lágrimas eran de sangre, el ángel nocturno buscó el cuello del poeta y lo mordió.


El poeta comenzó a tener visiones, a delirar, a vagar por mundos que ni sus visiones le revelaban, se debilitó y cayó en un profundo sueño...


La luz del mediodía le golpeaba directo a la cara, se levantó algo débil y con algo de resaca. La botella de vino estaba vacía y el láudano estaba tirado en el suelo. No había rastros del demonio, su habitación lucía muy reconfortante a excepción de la molesta luz del sol.


Observó su cuaderno y vio que había escrito más durante la noche, aunque no recordaba haberlo hecho era su misma letra. El poema estaba terminado lo leyó y sonrió.


Con su pluma le puso el título Consejos de un demonio levantó su cuaderno y lo guardó en una gaveta, la cual cerró con llave. Salió a buscar unos tragos... mas de lo que tenía ganas era de sangre.


Del final de su misterioso poema sólo se pudo rescatar esto:


"La vida al igual que un sueño es una secuencia de imágenes de perfección e inmaculada belleza grotesca, en la que uno es lo que inevitablemente es."


"Y ese ser, es lo que envuelve a otras esencias, al aura propia más la hipocresía que es la dama de la vida, seduce al hombre convirtiendo a los sentimientos en su más digna hipocresía."


"Poeta de la muerte."

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