FANDOM


Esperaba su llamada, es cierto. Todos los años me llama el primero de Septiembre.


Mi prima Paqui vive en un chalet perdido en la sierra de una provincia que no mencionaré. Es una cuarentona solitaria que vive de una sustanciosa herencia recibida al morir nuestro tío Alfredo. Ella se quedó el chalet y un buen montón de millones. Yo me quedé el Porsche y otro buen montón de millones.


—Ya ha llegado. ¿Cuándo vienes?


—Estaré allí antes de medianoche. Prepáralo todo.


—Todo está listo desde hace una semana. Miguel, date prisa, por favor. Tengo miedo. Está más raro que nunca.


—Tranquila, Paqui, yo también tengo la maleta lista desde hace una semana.


Después hemos colgado, poco más había que decir.


Nuestro tío Alfredo fue siempre un hombre humilde, soltero y sin vicios, salvo jugar a la quiniela. Hace veinte años la suerte le concedió un pleno al quince y con él una suma de muchos, muchísimos ceros. Se compró aquel chalet y el Porsche que ahora es mío. También se compró un revólver, para defenderse de los ladrones según decía.


A casi nadie extrañó que un buen día mi prima Paqui fuera a visitarlo y se lo encontrara tirado en el salón con un tiro en la cabeza. El arma, ya fría como el cadáver, estaba a unos centímetros del cuerpo. Fue un caso claro de suicidio y una demostración de que el dinero no da la felicidad. "Es que estaba demasiado solo, el pobre", decía todo el mundo.


En realidad Paqui y yo lo habíamos planeado todo desde meses antes. Como sus únicos herederos la tentación era enorme. Y lo hicimos bien, o la policía muy mal. Desde entonces, hace ya más de quince años, Paqui y yo vivimos estupendamente, y sin duda aprovechamos mejor que el viejo toda esa enorme cantidad de pasta. ¿Saben?, cuando se es rico como yo la libertad adquiere un nuevo significado más... amplio. Me tiro a las mejores hembras y puedo permitirme escupir a la cara de un político pagando una insignificante multa. Soy dios.


¿Hemos pagado algún precio mi prima y yo por nuestro crimen? Sí, lo estamos pagando, pero es un precio ínfimo que asumimos con gusto. Al menos yo. Creo que para Paqui no es tan agradable, pero es su problema. Debió hacerme caso y echar abajo el chalet, irse a vivir lejos de allí y olvidarse de todo. Pero no, a ella le gustaba aquella casona y la soledad que la rodeaba y se quiso quedar. Fue, y es, una decisión equivocada que nos exige... cierta servidumbre, digamos. A pesar de ello lo aceptamos. Bien merece la pena perder un día al año a cambio de vivir los restantes trescientos sesenta y cuatro como reyes.


A mi tío lo matamos con su revólver un uno de Septiembre. En el primer aniversario de su muerte yo estaba en el que había sido su chalet celebrándolo con mi prima cuando llamaron a la puerta. Allí estaba mi tío Alfredo, vestido como el día de su muerte, con sangre reseca en la cara y media cabeza arrancada. Se tambaleaba como un borracho y tartamudeando nos decía que no encontraba las llaves de su casa. Paqui se puso histérica y se arrodilló pidiendo perdón a Dios, pero yo soy más práctico y fui a la cocina a por un cuchillo (ya no teníamos el revólver). Apuñalé a aquel engendro hasta estar seguro de que había muerto... otra vez.


Cuando logré que mi prima se calmara me ayudó a enterrarlo en el monte. Desde entonces mi tío Alfredo no ha faltado a su cita con nosotros cada uno de Septiembre. Los primeros años yo dormía la noche antes en el chalet y lo esperábamos desde primera hora de la mañana, pero era una pérdida de tiempo para mí, porque no todos los años llega a la misma hora, así que conseguí convencer a mi prima para que en adelante me llamara cuando él llega. No hay ningún problema, nuestro tío es inofensivo, tan sólo se muestra confundido y tiene problemas para mantener el equilibrio y para hablar, pero se deja hacer. Lo único de lo que se tiene que preocupar Paqui es de sentarlo en alguna parte que previamente ha plastificado (por las manchas de sangre), llamarme, y después esperar. Ella no se atreve a acabar con él: ése es mi trabajo.


Y lo haré bien, como siempre. Lo más penoso es enterrarlo después, durante la noche, equipados con palas, picos y linternas. Además, ni Paqui ni yo somos demasiado fuertes, y nuestro tío Alfredo pesa un huevo. De meterlo en el Porsche y llevarlo lejos ni hablar, además un año lo enterramos a más de cien kilómetros sirviéndonos del todoterreno de mi prima y no sirvió para nada, al año siguiente apareció igual, con su media cabeza, su sangre reseca y su ropa impoluta, sin el menor rastro de tierra.


En la llamada me ha dicho Paqui que hoy "está más raro que nunca". No me sorprende. He notado que cada año parece más lúcido, más vivo, menos confundido. El año pasado lo oí decir "sob... sobrinos, me hab... habéis ma... maaa... tado". Paqui no lo oyó porque siempre se refugia en el piso de arriba cuando me dispongo a apuñalar a nuestro tío, y no quise contárselo porque no me interesa que pierda los nervios.


La solución está clara. Él vuelve siempre a su casa. Hay que echar abajo ese chalet, pero mi prima se niega. Por eso esta vez voy a coger el Porsche, me voy a plantar en tres horas allí y voy a acabar con los dos.


Además, qué coño, soy el único heredero de mi prima Paqui.

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

También en FANDOM

Wiki al azar