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Mi escuela era un lugar perfecto, era el más perfecto. Era una escuela de ricos grande, hermosa y divertida. Tenía su propia alberca y dos canchas de básquetbol. Una para los de secundaria y otra para los de primaria. Yo me la pasaba muy bien y realmente vivía en perfección todos mis días. Hasta que un día, una nueva niña llegó al colegio. Su nombre era Mellise, un nombre raro pero hermoso. Se veía normal por fuera, pero algunos aseguraban que por dentro había algo frío en ella. Yo les preguntaba:

-¿Cómo sabes que es mala, acaso ya la conoces?

Y ellos respondían que no pero no cambiaban de opinión. Pero nunca le hacía caso a los mas malos comentarios sobre Mellise.

Un día martes, mi mejor amiga no llegó al colegio y como vi que Mellise estaba sola comiendo un sándwich, la invité a comer conmigo.

Por un rato ella me hablaba a ratos y se notaba que estaba nerviosa, pero supuse que era normal en ella porque era una niña nueva. Con el tiempo le saqué plática y nos hicimos buenas amigas, hasta parecía que estaba cambiando a mi mejor amiga por Mellise.

Se acercaba su cumpleaños y yo no sabía que regalarle. Siempre que le preguntaba que era lo que quería para su cumpleaños ella me decía:

-Algo que me haga feliz

Yo nuncaq supe a qué se refería con eso pero fuese lo que fuese tenía que comprarle algo sencillo pero bonito. Podía comprarle algo que a mi me gustaba, ya que a casi todas las niñas usan lo mismo, pensaba yo. Le quería comprar por ejemplo una pulsera pequeña que dijese "BFF", pero que no fuera aburrida sino algo brillante para que llamase su atención.

Pero días antes de su cumpleaños, Mellise se empezó a obsesionar conmigo. Me buscaba a toda hora y en clases me hablaba y hablaba sin importarle que la maestra nos regañara. Al final mis calificaciones bajaron, mis amigas dejaron de hablarme y casi todos me ignoraron, todo por culpa de Mellise.

Yo ya estaba harta, es que ella siempre estaba alejando a cualquiera que se acercaba de mi. Parecía que solo quería que yo estuviese con ella y nadie más. Un buen día le dije que ya no quería que estuviera alejando a mis amigos y ella se enojó mucho. Solo recuerdo que la discusión sucedió en el recreo, que estábamos solas en el salón y que al final cuando terminamos de pelear, ella azotó la puerta del salón con fuerza y la atoró. Me quedé ahí atrapada durante los 40 minutos que quedaban del recreo del almuerzo.

Mellise definitivamente ya no era la misma niña dulce de siempre, ahora era fría e insoportable. Hasta que un buen día, durante las clases, le mande un mensaje por carta que decía que ya no quería ser su amiga.

Reconozco que quizás fui muy dura con ella, pero no tenia opción. Cuando vi que terminó de leer el papelito se levantó furiosa de su asiento y todos en la clase se volvieron a verla. Parecía una loca, gritaba insultos a la maestra y pateaba su banco. Yo estaba boquiabierta, jamas pensé que se pondría así con un simple mensajito.

Luego, sin permiso de nadie, abrió la puerta del salón y se fue llorando. Todo el salón estaba comentando sobre aquello. Parecía ser una adolescente bipolar. Yo pedí permiso para ir al baño, como excusa para tranquilizarla, pero la maestra sabia que yo quería hacer eso y no me lo permitió. Sabía que me ganaría mínimo 3 puntos de castigo pero aún así me salí de clases.

Cuando llegué al baño traté de calmarla, pero todo empeoró. Empezó a gritarme:

-Tu tienes que estar conmigo, tu me lo prometiste, Janeth!

Y eso me espantó porque yo no me llamo Janeth, me llamo Clarisa. Tal vez solo estaba diciendo tonterías debido a su mala conducta en el salón, pero luego de que le dije que se tranquilizara y que seguía con la misma actitud no se me ocurrió otra cosa mejor que taparle la boca y pedirle:

-¡Cálmate, no puedes ponerte así!

Pero fue ahí que me mordió tan fuerte, tan fuerte como queriendo arrancarme la mano. Sin pensarlo le pegué una patada en el estomago y salí corriendo. No vi a Mellisse por muchos días después de eso. Hasta que un día me acorde que ciertamente ese día era su cumpleaños. Pensé que si iba a su cumpleaños se alegraría de verme y todo se arreglaría. Tenia todo preparado, su regalo y además me vestí con mi blusa favorita. Pero cuando llegue a su casa, el mundo tembló.

Al abrir la puerta estaban todos los invitados. Pero no era una fiesta común y corriente. Era una escena muy horripilante. Mellise estaba llorando pero al mismo tiempo estaba sonriendo. Los cuerpos delos invitados estaban encajados en palos de escobas, como si fueran marionetas. Sus ojos estaban vacíos, como si se los hubiesen sacado. Todos estaban acomodados de una manera diferente y macabra, posando para una foto.

-Sonrían a la cámara, chicos- dijo Mellise, luego me miró- Hola Janeth, me alegra que hayas venido.

-Pero, yo no soy...- le dije a ella, pero ella me interrumpió alterándose.

-Si, si eres, ahora ven y posa para la foto!

Al ver que yo no le hacia caso, me gritó y se abalanzó sobre mi. Ella tenía un cuchillo en la mano, entendí rápidamente que su intención era la de sacarme los ojos. Se reía demencialmente al mismo tiempo que estaba llorando, era una escena realmente impactante. Por accidente ella misma se cortó la mano y a mi solo me rozó el brazo. Salí corriendo de ahí y nunca volví a esa casa.

Ahora paso mis días en un lugar muy distinto a mi escuela perfecta. Voy a una especial donde me enseñan con medicamentos y donde mis únicos amigos son mis horribles recuerdos, donde por siempre recordaré la imagen de aquellas personas posando y donde como nunca podré olvidar a Mellise diciéndome:

"POSA PARA LA FOTO, JANETH!"

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