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Mark, ¿no? Así es tu nombre. Tiene significado de guerrero, alguien que lucha, me parece bien, adecuado para lo que te pido. Pero antes debes saber quien te escribe. No lo imaginarás, no debes perder tiempo ya que así como una vez se me encomendó una función yo también debo hacerlo para que resulte. Esto es una cadena por si no lo sabes. Creerás que soy un embaucador pero como verás no te pido nada. Solo un favor, así como yo cumplí los míos. Ah, mi nombre.

O13

Hola soy Lee, tal vez te suene a chica, pienso igual, aunque no es importante, sólo quería una forma de llamar tu atención. 

Como imaginarás yo era nadie, un desconocido, parte de un sistema imperfecto y parte de un rebaño, como ese de los cuentos infantiles. Pero en toda mi vida siempre supe que algo grande se escondía para mi, algo que todos ansiaban. Ahora debo empezar desde que me llegó, al igual que a ti el mensaje, lo que lees.

Yo siempre quise escapar. No sabía cómo. Si no era conocido, famoso yo no era nadie. También sabía que la Biblia mentía, las sagradas escrituras engañaban al rebaño y yo debía acabar con eso definitivamente. ¿Cómo? Nunca se me dio una oportunidad por más bueno que fuera, o así lo pensé. 

Me adentré en el paisaje y clavé mi mirada al cielo. Era odio. Contra el gran jefe y toda su creación, deseaba acabar con todo o que me regresaran a donde pertenecía. Sumando gota a gota, grano a grano de profundo odio.

Hasta ahí la vida nunca me dio oportunidad real, todo era un volador de luces, un espejismo. Caía al suelo y volvía a levantarme. Pero ¿Hasta cuándo lo haré? —Pensaba—, las caídas no eran tan dolorosas pero si acumulativas. Desgastaban los huesos, molían el cuerpo, confundían la mente y desesperaban el corazón. Las personas eran lejanas y el universo imperfecto a mi mirada. Era hora de marcharse, creí.

Antes… no quería dejar pasar una oportunidad. Si realmente el gran jefe existiera me daría una chance. La esperé por veinte años…

Lo intenté todo, incluso mi creencia me llevó al otro lado del mundo. Otro fracaso rotundo. Ya estaba a punto de terminar con todo en una sucia habitación de hotel luego de una corta estadía en el país de mis sueños cuando cayó aquella misiva negra al lado de mi pie derecho. Buena señal, entre toda esta mierda —pensé en mis adentros—. ¿Será esto lo que cambie mi destino?.

Era papel negro escrito con una rara pero a la vez fina caligrafía blanca, al final se distinguía un seudónimo “M.M.” casi podría asegurar que fue hecha por una mujer. Lo que me sorprendió fue que estaba escrita en mi idioma. Luego de esto procedí a leerla y ¡Ahí estaba!…

Por primera vez en mucho tiempo mi corazón dio un brinco de alegría. Ella o él sabían que yo era un elegido y desde ese momento el mundo sabría de mí. Mis estudios, mis viajes, mi estadía en los Marines, la experiencia recogida en otros países finalmente rendían sus frutos.

Con calma inusitada analicé. 

Aquella misiva mostraba más de lo que presuponía. Me produjo gran sorpresa encontrar descripciones tan detalladas de lugares y fechas, era casi como leer el futuro. Sin ninguna duda olvidé mi sueño en ese país y le comuniqué a mi embajada que quería volver lo más rápido, antes de Noviembre si fuera posible.

Transcurrieron los días y finalmente me instalé junto a mi mujer soviética y a mi hija en uno de los tantos Estados calurosos. Me ofrecieron un trabajo como cuidador de un viejo edificio bibliotecario con vista justo al frente de la multitudinaria calle principal donde seguramente pasaría mi objetivo unos meses después. Por intermito, dispondría de pases gratis a uno de los nuevos cines de la ciudad. Dentro de poco surgiría entre la niebla.

*****

Al tiempo llegó, a mitad de noche y desde ahí quedé en vela hasta la madrugada de ese día. Como un loco revisé las instrucciones de la misiva, probando el calibre, como cargarla y aprendiéndome el código de arma y sus complementos. Recuerdo que lo hice nuevamente a pesar de ya contar con experiencia en el disparo de esas bellezas. La habitación desde donde lo haría ya estaba equipada, solo faltaba que hiciera algunos pequeños ajustes y me avisaran desde que minuto podría instalarme a esperar mi tan preciado objetivo, mi camino a la gloria. Incluso hasta había una cerveza bien helada esperándome. No bebía mucho pero la ocasión lo ameritaba y sabía que ese día nadie lo olvidaría.

Comprobé una y otra vez la mira del rifle, lo limpié con un viejo paño que me traje de casa. Ese día hacía un calor fuerte, desértico, de infierno y yo estaba a punto de avivarlo como al fuego. Horas antes se había anunciado por radio que pasaría junto a su comitiva cerca del edificio de donde yo estaba. Siendo mostrado como un héroe, que irónico, ese hijo de puta jamás hizo algo por su país. Dándole favores a quienes no debía y dejando a quienes se oponían como terroristas. Le tenía noticias al hijo de puta cuando: jalara el gatillo sabría lo que era la libertad que tanto profesaba y sabría que nadie nos puede vencer. Solo era una marioneta del poder y sería maldecido, al igual que toda su estirpe. Y no solo él, también todo aquel que aspirara ser el nuevo rey Salomón, como el de la Biblia.

Eran las 12:30 y ya pasaba cerca, tanto que imaginé sentir su olor a borriquero, esa fragancia de reyes, la admiración que tenían por él las mujeres. Pero ya no más, no más. Su vehículo descapotable avanzaba lento, vi el reloj y marcaba seis minutos de retraso según la misiva de “M.M.” como un último instante de vida, por la alameda repleta de todos aquellos que hicieron oídos sordos y aceptaron sus ideas. Agitaban sus banderas al ritmo del tibio viento que recorría su cara perfecta. Al ritmo de una falsa libertad.

Su querida esposa le observaba feliz, ella era un sueño y una perdición para cualquier hombre. Confiaban en él como en aquella persona que definitivamente instauraría un gobierno de paz y prosperidad dejando de lado la guerra para reemplazarla por un mandato digno y admirado. Eso era una utopía y siempre lo sería, una falsedad para mis ojos y para quien me envió la misiva. Ya no tenía dudas, debía morir y que todo aquel que siguiera sus pasos viera que esto era superior a un destino o una coincidencia, un inevitable como me indicaba “M.M.”.

Fueron unos instantes más, dejé que alzara su mano derecha con la naturalidad que tienen los de su estirpe, esos que compraban todo con una sonrisa o dulces palabras. No debía fallar, sentí que una gota bajaba desde la sien hasta mi garganta aparentando una lágrima, así la sentía. Era mi última lágrima de tristeza, rechazo, esa que no emanaría de mis ojos. La historia que se repetía al igual que Caín fue victimario de Abel. Siempre las historias se repetían debido a esa maldición. Vamos, —me animé— era solo un disparo y todo quedaría sellado. Debía apuntar a su falso rostro para sacarle la horrible sensación que tenía al engañar. Disponía de pocos segundos. El dedo me temblaba, no así mi brazo. Estaba preparado, ese era el instante que soñé cuando no había destino. Debía darme ánimos, es solo un disparo. Ya no pensaba…

Y disparé…

¡Mierda! —dije—, no lo había matado de inmediato. Aún nadie se había dado cuenta. No debía ponerme nervioso, cualquier otro momento pero ese no. Apunté una vez más…

¡Mierda! —repetí—, herí a uno de sus peones y su mujer intentaba sujetarlo no dándose cuenta que él también recibía un impacto. No vio su garganta vomitar el rojo y el horror en los ojos. ¿Dónde está tu poder ahora? ¿No querías dominar? ¿No querías la paz? —le repetía mentalmente hasta perder mi respiración—.

Sus guardaespaldas solo intentaron ubicarme. Ya era tarde, el próximo no fallaría, por mis sueños, las penurias incontables que me hizo vivir tu gobierno, el mundo, estaba dispuesto a todo por no fallar. Con ese quedaba firmada su sentencia, así lo sabía. Vamos, es solo una pulsación de mi índice. Un esfuerzo mínimo de fuerza física y máximo de mentalidad. Ahora es el momento, cuando ella intenta ayudarte. Ella también debe sufrir, al igual que todo aquel que soñó contigo. Que sepan que las esperanzas si no llegan a mi, tampoco llegarán a nadie más. Y que todo aquel que quiera ser dios fracasará en sus innumerables intentos. —Versaba mi mente y espíritu—.

Llegó el momento, los sueños de un país rotos y yo soy el causante; expiro una milésima de segundo, abro mis ojos al máximo, no queda nada y…

Y disparé. La mitad de su cabeza voló manchando el rostro y ropas de su mujer. Intentaron atraparme y no lo consiguieron. Nadie lo hizo. O eso creí.

Final

“M.M.” me lo advirtió. Cometí un error, ya era tarde para volver el tiempo. Una cámara me apuntaba en el instante preciso y no fue difícil dar conmigo. Era solo cosa de tiempo que me atraparan cuando me llegó una última misiva. Hablaba de errores, que si se cometen se pagan caro. Entendí, lo acepté y como había logrado mi objetivo, tuve un último premio de consuelo. ¿Puedes creerlo Mark? A pesar de mi error se me premiaba. Te preguntarás cual era ese dichoso premio.

Bueno Mark, si de aquí en adelante atiendes mis palabras y te tomas en serio lo que leerás. Solo hay una cosa que decirte. Cuando tengas mi edad también cometerás un asesinato. No cualquier asesinato… si bien a mi me tocó uno de los reyes del reino antiguo. Tu objetivo será el rey de reyes, quien muy pronto se dará a conocer como uno de los músicos más importantes de la historia. Lamentablemente no puedo decir más. 
O1

Por mi parte me despido Mark, recibirás instrucciones de un tal James, quien a la fecha que recibas esta carta se habrá encargado de la reencarnación de el Bautista. Y con respecto a mi premio debo decirte que está frente a tus ojos. Todos los años, durante el mes de Noviembre se acordarán de mí. Me han nombrado reencarnación de Judas pero simplemente soy Lee. Recuérdelo y procura hacer bien tu trabajo, el reconocimiento te puede llegar incluso después de muerto.

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