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Tal vez algunos creerán que esto es simplemente una historia más de una mente perturbada que no tiene alguna otra cosa que hacer, pero no es así.

Los sueños, ventanas a lo que realmente pensamos, a nuestros más profundos sentimientos, pueden ser armas de doble filo. Yo era un chico cualquiera, atraído por las emocionantes historias de terror que me hacían tener pesadillas en ocasiones, pero nunca creí que alguno de ellos comenzara a suceder en la realidad, como muchos de los que leemos creepypastas desearíamos experimentar algo parecido a lo que nos imaginamos podría suceder, excepto yo desde aquella noche.

Después de haber leído más de 5 creepypastas en una noche, estaba completamente asustado, mi cuerpo se erizaba con la más mínima brisa. Chateaba con una amiga que me decía que dejara de leer eso, tratando de convencerme para que dejara de asustarme porque cosas malas podrían suceder.

Como todo incrédulo adolescente continué leyendo hasta que se hizo tarde, mi amiga se desconectó y yo me fui a la cama por orden de mis padres. Trataba de tranquilizar el nerviosismo que invadía completamente mi cuerpo en ese momento y como pude logré dormir. Comencé a soñar algo, me encontraba en algún lugar, no me era familiar, pero parecía como un laboratorio sucio y abandonado ya que las luces estaban apagadas y la única puerta que veía estaba cerrada con un oxidado candado según lo que alcancé a notar. Buscaba en las paredes algún apagador para poder ver dónde demonios me encontraba y, después de unos intentos, lo encontré. Encendí la luz y un horrible escalofrío me hizo caer de rodillas ante aquella horrible masacre de la cual mis ojos eran testigos.

Las paredes estaban llenas de manchas de sangre y restos de cuerpos desmembrados colgados en ganchos con gotas escurriendo, y un cuerpo sobre una mesa de cirugía que estaba mirándome. Del miedo me paralicé, estaba en un sueño pero no podía despertar. ¿Por qué? Ninguna parte de mi cuerpo se movía, pude sentir el dolor de ese cuerpo en la mesa cuando comenzó a moverse y gritar de dolor.

Había sido torturado cruelmente y no tenía parte de la pierna, su cara estaba desfigurada y no tenía la mayoría de la piel, trató de pedirme ayuda pero el pánico me dominó y no hice nada. Escuché como alguien quitaba el candado y por instinto me escondí debajo de la mesa donde el cuerpo a medio morir se encontraba. Un mantel largo y manchado me encubría, así que era imposible que notara que en el lugar estaba alguien más.

Escuché cómo entraba el misterioso extraño y con una voz horrible que me hizo sentir en el mismo infierno dijo: Debo terminar esto. Acto seguido, comenzaron gritos de furia intensa, escuchaba golpes de cuchillas contra algo duro, estaba cortando de seguro los huesos porque oía como pedía piedad y misericordia entre sollozos y lamentos sin recibir respuesta mientras continuaba siendo horriblemente asesinado hasta que cayó a mi lado uno de sus brazos.

Llevé mi mano a mi boca para evitar vomitar y gritar mientras lágrimas resbalaban por mis mejillas, me quedé mirando como la sangre escurría del brazo amputado. Cerré mis ojos y quería irme de ahí, mi corazón latía al máximo y otra vez esa voz endemoniada que decía: "¿Tienes miedo? Ahora es tu turno… Si es que quieres volver a tu realidad tendrás que hacerlo".

Sabía que estaba ahí, ¿cómo? Volví mi cuerpo hacia atrás y estaba mirándome fijamente, sus ojos, parecían estar llenos de furia, casi sentí que podía matarme en ese momento. Su sonrisa me hizo darme cuenta que esto ya no era un sueño y un escalofrío recorrió mi cuerpo de pies a cabeza.

-¿Quieres volver? Pues ahora enfrentarás tu miedo- dijo con una voz horrible, era tan demoníaca, parecía como el sonido de una motosierra en mis oídos. Salió y volvió con un cuerpo arrastrando, sangre escurría de una bolsa negra que tenía en su cabeza, y lo puso en la mesa, el otro cuerpo ya no se encontraba ahí. No identificaba quién era, solo pude notar que era hombre por su vestimenta.

Salí de debajo de la mesa y mi corazón latía a mil por hora, me indicaba que terminara el trabajo por él. Había varios objetos que podrían ser usados para matar detrás de mío, entre ellos un hacha ensangrentada y un cuchillo de carnicero. Me negué inicialmente, pero amenazó con terminar el trabajo él mismo. No entendí a qué se refería hasta que trajo otro cadáver, tenía también una bolsa negra cubriéndole el rostro, se la quitó y pude ver que se trataba de mi hermano.

-¿Qué le vas a hacer maldito?- grité.

Él sacó una navaja de su bolsillo y la introdujo en el estómago de mi hermano, abriéndolo como si de un animal se tratara. Sangre emanaba de su boca y sus ojos se pusieron blancos, un grito mío retumbó en aquella infernal habitación.

-Puedo arreglarlo si terminas- me dijo con era maldita voz que me infundía más y más temor.

Tomé el hacha con mis manos y de un tajo enfurecido golpeé la pierna del cadáver, sentí cómo atravesaba el muslo y parte del hueso, mi rostro se empapó de sangre y mi respiración era acelerada. Tal vez porque me incitaba gritando: "¡Hazlo! ¡Hazlo!", o por la adrenalina del momento pero no quería detenerme. Estaba cegado por la furia y cuando vi que trataba de moverse, entendí que no estaba del todo muerto.

-¡Muérete ya, maldito! -grité y tomé el cuchillo de carnicero. La voz con la que exclamé eso no era mi voz normal, era mucho más grave, parecida a la del asesino. No le di importancia y clavé la punta del arma en su corazón. Continuaba retorciéndose, así que decidí acabar de una vez con todo esto. Puse mi mano en su rostro, con el cuchillo comencé a golpear el cuello de este frenéticamente hasta que mi mano resbaló jalando la bolsa.

Lo había degollado y su cabeza rodó fuera de la bolsa. Caí en el suelo y comencé a llorar, tenía ganas de vomitar por aquella masacre que había causado y oí que una voz susurraba algo. Volteé hacia aquella cabeza cortada y tenía los labios cosidos, le faltaban las córneas. Era extrañamente parecido a mí. Decía con una voz que infundía terror, pero esta no era grave o ruda, más bien parecía una mezcla de quejidos y lamentos agudos: "Bien, lo hiciste, terminaste con tu propia vida, no te importó saber quién era tu víctima, ahora sufrirás como los otros".

-¿Qué otros?- pregunté, pero mi voz era gruesa y tosca. Me había convertido en el asesino y era mi turno de buscar otro curioso que disfrutase de jugar con lo desconocido.

Hoy al fin conseguí a un incauto que piensa terminar de leer esto. Podré volver a tu mundo, gracias a ti…

No te duermas...

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