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La niña no paraba de llorar, se alarmaba por lo oscuro tal vez, algo andaba mal en esa casa, Herman podía oír sus quejidos que no lo dejaban dormir, aun cuando estaba a varias casas, aun escuchaba sus lloriqueos, era un lugar tranquilo, ni siquiera sabia quien vivía ahí, tal vez eran nuevos, pareciera que solamente el escuchaba a la pequeña, debía ver antes de levantar sospechas, además no podía dormir, los quejidos penetraban sus oídos y taladraban su cerebro, parecía que llovía, tenia un impermeable en su closet, era de color negro y se distinguía poco, a un se escuchaban los lloriqueos, a un con los relámpagos provocados por la lluvia, a cada paso se escuchaban mas fuerte, hasta que por fin llegó, frente a la casa de donde la niña gritaba.

La cerca parecía estar oxidada, hasta rechinaba, era mas relajante que los quejidos de la pequeña, cuanto mas caminaba mas cesaban, era como si quisiera que descubriera algo, llego a la puerta, parecía cerrada, hasta que el ruido de un estruendoso relámpago pareció abrirla, los lloriqueos al fin pararon, al momento de retirarse la puerta se cerro dejándolo adentro, parecía por dentro mas grande que por fuera, estaba oscura, pero por suerte siempre cargaba su encendedor, le gustaba fumar, lo acciono y la llamarada parecía iluminar un poco donde estaba, al final del pasillo, estaba algo o alguien, cubierto por una sabana blanca, parecía que jugaba con un oso, se acerco lentamente, parecía que la figura seguía llorando, tal vez era la pequeña niña, lloraba cada vez mas bajo, hasta terminar en un suspiro.

-Pequeña, estoy aquí...- dijo Herman acercándose lentamente a la sabana blanca, parecía pequeña, tal vez era la niña que atormentaba su sueño, la figura se acercaba de igual manera, arrastrando un pequeño oso, parecía que algo escurría, un liquido rojo destilando de la sabana, la luz del encendedor se apago, unas risas se apoderaban del cuarto en el que se encontraba, subiendo las escaleras, volvió a accionar el encendedor y volvió a iluminar aquel ligar, frente a el solo estaba la blanca sabana, todo parecía terminar, tan solo había sido un reflejo, a un estaba adormilado, se dirigió a la puerta mientras unos lloriqueos provienen de la habitación contigua, al pasar la puerta estaba cerrada, pero había luz dentro de ella, de un leve empujón la puerta cedió, dando paso, entro sigilosamente, parecía la cocina, pero había algo extraño, en la ventana pasaba la luz del sol, mientras una niña se encontraba sola desayunando cereal.

Herman se acerco a ella, parecía que no lo veía o solo lo ignoraba, al acercarse pudo ver su cráneo, su cabello era demasiado lacio y de un completo tono negro, parecía cantar, pero su voz era demasiado baja, de su cabeza un hueco estallo, destilando el vital liquido rojo, aun así seguía desayunando, como si nada hubiese pasado, la puerta estallo en llanto, una mujer se encontraba observándolo, la pintura de sus ojos parecía que se corre con sus lágrimas, era de un color negro, a un estaba en bata, parecía que acababa de despertar o era lo que decía su enmarañado cabello rubio.

-Tu la mataste maldito, fuiste tu...

Corrió hacia el, llevaba una hacha de un color rojo y plata metálico, sus dientes se mostraban un tanto sucios y afilados, una carcajada salia de su garganta, era tan seca, parecía ronca con un timbre alto y descompuesto, Herman cayó al suelo, mientras cubría su cabeza con sus brazos sollozaba, no podía comprender los que pasaba, aquella mujer empuñaba entre sus dos manos el mango del hacha, soltó aquellos chillidos mientras su corazón daba mas de mil latidos por segundo, se escuchaba el estruendo en las paredes hasta que la ventana estallo y de nuevo fue de noche, la habitación estaba vacía, los cristales esparcidos por el piso, había un plato sobre una maltratada mesa, de el tazón salían gusanos y cucarachas, sobre el mosaico cubierto de polvo unas manchas marrón rojizas estaban esparcidas por el suelo, sangre, era sangre derramada de aquel distante día.

Pero quien era esa niña, no la conocía pero a la vez se clavaba en su pensamiento, aquella mujer intentaba asesinarlo, en el pasillo crujían las escaleras, paso a paso se escuchaban mientras un sonido que retumbaba trataba de asustar -aggrr, grrr- era como si fuese a estallar, mientras el sonido de un goteo constante chorreaba por la madera vieja.

Aun no salia el sol, la noche aun reinaba, se asomó aquel oscuro mundo que ocultaba crujidos, miro unos pies, parecían muertos de un azul pálido, casi grisáceo, gruñía aquel cuerpo, era pequeño como de un niño, la distancia se acortaba, cinco escalones mas, mientras seguía gruñendo aquel ser, un ropaje llegaba a sus talones, de un descolorido y polvoriento gris, mientras unas esqueléticas manos se asomaban, faltaban partes de carne en los dedos, la que quedaba era verdosa al igual que descolorida, la sangre se deslizaba suavemente a través de su ropaje, unas luces entre lo oscuro se asomaban, de un color rojo de muerte.

Cuatro, tres, bajaba los escalones, dos, se acercaba mas y mas, uno, hasta tocar el piso lleno de barro, un desgarrado vestido, totalmente mojado, sus hombros estaban ocultados por un cabello largo de un color negro, su rostro seguía ocultado, solo emitía ese sonido al igual que las luces carmesí, tan brillantes como la sangre recién derramada.

-Papí.-aquel ser emitía con un voz dulce e infantil, mientras se acercaba extendiendo sus brazos, era una figura asquerosa y repugnante, pero a la vez sentía algo bueno por ella, tomo su torso, y lo llevo a la cúspide de su cuerpo, el cabello de la niña aun olía a un champú muy familiar, de entre su cabello brotaba un charco de sangre, parecía algo pegajosa, parecía que no dejaría de salir, la mañana empezaba a filtrarse por las pequeñas rendijas de las ventanas, un rostro de una pequeña niña, su piel blanca, sus pequeños labios eran tan pequeños y sus dientes se asomaban por ellos, las luces rojas se fueron aclarando hasta mostrar unos angelicales ojos azulados, la carne de sus brazos se fue reuniendo hasta dejarla como una bella niña, su vestido grisáceo se convirtió en uno de color claro con encajes floreados.

- Papá.- dijo la dulce niña, la miro a sus ojos, de un inmenso azulado, era su padre, lo sabia, su corazón lo presentía.

- Mamá nos espera.- se dirigieron a las escaleras, mientras paso a paso subían los escalones, eran diez en total, abrieron una puerta, una cama se encontraba frente a ellos y ahí estaba, su querida esposa, su rizado cabello rubio caía hacia sus pechos.

Un grito se desprendió de la garganta de la joven mujer, no sabia la razón de su grito, sus ojos salpicaban lágrimas, había un espejo, se miro en el, se encontraba totalmente cubierto de escopeta en su brazo derecho, mientras aquella mujer se acercaba mas, mientras su bello rostro se deformaba, acciono el gatillo y una bala salio penetrando su corazón.

Salio de la habitación, como lo había hecho, debe ser solo una pesadilla, entro al baño, abrió la regadera, mientras el agua se estancaba en la tina, se desnudaba, aunque la sangre aun así cubría su cuerpo, sobre la mesa que se encontraba un jarrón de flores estaba una nota de periódico. \'\'Hombre loco asesina a su familia\'\' en la parte posterior de las letras desgastadas por el agua estaba la foto de el mismo desnudo colgado sobre el cortinero de la tina, entro en la fría ducha, llevaba su camisa sobre sus manos, la paso sobre las cortinas para después atarla a su cuello, se encontraba al filo de la bañera, por el espejo dos pares de ojos lo miraban, mientras resbalaba.

Su cuello se aprisionaba, se sentía asfixiado, moría, mientras la pequeña se acercaba -papá- fue la ultima palabra que escucho. Abrió sus ojos, Johnny McCurdy no podía dormir, los chillidos de una pequeña niña lo despertaron, se filtraban por su ventana y llegaban a sus oídos, salio de su habitación y llego a una casa demasiado vieja, parecía abandonado, la semana pasada un loco había asesinado a su familia, pero sentía que algo lo llamaba a entrar.

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