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Sierpes3
 Esta es mi historia recuerden que la incredulidad mata...Antes de comenzar a contarles mi narración, van a permitirme que les haga una pregunta. ¿Sienten repulsión por algún animal?.

Si, asco por algún animal en concreto. Si este es su caso, lector, le voy a hacer una advertencia que nunca debe de olvidar. Guárdelo en secreto, no le cuente a nadie su manía, repito, no se lo cuente a nadie, a nadie, ni al mejor de sus amigos; repito, hágame caso y si puede lea el relato titulado: SERPIENTES Soy un hombre maduro, eso creo.

Tengo 35 años, me llamo Luis y estoy casado hace diez con una mujer tres años más joven que yo. Se llama Laura. A pesar de lo largo de nuestro matrimonio no hemos tenido ningún hijo, pero vivimos muy felices, ya que mi mujer es maravillosa.

Yo trabajo en una gasolinera ocho horas diarias, y cuando regreso al hogar cansado, mi adorable esposa me tiene ya preparada la cena, siempre suculenta, riquísima. No me canso de hacer halagos a mi mujer, ella es buenísima, nunca que yo recuerde hemos discutido y eso si que es difícil tras diez años de matrimonio. Pero todo es gracias a ella, nunca se queja de nada, aguanta todas mis manías por tontas que éstas sean. Si, porque yo tengo algunas manías, bastantes de ellas, ridículas.

Pero la más terrible de todas es una repulsión atroz hacia las serpientes. Las odio. Me repugna el pensar en su cuerpo escamoso y viscoso, su piel fría, y su lengua retráctil. Hace poco, dieron un documental en la televisión sobre estos animales. A los pocos minutos tuve que desconectar el aparato porque no podía soportarlo. Un sudor frío empezaba a perlar mi frente y un pequeño temblequeo se apoderaba de mi cuerpo. He ido a bastantes médicos y todos me han dicho lo mismo; no se preocupe, no tiene importancia, eso se le pasará, además no es tan grave como usted cree.

Eso piensan ellos; pero tenían que ver lo que me ocurre cada noche. Siempre igual. Me asaltan unas horribles pesadillas en las cuales cientos de serpientes de todos los tamaños se abalanzan sobre mi, cuando están a punto de destrozarme me despierto bañado de un sudor frío y con el corazón palpitándome como una locomotora. Miro alrededor y veo a mi mujer dormida plácidamente, entonces me calmo y vuelvo a dormirme tranquilamente. Hará una semana, fuimos con unos amigos al zoológico; íbamos muy contentos, habíamos visto ya casi todos los animales cuando nos dirigimos al sitio de las serpientes. Recuerdo que había dos, un macho y una hembra; eran dos cobras. Me miraban como con odio, igual que yo a ellas; de pronto el macho dio un salto hacia adelante como queriendo atacarme. A pesar de que el recinto estaba cerrado con cristales di un salto hacia atrás.

Mis amigos no se dieron cuenta, pero si mi mujer, la cual me abrazó fuertemente a la cintura, diciéndome al oído: "No te preocupes cariño, vámonos a casa". También recuerdo que un vecino nuestro es muy aficionado a esta clase de bichos. Tiene siete serpientes, algunas de ellas gigantescas como una pitón de dos metros y medio de longitud. Es un hombre muy amable y simpático; pero para mi es como si fuera la persona más grosera del portal. Nunca he ido a su casa. Mi mujer si; ella nunca ha dicho nada, ella me comprende. Mi manía, creo que es debida a una situación que me ocurrió en mi infancia cuando tenía seis años. Unos gamberros de mi barrio me cogieron y me ataron a un árbol.

Después cazaron una serpiente pequeña y me la empezaron a pasar por mi cuerpo sin que llegara a tocarme. Yo gritaba como un loco y cuando por fin se cansaron del espectáculo, la mataron y me la colocaron en la cara. Aquello fue algo superior a mis fuerzas, y me desmayé. Cuando desperté estaba en mi casa atendido por mi madre. En fin, este es el relato de mi terrible manía. Sé que a alguna persona le parecerá estúpida. Pero para mi es un verdadero suplicio.

Espero que me comprendan como me comprende mi mujer. Y si alguna persona tiene una manía semejante a la mía desearía que tuviera a alguien en quien confiar como mi esposa Laura. -Bueno, ya he llegado del trabajo, he cenado y ahora me voy a acostar. Laura se ha quedado en el salón viendo la película que ponían en la televisión.

Yo no he querido quedarme, prefiero dormir que mañana tendré que madrugar. Ya me he metido en la cama; que caliente...¡¡¡Un momento!!!. ¿Que es esto que estoy tocando con los pies, tan frío y escamoso. No será... Laura, ven, corre, la cama está llena; Laura por favor, la cama está llena de..... SERPIENTES... Del salón llegó únicamente como respuesta una diabólica carcajada... -Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, jaaaaaaaa...

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