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Siempre creí que los monstruos solo existían en las películas; no me asustaban mucho porque sabía que no eran reales. Ahora sé que me he equivocado y lo estoy pagando poco a poco; en este lugar del que estoy tan seguro, jamás saldré...., al menos, no con vida.

Todos los chicos de mi edad solían jugar fútbol o videojuegos, en cambio yo solía pasar mi rato libre leyendo historias de misterio o mágicas dado el caso. Mi vida la pasé tras los libros, pues bien decía yo eran la llave para un futuro lleno de metas y logros.

Ayer por la tarde decidí ir a la biblioteca de la zona. No quedaba muy lejos de mi casa, así que podía ir con toda la confianza de que no me pasaría nada. Entrando, noté que aquel lugar tan grande tenía un aroma especial, un aroma tan extraño y a la vez rancio, que podía confundir hasta el más fuerte olor a rosas.

No obstante, me dirigí hacia la zona donde se encontraban los libros de misterio y terror, ese pasillo sí que me daba miedo, pues en el olor era muy distinto al de la biblioteca entera; el olor de aquel pasillo era aún más lóbrego y siniestro que el olor de mi sótano, aunque pensándolo bien me gustaba más el sótano.

Observando detenidamente las estanterías repletas y buscando un buen libro que leer, mi mirada se detuvo en uno de estos, pensado: este libro no era como los demás, este tenía algo especial o quizás era el color de la pasta con que lo habían encuadernado.

El título no era tan llamativo como su contenido, una vez que me senté a leer no despegué mi mirada de aquel libro que, para ese entonces, era interesante. No me percaté de la hora hasta que el encargado apagó las luces, fue como me di cuenta de que estaba encerrado en aquella construcción.

Sin poder hacer algo, decidí recorrer la habitación. Aunque no lograba ver bien en la oscuridad pude hallar una linterna en uno de los cajones del escritorio que ocupaba el encargado de ahí.

Decidí recorrer cada uno de los pasillos de la inmensa construcción, quizás fue ahí mi primer error; al pasar por la zona de terror me percaté de que alguien me seguía, una respiración agitada se escuchaba por toda la biblioteca. Fue ahí cuando me di cuenta de que no estaba solo.

Lentamente me acerqué a una puerta que estaba justamente delante de mí, con un movimiento un tanto brusco logré abrirla y entrar en ella para después cerrarla de golpe; nunca antes había estado en esa habitación. Es más, jamás había visto esta puerta antes.

Una vez ahí encendí la linterna, fue ahí cuando me di cuenta de que lo que veía no era algo normal en una biblioteca. Era como un tipo laboratorio en el que hacen experimentos, había varios instrumentos y varias mesas, no podía creer lo que estaba presenciando.

Hasta el fondo de aquella habitación logré distinguir una puerta más, me dirigí hacía ella y sin pensarlo dos veces entré. Un escalofrío invadió mi cuerpo y la piel se me hizo de gallina: una prueba más de que aquella biblioteca encerraba más que libros de terror y misterio, un enorme secreto que para mi mala suerte jamás podré revelar.

En esa habitación no había mesas de laboratorio, sino cadáveres en putrefacción. No sabría decirles de qué o quiénes eran estos cuerpos. Lo que sí puedo decirles es que quien hizo esto... no era humano.

En un escritorio a un costado de la habitación había unos papeles con fórmulas extrañas y algunas operaciones abstrusas. La última hoja disipó todas mis preguntas, hubiera deseado no haberme enterado de que aquello que me seguía en el pasillo de la sección de terror era una criatura que ni los productores de cine podrían haber creado.

Una criatura fuera de lo común y sobre todo de mi imaginación era el habitante de aquel laboratorio, un animal (si es que así podría llamarlo) sediento de carne humana es lo que estoy apunto de describirles.

Este animal o criatura era simplemente la fusión de tres animales distintos, una fusión entre un lobo, oso y un león, una mutación bastante extraña que con solo pensar en esta criatura se me eriza la piel.

Estaba tan concentrado leyendo estos papeles que no me percaté de que el animal estaba en el laboratorio, pude darme cuenta gracias a que el animal hizo un ruido o más bien lanzó un rugido bastante escalofriante.

Tiré los papeles y corrí a esconderme bajo el escritorio, después de esto el animal entró. Sus patas eran tan fuertes que con un solo golpe podría matarme, sus ojos de un fuerte amarillo y grandes como la misma luna, su piel parda.

Estaba tan asustado que salí corriendo al extremo de la habitación donde se hallaba una última puerta. Casi al acercarme a ella, el monstruo dio un salto y me pescó de una pierna arañándome hasta dejarme sangrando, el olor de la sangre hizo que sus ojos se pusieran blancuzcos y lleno de pequeñas arterias rojizas. Sin pensarlo le di una patada en la cara y logré escaparme. El monstruo lanzó un aullido demasiado siniestro que me heló la sangre. Huí a la última habitación, dejando tras de mí a la horrible criatura que ni el mismo Satanás pudo haber creado.

No tenía adónde correr: solo había un montón de cajas. Decidí esconderme entre ellas y juré no salir de ahí. En ese mismo instante entró el monstruo, su respiración se escuchaba tan agitada como la mía.

Ahora me encuentro entre las cajas, no sé qué hacer, pues la criatura está esperando al más pequeño ruido para poder atraparme... Tengo miedo, y por primera vez no quiero que la luz esté encendida, pues para cuando me encuentren será demasiado tarde.

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