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-¡Miriam, apúrate que nos va a dejar el avión!

-No puedo encontrar mi pasaporte, dame sólo un minuto...

-No puedo creer que se te haya ocurrido buscar lo más importante a última hora

-Déjame en paz, sabes que soy así por descendencia, no te creas perfecta.

Con todo lo que ocurría en la vida de Alicia y su hermana Miriam, el estrés y la preocupación crean un ambiente muy tenso, no había ánimo para nada más que seguir con su propósito, si es que, por lo que la relación de hermanas que antes era de unión y compañía no muy alegre, se volvió aún más callada, espesa, dejada; a Miriam le venían sus ataques y desmayos de tanto en tanto, su salud estaba aún más delicada con todos los acontecimientos, era necesario salir de todo cuanto antes.

Ya a 40 minutos de haber despegado, Alicia cuidaba que Miriam no se despertara de su siesta, necesitaba dormir ella también, pero esos anillos de compromiso que cambiaba de mano y contemplaba no la dejarían en paz hasta que aquella idea clave llegara a su cabeza.

¿Por qué tendría que necesitarlos para descubrir al culpable?, quizás fue alguien cercano a la persona que entregó esos anillos en la boda, o, también la persona a la que su padre le compró las joyas, fue un hombre, al parecer de nombre Raúl, que no tenía muy buena presentación, no era de confiar, pero ofreció las argollas a un precio muy conveniente, por lo que no importó la desconfianza y tal vez el posible peligro, no lo volverían a ver nunca más.

Se quedó con esta idea en la cabeza en el momento en que sintió esa brisa "paternal" subir por sus pies y que la hizo estremecerse. Los pensamientos en su mente se hicieron presentes:

-¿Qué ocurre? ¿Qué quieres que vea? ¿A qué tengo que ponerle atención? no ha aparecido nada nuevo, o quizás... ¿Tiene algo que ver ese tal Raúl?, no puede ser, ya no hay manera de saber qué es de él, no puedo dejarme llevar por esas sensaciones de que quieres decirme algo, padre, necesito más ayuda, tengo que descubrir a los culpables de tu terrible tragedia, por favor, no quisiera hacer todo esto para nada, ayúdame...

Las lágrimas cayeron lentamente por sus mejillas, sentía que tenía demasiadas responsabilidades cargadas a su espalda, pero no podía flaquear, tenía que mantenerse fuerte, demostrar valor, o responsabilidad, a esas alturas ya no sabía, algo o "alguien" la impulsaba a hacerlo.

Ya en el aeropuerto internacional, decidió no entrometer demasiado a Miriam, ya con su enfermedad sería demasiada impresión cualquier susto, por lo que la llevó a un hotel relativamente atractivo, así como para pasar en tiempo, y la dejó a cargo de un botones, para tomar rumbo a la casa donde, según el último informe de Investigaciones sería su residencia durante su estadía en ese país, era un lujoso caserón en un sector rural, estaba rodeado de bosque.

Dio 3 toques a la puerta y después de un razonable tiempo esta se abrió para dejar ver a una mujer extrañamente bien cuidada, como si nada hubiera pasado; miró de pies a cabeza a Alicia para darse cuenta después de unos segundos a la persona que tenía frente suyo, sus ojos se abrieron como si hubiera visto un "fantasma"

-...¿Alicia? ¿de verdad eres tu?- Su voz tenía un notable sentimiento de miedo.

- Si madre, soy yo. Vengo porque debo hablarte de algo muy importante.

-..Emm.., te pediría que por favor te vayas, no es por ser mala, pero....

-No me interesa si quieres que me vaya o no, tendrás que recibirme en tu hermosa casa con mucho gusto, como debiste hacerlo en el debido tiempo - dijo Alicia decidida e irónicamente, para después pasar al interior de la enorme y hermosa casa.

"Así que esto fue lo que logró con el dinero de mi padre", pensó.

Sandra cerró la puerta tras de sí, sabía que algo malo había pasado, quizás para Alicia, quizás para ella.

-¿Te ofrezco algo Alicia?, quizás vino, o quieres jugo...


-No vine a visitarte, no quiero nada. Solo deseo que me respondas unas preguntas.


-Emm.. claro, si quieres te ayudo en lo que necesites, pero el trato que me estas dando no es el más justo considerando que...


-¿Considerando que? ¿que eres mi madre? ¿y tu que?, ¿que acaso consideraste que eramos tus hijas cuando nos dejabas en la calle a merced de todo cuando se te ocurría hacer fiestas en casa? ¿o cuando se te ocurría no dejarnos entrar a la casa ni darnos de comer durante días? No tienes ni un derecho a reprocharme nada, no te mereces nuestro respeto, ni menos las cosas buenas que te han pasado, solo mira lo que has hecho con el dinero de mi difunto padre, te llevas la buena vida con el costo de su muerte...

En el momento en que Alicia termina esta frase, aparece un hombre desde el sector de la cocina, vestido con ropa de casa y pantuflas de descanso, un hombre que se le hacia muy familiar, esa cara, esos gestos, quizás conocía a su padre. No puede ser, ese era, ¡Raúl!...

-¡¿Qué está ocurriendo aquí mujer?!, -Su voz era temeraria, no era de confiar.

-Nada Raúl, sólo una visita, pero ya se va, ¿Cierto, Alicia no estaba dispuesta a irse, no después de esta sorpresa que obviamente Sandra no le iba a decir.

-No, claro que no, no me voy hasta resolver esto.- La voz del Grande se hizo escuchar.

-Te han dicho que te vayas, si no quieres que yo te saque de mi casa.

-Tu casa? no, esta es la casa de mi madre, de ella, tu no vives aquí.

-Pero claro que vivo aquí!, y Sandra no tiene hijos!

-Claro que si tiene hijas! dos, para tu información, yo y mi hermana Miriam!

La expresión de Raúl cambió de la soberbia al más grande espanto, como si aquellas últimas palabras hubieras abierto sus ojos a otra verdad, dentro de esa familia llena de dejación y mentiras.

-¡No puede ser! ¡Mujer, me dijiste que aquel hombre no tenía hijos! ¡¿Qué me has hecho hacer!? - Sandra no sabía que hacer, su expresión era de mucho miedo y descontrol.

-..De..de qué estás hablando?

- ¡Me las pagarás mujer! ¡Ni todo el dinero que me ofrezcas pagará lo que has conspirado, ni lo que yo he hecho!

Raúl salió corriendo de puerta del patio de la cocina, dejando dentro de ella a Sandra, con la intención de escapar detrás de él, pero detenida rápidamente por Alicia y reducida al suelo.

-Alicia, yo te puedo explicar, esto es un error...

-Tu fuiste! tu enviaste a Raúl a matar a mi padre! ¡¿Pero que es lo que estabas pensando, por Dios?!

-Tu no sabes por lo que yo pasé durante todo ese tiempo, tu te había ido de la casa, Miriam estaba internada en el hospital, yo estuve muy mal de salud, hasta que me detectaron una extraña enfermedad, claro que si te hubieras preocupado un poco por mi lo hubieras sabido...

-¿Así como tu te preocupaste de nosotras? ¿Cómo tienes cara para reprocharme todo esto? - En ese momento Alicia sintió esa sensación que es ese momento estaba feliz de sentir, era mucho más fuerte, mas poderosa, iba a hacerse ver, no le cabía duda - Ahora pagarás por lo que has hecho, tu avaricia te dará tu merecido.

En el momento en que Alicia terminaba de decir eso, a su lado, la presencia se materializaba para dejarse ver, tal como Alicia lo vio en el estacionamiento, su difunto padre se dejó ver ante los ojos de Sandra, quien ya de pie a 2 metros de ellos, no podía mover un músculo, no podía creer lo que estaba viendo, el horror la dejó clavada al suelo pero no la segó.

-Si es verdad lo que ves, Sandra, no corras, o será peor- Alicia no sentía miedo, sino victoria, al fin conocía la verdad, y no ella, sino su mismo difunto padre cobraría venganza por lo ocurrido.

Sandra al reaccionar, salió corriendo por el mismo camino que Raúl, se perdió entre los árboles, en todos los troncos veía el rostro o el cuerpo del padre de Alicia, el terror era demasiado, no podía correr más, lloraba desconsolada pensando en que éste sería el fin, hasta que llegó a encontrarse frente a frente a algo que probablemente no la haría resistir más: vio ante sus ojos a Raúl colgado de una rama de un árbol, ni él resistió la culpabilidad al saber que había destruido a una familia completa, no sólo a un matrimonio que no resultó, la avaricia lo cegó y lo llevó a cometer un crimen y escapar, crimen quizás más grave que su último acto, ya que el suicidio lo libraría de vivir encarcelado, pero no sabía lo que venía después.

Sandra, al ver esto, lanzó el primer grito desesperado, y además el último, ya que al voltear, se encontró cara a cara con su difunto marido, quien con un gesto de victoria, dejó ver en su mano otro lazo, con el que le anunció su fin a esta mala mujer. Alicia caminaba a paso decidido, si bien con lágrimas en los ojos, con un sentimiento de sacarse un gran peso de encima, sentimiento que no cambió al ver frente así a Raúl y a su madre colgados del mismo árbol, junto a la silueta de su padre, que con una sonrisa en la cara, se hizo una última brisa que pasó por todo el ser de Alicia con una vibra de agradecimiento y paz.

Despidió a su padre para siempre en silencio, saboreando la victoria y el alivio, por fin volvería a su aburrida pero pacífica vida, no tendría en la cabeza la incertidumbre de lo que de verdad pasó. Sintió felicidad ya que le contaría a su hermana que se hizo justicia por lo que la hizo empeorar su estado de epiléptica, mientras el alma de su padre descansa en paz junto a Dios, el alma de Raul y su madre pasarían el resto de la eternidad pagando por sus enormes pecados, sufriendo mucha tristeza y dolor en el más profundo infierno.

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