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Para ellas experimentar este nuevo comienzo era excitante y prometedor. El día que se cambiaron pidieron mi ayuda, ya que traían cosas muy pesadas y una litera donde pensaban dormir.

Este "departamento" estaba dentro de una vecindad de estilo colonial ya muy antigua, donde se respiraba un ambiente algo hostil, no comprendo hasta hoy en día que les hizo llegar ahí.

Cuando entré con ellas al departamento el clima estaba helado, un ambiente desolado, demasiado oscuro, un olor a viejo y polvo excesivo hundían al departamento en un contexto sombrío y lleno de tristeza, como si rogara por las vidas joviales y risas de sus próximas ocupantes.

-¡Vaya! Hay mucho que hacer en este lugar.

-Y... ¿Por dónde vamos a empezar?- preguntó Paulina titubeante. Sugerí que barrieran, trapearan y sacudieran mientras yo subía el resto de las cosas.

Ya entrada la noche decidí irme a mi casa (ya que no pensaba dormir ahí). Limpio el departamento tenía otro aspecto, pero ni de esa forma cambiaba la esencia sombría y el mal de ese lugar se desprendía. Mientras me despedía de Sandra, escuché a Paulina gritar como loca:

-¡Vengan a ver!

-¿Que demonios te pasa Paulina? Nos acabas de espantar.

-Es que algo se movió allá adentro.

Cuando vi que señaló a un viejo armario se me heló la sangre.

-¿A-ahí adentro?

-Sí, lo acabo de ver. Por favor, revisa que tal si hay ratas u otra cosa peor.

Armándome de todo el valor que me quedaba, me acerqué con mucho cuidado (y miedo) para no ahuyentar a la cosa que fuera que se encontraba allá adentro.

Tomé la puerta corrediza con una mano y con la otra me apoyé en el suelo y poco a poco fui asomando la cabeza hasta hundirme en lo oscuro, dentro olía a humedad y a podrido. Mis ojos comenzaban a acostumbrarse a la oscuridad cuando vi algo arrastrándose con cautela junto a mí y, por un instante... ¡Me acaricio la mano!

Solté un grito de angustia y abrí de golpe el armario, lo único que nuestros ojos alcanzaron a ver fue "algo" que se arrastraba a toda velocidad por un orificio que había en la pared, como un hoyo de rata.

Nos pusimos pálidos y nos miramos por unos instantes. Al pasar el susto decidimos poner unos ladrillos bastante pesados (por lo menos para un animal) y una trampa para ratones.

Después de esa noche salí bastante asustado y jamás he regresado a aquel lugar, hasta este punto es donde a mí me consta lo sucedido, pues yo vi con mis propios ojos el departamento, el armario, lo que me rozó y el hoyo en la pared.

Según Paulina y Sandra, esa noche durmieron sin problemas y nada las despertó, ya que el cansancio de ese día las tiró en la cama hasta el amanecer.

La presión del primer día de universidad las traía de un lado para otro comprando todo lo necesario. Justo un día antes de entrar a la universidad compraron pizza y se sentaron en el suelo de duela a recordar viejas anécdotas hasta la noche, afuera caía un diluvio, parecía que el cielo se caía a pedazos.

A mitad de la conversación se fue la luz lo cual daba por concluida la plática de esa noche. A la hora de acostarse Paulina que ese día le tocaba dormir en la parte superior de la litera (ya que decidieron turnarse los lugares) se fue a dormir primero, momentos después escucho acostarse a Sandra. Las luces de los carros que por la noche pasaban alumbrando la ventana creaban sombras que se plasmaban de forma retorcida y espectral sobre la pared en una danza macabra que para ellas era preferible ignorar, la tormenta ya había terminado.

Paulina estaba casi completamente dormida cuando comenzó a oír ruidos, como pequeños rascados muy fuertes, demasiado fuertes que provenían de aquel viejo armario. Estos eran cada vez más desesperados, comenzaron a sonar casi como los quejidos de un pequeño animal. Aquello que se encontraba ahí tenía que salir, en cada rasguño se escuchaba su necesidad y, de repente, sin más se detuvo. Paulina por fin fue vencida por el sueño.

Después de algún rato, no sé cuánto exactamente, Sandra, que ya estaba dormida, empezó a sentir un ligero cosquilleo en la pierna, un roce suave que la recorría poco a poco con cautela. Sandra, al percatarse, abrió rápidamente los ojos y buscó por un instante el causante, al no ver nada volvió a apoyar la cabeza en la almohada y empezó dormir tranquila de nuevo. A los pocos minutos otra vez comenzó a sentir unas caricias suaves y heladas que la tocaban con mas fuerza y decisión, estas a cada instante subían por su pierna, su cintura hasta posarse sobre su seno. Sandra, entre sueños, poco a poco fue abriendo sus ojos hasta mirar horrorizada una mano que salía por abajo de su cama en el espacio entre la litera y la pared, esta oprimía su seno con tanta fuerza que la lastimaba. Su garganta se cerró, su cuerpo estaba paralizado, sin respuesta a la agresión que sufría, por un instante se sintió desmayar hasta que logró hacer un grito desgarrador, aterrado, lleno del horror que la amenazaba.

Paulina y la mayoría de los vecinos la escucharon. Cuando salieron corriendo, lo único que oyeron entendible de Sandra mientras estaba llorando, temblando y gritando, fue:

-¡Alguien se metió! ¡Nos quiere hacer...!

Los vecinos tomaron palos y cuchillos y se metieron a revolver todo en busca del supuesto intruso que jamás encontraron por ninguna parte. Todo mundo se quedó con la idea de que fue un sueño o una ilusión, algunos creyeron que estaban ebrias o algo peor, pero Sandra estaba segura de lo que vio, aquella mano grande, fría y tosca tocando su cuerpo...

Cuando todo estuvo tranquilo se metieron otra vez al departamento, pero lejos de descansar, para Paulina fue algo raro no el hecho de ver el armario abierto si no también los ladrillos movidos y la trampa para ratas activada pero no le dio importancia.

Al siguiente día, después de su primer día como chicas universitarias, decidieron ir al centro comercial y olvidarse de lo sucedido viendo ropa y chicos. Pero la ilusión duró poco era hora de regresar al departamento y dormir.

Sandra, ya en el departamento, comenzó a ponerse muy nerviosa. No dejaba de ver a todos lados finalmente decidieron no dormir en las literas si no en unos sillones pequeños algo incómodos, se dieron las buenas noches y se dispusieron a dormir. Yo creo que esa noche no debieron de regresar.

Ya entrada la noche Sandra, que siempre ha tenido el sueño más ligero, escuchó unos "rasguñitos" muy semejantes a los que había escuchado Paulina la noche anterior, estos de repente parecían pequeños chillidos. Sandra, llena de desesperación, jaló fuertemente el brazo de Paulina despertándola de un sobresalto.

La puerta del armario comenzó a abrirse centímetro a centímetro hasta que se dejaron ver unos dedos asomándose entre la abertura, y poco a poco comenzó a salir una mano grande, tosca de uñas largas y amarillas de piel carcomida y acartonada. Podían verse sus vellos secos, era como la mano de un muerto y se movía como tal.

El horror fue aún mayor cuando al terminar de salir del armario se dieron cuenta que esta no tenía dueño, no era más que una mano y parte de un antebrazo que utilizaba los dedos como las patas de una araña para poderse arrastrar hasta donde estaban ellas sentadas.

El terror se hizo presa de las chicas, quienes solo miraban y oían con atónito horror el chillido como cuando rasguñas una pizarra de tu escuela. A cada "paso", las largas uñas de la mano rasguñaban la duela creando como un chillido el chillido de ansiedad de la mano por poseerlas.

La siguiente parte para ambas es confusa por lo que supe Sandra se desmayó y no recuerda más. Paulina solo sabe que sacó a Sandra y que se quedó soltando gritos de angustia y de terror ya afuera del departamento.

Fueron internadas en un hospital privado y al siguiente día dadas de alta, Paulina aún habla muy poco. Sandra es la que me contó casi todo lo que he relatado.

Dicen que el día que fueron a recoger las cosas del departamento sus papás y un hermano, el hoyo ya estaba tapado con cemento, pero podían verse hendiduras en las puertas del armario, como pequeños rasguños.

Tiempo después me enteré de que la gente decía que en esa casa una señora había tenido un problema con su marido y lo había matado en la riña. También no se si sea cierto o esto salió después, pero de igual forma decían que le cortó en trozos y lo único que no encontraron los peritos fue un brazo.

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