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-           Dime donde estan! – Lo golpea - ¡Dímelo! – Lo vuelve a golpear.

-          ¡Que no se! Solo fui a sus reuniones  un par veces.

-          Mentira… No te importo lo que le hacías a los demás. Te sacare la verdad sino es que te saco las extremidades primero – James le rompe la nariz de un puñetazo - ¿Sabes qué es esto? Estas en un potro, así que habla ahora maldito cuervo.

-          ¡Que no se nada!

-          Me canse – El torturador comienza a tirar de la palanca de la maquina.

-          ¡Mis brazos! – El torturador lo ignora y sigue con el castigo. Se podía oír el crujido de los huesos aun bajo la melodía de sus gritos - ¡Me vas a matar, para!

-           Habla

-          ¡No sé nada!

-          Suficiente – Él saca una daga – Lo hare lentamente, así que dime – Él comienza a cortar horizontalmente sobre la axila del sujeto, bien sabiendo que su piel se desgarraba poco a poco por la estiración del instrumento de tortura - ¿Dónde están Los Cuervos Emisarios de Satán?

-          ¡Aahhhh! ¡Mi brazo! ¡Se está desgarrando! – James hace caso omiso y vuelve a tirar del potro y sigue cortando lentamente - ¡Hablare, hablare! ¡Deja de cortar!

-          ¿Sabes qué? No me importa, ¡Eres  solo una maldita basura como todos los demás! ¡Te voy a desmembrar y desgarrar todo! – Osbourne vuelve a accionar la maquina y entierra toda la daga en la axila del pobre condenado.

-          Señor, pare, no vale la pena, es su ira la que habla – dijo su fiel pero inmutable segundo al mando, Fadeih

-         

-          Señor, lleva días así, algo le molesta, o me equivoco?

-          Tienes razón… Y no es el hecho de no encontrar a esa secta.

Optando por un sitio en el que pudieran conversar a gusto, ambos se retiraron a la carpa general (sí, carpa, es un circo después de todo, ósea que sería su sala general)

-          ¿Puede decirme que ha pasado por su mente los últimos días?

-          Estoy atrapado.

-          ¿Atrapado?

-          ¿No lo ves, Fadeih? ¡Estoy atrapado! No soporto trabajar para Slenderman, es un monstruo que solo destruye vidas, pero estoy obligado por mi deuda con él, y no puedo si quiera pensar en traicionarlo, me eliminaría como si nada…

-          Ya veo.

-          ¿Cómo puedo estar trabajando para aquello que tanto odio? ¿Acaso mi deuda con él es de por vida? Ni siquiera podemos hacerle frente…

-          Señor, por lo que me ha dicho de él, parece que hablase de un demonio, un ser de maldad incomprensible, un ente de poder muy superior. Yo nunca lo he visto y no nos lo ha descrito a fondo. ¿Cómo es ese hombre que tanto miedo infunde en usted?

-          Ya te dije, es un monstruo. Con o sin ayuda dudo lograr algo, además… Destruirlo significaría perder algo que amo.

-          ¿La señorita Evangelin?

-          Sí, ella lo idolatra. Es como su mentor, a quien más respeta y a quien le debe todo. Además, estuve pensando… Creo que fue un error estar con ella en primer lugar.

-          ¿Por qué lo dice?

-          No nos parecemos en nada. Prácticamente ni la conozco, en solo unos días nos “enamoramos”. Fue tan solo la pasión del momento, no veo motivo para que nos gustemos.

-          ¿Y entonces por qué esta con ella?

-          “Está”, está mal dicho, porque hace un mes que no la veo, siempre es así por nuestros oficios. Ya te dije, solo fue la pasión del momento, nos dejamos llevar por nuestros primitivos deseos humanos sin pensar en nada.

-          Pues, lamento oír eso señor. En mi opinión, la señorita Evangelin es una chica encantadora y creo que hacían una linda pareja. Note que ella siempre disimula sus emociones, aunque no lo hace muy bien, la verdad…

-          Linda pareja… Como sea, supongo que cuando la vuelva a ver discutiré las cosas con ella, aunque… Sigo pensando que el haber estado con ella y lo de Slender han sido errores.

-           Bueno señor, en mis años he aprendido que los pecados vuelven para ser pagados. Y hablando de ello, El Gremio sigue enviándonos advertencias porque usted no les ha entregado niños, solo adultos, y que si no se cumplen sus demandas, tomaran medidas.

-          Cierto, el anterior Maestro capturaba niños que venían a ver el acto del circo, sin embargo, nunca me explicaste para que los querían. Bien dijiste que los pecados se pagan.

El joven James decidió tomar un paseo por la ciudad para aclarar sus pensamientos. Esta ciudad era nueva para él, ya que su circo viaja por el país. Esta vez no vestía con su típico Fraque de Maestro De Pista, sino con un look más juvenil, cargando una sudadera de un rojo carmesí y unos jeans tan negros como su cabellera que casi le llegaba a sus hombros. El torturador nunca salía sin llevar al menos algo de color rojo que combinase con el negro que de igual forma siempre llevaba, esos colores eran lo que lo identificaba y, desgraciadamente para en esta historia, lo delataban, casi tanto como lo delata su cabello o su doble cicatriz en forma de “X” en la mejilla izquierda.

-          Es bueno salir de vez en cuando, esta ciudad es linda, hace mucho que no vengo aquí. No venía desde hace años, después de todo, esa ciudad queda cerca de donde vivía. Creo que comeré algo y tomare un descanso.

James va a por un perro caliente y una malteada en la tienda de una estación de servicio, camina por la ciudad mientras come hasta llegar a una plaza, alumbrada por el bello brillo de las bombillas durante la noche y toma asiento en un banco mientras se termina su malteada.

-          Algo está mal… - Él noto que en  un banco algo lejano había un hombre con abrigo que le resultaba familiar – Estoy seguro de que vi a ese sujeto en la estación de servicio – dijo mientras sorbía su bebida – Bueno, de seguro es mera casualidad. Bueno, creo que lo mejor será seguir caminando, quiero conocer esta ciudad más a fondo, quizás halle diversión o vea algo interesante.

Torture decidió caminar por los callejones más sombríos, los suburbios más deteriorados, las lugares más mal hablados, sucios y a los que la gente normal prefería evitar. Él observaba la decadencia de interés humano, solo para formularse el porqué el hombre hacia lo que hacía, siendo causante de la desdicha y aun así, los hombres que la causan se quejan. ¿Tan poco se interesan las personas las unas a las otras? ¿Tan egoísta es la gente? ¿Por qué las personas se dejan consumir por su propia miseria sin hacer nada al respecto? ¿Es que acaso su egoísmo es tanto que ni se interesan en sí mismos como individuos?, eran las preguntas que se formulaba sin entender el porqué alguien se vuelve malo por una simple codicia absurda.

-          Ya veo porque Snake siempre dice que los humanos son denigrantes y asquerosos… - dijo, por más que deseaba creer lo opuesto. Si algo caracterizaba a James, era su fe en la humanidad, que aun después de todo lo que ha visto y vivido, conserva un poco de esa fe.

-          Concuerdo.

-          ¿Eh? – James volteo para ver de dónde provenía la voz - ¡Oh! Eres tú, te había visto en la tienda, y también en la plaza.

-          Curioso el destino. Como dije, concuerdo contigo, la humanidad es uno de los seres más peligrosos, y posee las para filias y gustos más repugnantes que se pueden  imaginar. Lo he visto con mis propios ojos al igual que tú, y créeme, ha sido difícil mantener la cordura…

-          Te comprendo. Disculpa, pero, ¿Quién eres? Al principio cuando oí tu voz creí que serias un ladrón, pero es claro que no lo eres.

-          Soy como tú, alguien que solo observa este mundo y se pregunta el porqué de todo. Si estas en un lugar como este tú solo, me supongo que sabes defenderte perfectamente, así que no tendrás miedo de pasar un tiempo conmigo para charlar, ¿Qué dices?

-          Acertaste, si me doy el lujo de pasar por estos lugares, es porque me se defender, así que acepto, vamos a charlar a algún sitio – dijo, sin poder evitar una ligera sonrisa, regocijándose de sí mismo.

Ambos se estuvieron en un bar, donde las horas pasaron, debatiendo, discutiendo y cuestionando el mundo y aquellos quienes lo habitan quienes se hacen llamar sus dueños.

-          ¿Sabes? En este mundo realmente nada importa, solo importas tú, porque lo que hagas, bueno o malo, cambie algo o no, al final no interesara. Si haces algo bueno, por más que te parezca grande, como salvar una vida, no importara, porque quizás esa vida en realidad no tenga valor y esa vida no hará nada que valga la pena, quizás no haga nada que ayude a otro, o simplemente lleve una vida mediocre.

-          A veces he llegado a pensar así.

-          Mira chico, si haces algo bueno, no interesara, porque no será permanente, al final esa acción será olvidada, igual que tú una vez que mueras, solo serás otro nombre desconocido en otra lapida desconocida que nadie recordara décadas después, y tendrás suerte si tienes una lapida con tu nombre en vez de quedar tirado en un rio o en medio de la nada. Vive para ti, y solo para ti, porque al final, este mundo es indiferente  a tu existencia y a la mía.

-          ¿Así que crees que es mejor simplemente morir, hacer lo que queramos sin pensar en las consecuencias o a nuestra ida al cielo o al infierno?

-          Sí y no. Si yo fuera Dios, ¿Crees que dejaría a mis hijos sin guía alguna en este mundo? ¿Crees que ignoraría que pederastas, codicioso o extremistas justificaran sus ruines actos excusándose diciendo que lo hacen en mi nombre? ¿No te das cuenta que, sin importar que Dios, que religión, la gente se mata y se pelea  en nombre de sus deidades porque  “es lo correcto”? ¿Y cómo crees que se sientan las personas cuando mueran y descubran que no hay Dios? Se sentirán como los mayores idiotas de la existencia.

-          Ya veo. Yo creo que vale la pena ayudar, se siente bien saber que hago algo bueno, siento satisfacción de saber que soy apreciado, de saber que mejoro las cosas, pero siento aun más placer al torturar a aquellos que solo viven egoístamente para sí, hacerles ver a esas escorias que no son nada más que míseras plagas, insectos. Hacerles ver que no deben esperar a ir al infierno, porque el infierno viene a por ellos, y que el que les espera luego de la muerte es mil veces peor. Pienso que si los castigo en vida, se darán cuenta de sus errores, y así les ahorro tener que visitar al diablo. Que paguen sus pecados en vida y no en muerte.

-          Interesante tu forma de ver el mundo. Yo la verdad detesto la tortura, porque después de todo, no es culpa de los humanos ser así, al menos, no del todo.

-          ¿Ah sí?

-          Sí,  no es  completamente culpa de un ladrón o de un asesino robar o matar, es culpa del mundo. Ese chico no ha tenido quien le inculque verdaderos valores, no ha tenido ejemplo a seguir, a veces es la necesidad, a veces solo ha dejado guiar por sus deseos egoístas, la sociedad, la demás mugre del mundo ha sido su ejemplo a seguir. No es su culpa, y como no creo en el infierno ni el cielo, creo que lo mejor es acabar con esa vida de forma misericordiosa, porque no es su culpa ser así, y no podemos cambiar a esa persona, pero si podemos dejar que la muerte lo abrace, porque es la muerte la que nos acoge y nos perdona. Es el sueño luego de un arduo y cansado día de trabajo, ¿entiendes?  Y aquellos que se mantienen firmes, cuerdos y honestos en esta vida están condenados a ver los horrores del mundo y, a veces, volverse también como esas personas que detestamos. En resumen, con solo vivir, ya estamos sufriendo.

-          Me complazco en llamarte un filósofo. Una pregunta, ¿Tienes idea de lo que es hacer tu cometido, tu voluntad, pero sabiendo que no importa porque estas bajo el mando de aquello que tratas de exterminar? ¿Saber que no puedes acabar con ese opresor no solo porque no puedes, sino porque al hacerlo, perderías lo único que tienes y que amas?

-          Parece que acabas de describir mi vida.

-          ¿Básicamente, crees que debemos vivir egoístamente solo para nosotros para darle valor a nuestra breve  e insignificante existencia, y que solo debemos preocuparnos de nuestra felicidad, por lo tanto, dando la felicidad de los demás igual?

-          ¡Oh, no!, ¡Por supuesto que no! Si lo que a ti te gusta es ayudar a los demás, perfecto,  estás viviendo como quieres vivir, eso te hace feliz y es lo que importa en esta ridícula y absurda vida nuestra. Además, haces que las vidas de los demás puedan ser más felices, y si vamos a estar sin razón en este mundo, más vale disfrutarlo.

-          Amén.

-          ¿Podemos ir afuera un momento? Tengo algo que decirte y es confidencial.

-          Bien, vamos… ¡Oh! – dijo James que por poco se cae por solo levantarse, debido a las varias botellas que ya había tomado – Estoy algo ebrio, pero se pasara rápido…

Ambos fueron a un callejón cercano.

-          Acércate  - dijo el sujeto y James se acerca, y este se fija en el rostro del hombre, viendo que es un hombre joven, quizás de 24 años, rostro delgado y bajo su sombrero tenia cabello negro del cual caían dos mechones largos y delgados en su frente. James no había podido verlo bien antes ya que este se cubría el rostro con el abrigo y el sombrero – Escucha, James, me agradas – Este apuñala a James a un lado del estomago con una navaja.

-          ¡Ahh!... ¿¡Por qué!? – dijo el adolecente apenas el sujeto retiro el cuchillo.

-          Que te quede claro que aunque me agrades no dudare en matarte.

-          ¿Entonces qué quieres? – dijo mientras se cubría la herida.

-          No has querido mandar niños a la organización como se te pidió, así que vengo de parte de mis jefes a arreglar las cosas contigo.

-          ¡Claro que no se los quise enviar, ni se los enviare! No sea que es lo que hagan ustedes, pero no les entregare a nadie, no soy como el antiguo maestro del circo.

-          El era uno de nuestros mejores proveedores, viajaba por este país de estado en estado, con la farsa de un simple circo para encontrar y enviar extranjeros a la organización, pero tu simplemente viniste y tomaste su lugar, hiciste lo que se te vino en gana y usaste medios que note pertenecen para tus propios ideales. no tienes idea de las perdidas comerciales que hemos tenido. O cumples las demandas o te extermino como me ordenaron.

-          No me digas, de seguro tus jefes son un montón de pederastas, eso seria taaaan raro – dijo con  sarcasmo.

-          No. Son como tú.

-          ¿Como yo?

-          Ellos ejercen la tortura, como tú. La tortura es un buen negocio, sabes? Muchos de donde vengo pagan por poder torturar y/o matar a otros por mero placer, aman el dolor ajeno. Algunos les gusta torturar a quien sea, otros prefieren ser castigados por masoquistas y otros aman torturar a niños… Que miserables. Pero claro, la organización no puede arriesgarse raptando niños en su ciudad, habría seria investigaciones, no es como cuando un ebrio o una puta desaparece y nadie hace nada al respecto... Por eso muchos de los jóvenes raptados son enviados de otros países, o a veces simples turistas que vienen a nuestras tierras. Pero, por qué tu no haces lo mismo? Ganarías bien, y lo sabes, tú conoces la repugnancia y hasta dónde puede llegar el ser humano por satisfacer sus fetiches, mis jefes lo saben porque son iguales o peores que sus clientes,  ellos aman su trabajo y tu amas el tuyo. ¿No es mejor ganarte la vida haciendo lo que amas?

-          Ya te dije, yo no torturo solo por simple placer de castigar. Tus amos solo torturan porque les gusta, no les importa quien sea, no les importa las vidas que destruyen, yo torturo a quienes se lo merecen, a aquellos que destruyen, contaminan y arruinan este mundo, escorias que causan desgracia a los demás por su egoísmo, la escoria como tus jefes. Odio, enserio, odio ver como esas personas se salen con la suya, riéndose en la cara de los demás porque saben que nadie los reprenderá ¡Yo torturo porque amo castigar a los culpables, amo ver como se retuercen y como suplican perdón, amo ver como dejan de reír y comienzan a llorar! ¡Me vuelve loco el ver y el pensar que hagan lo que les viene en gana sin llevar castigo ni culpa, y peor aún, creyendo que tienen el derecho y que pueden por creerse superiores! ¡Eso me enloquece, son como clavos en mi mente!

-          Como quieras, no te tendré piedad por más que nos parezcamos y estemos en contra de mis amos.

Él velozmente vuelve a sacar su navaja tratando de cortar a James, pero este da un salta rápido hacia atrás y el hombre del abrigo trata de darle una patada lateral en el rostro a James pero este lo bloquea con su brazo izquierdo, para luego tratar de darle un puñetazo pero el hombre esquiva con facilidad al apuñalado James el cual cae de rodillas por la debilidad del desangrado, y el sicario se le va acercando apuñalarlo por la espalda pero James saca de entre su sudadera una de sus dagas y desvía sus ataques.

-          Te dije… - este respira agitadamente por la herida – si vengo a un lugar así, es porque se me defender.

James se levanta y comienza a dar varios ataques con su daga, pero el sicario los desvía y esquiva todos, así que James rápidamente lo patea en el estomago, este retrocede y James le da un puñetazo con la daga en mano para causar mayor daño y el sujeto cae pero hace caer a James con una patada desde el piso y rápidamente toma compostura y trata de clavarle a James a navaja en el cráneo, pero este rueda esquivándolo y se levanta rápidamente, a la vez aprovechando para cortar al asesino en la rodilla con su daga.

-          Es cierto, sí eres bueno, con razón venciste a tu antecesor.

-          (No puedo vencerlo, no aun, la herida no me lo permite y estoy ebrio, lo mejor será huir) –Pensó.

-          ¿Qué sucede?

-          (Tendré que usarlo, es la primera vez que lo pruebo) Disculpa, será en otra ocasión – Osbourne lanzo una bomba de humo al suelo y huye subiendo por las escaleras  externas de un edificio.

-          No escaparas – saca su pistola con silenciador de su abrigo, pero antes de poder dispararle, el chico le lanza una daga a la mano - ¡Ah!

El joven huyo, saltando de techo en techo, caminando de cable en cable cual equilibrista que era, hasta alejarse lo más que pudo, logrando llegar a un hospital a las afueras de la ciudad, a orillas del bosque.

-          Debo curarme, deprisa…

-          ¿Nombre? – le pregunto la enfermera que atendía.

-          Ehhm, James, James Osbourne.

-          ¿James Osbourne? Ese es el nombre del chico desaparecido hace dos años.

-          Una simple coincidencia de nombres, ahora por favor, ¡Alguien que me atienda, llevo una hora así! – dijo sin quitar la mano de la herida.

James fue a con el doctor, el cual dijo que tendría que abrir la herida y revisarla y curarla, pero para ello necesitaría anestesiarlo, a lo que el joven se niega diciendo que no tenía tiempo para ello y que se apresure, a pesar de las advertencias,  así que James muerde su brazo para no concentrarse en el dolor de las incisiones y de los puntos hechos.

-          Tienes suerte, la herida casi te llego al vaso, tuve que hacer cinco puntos y además vendarte, te diría que no tendrás molestias pero no aceptaste la anestesia. ¿Dices que alguien trato de robarte y te apuñalo? ¿Y qué te sucedió en todo el torso y en la espalda?

-          Así fue, y respecto a lo demás en mí, no se preocupe. En fin, gracias doctor, ahora me retiro… ¿Oyó eso? – dijo Torture al oír un muy breve, pero conciso grito.

-          Sí, la verdad sí, me pareció la voz de una de las enfermeras, iré a ver, tu espera acá y trata de no moverte mucho o agacharte.

El Doctor sale del consultorio a averiguar el origen del grito.

-          Demonios… Si tan solo hubiese venido mejor preparado…

El Doctor entra lentamente al consultorio.

-          Bueno Doctor, aquí tiene el pago, disculpe pero me debo... ¿¡Qué!?

El Doctor había al suelo, desangrándose por una herida en la espalda y detrás de él de nuevo estaba el sicario.

-          No te sorprendas, llevo aquí mucho antes que tú llegaras, era evidente que buscarías ayuda. Odio los hospitales, ver persona sufriendo indefinidamente, y lo peor, personas ya condenadas con casos terminales. Por eso me debí en el forzoso deber de terminar con su lamentable dolor.

-          Maldito…

-          No hay cosa más horrible que saber que tu fin es inminente e inevitable, causa una gran desesperación en el individuo, por eso yo siempre mato por sorpresa, ahogo sus gritos, así no tengo porque molestar a aquellos que aún les queda vida. Lamentablemente, cometí un descuido, la enfermera me vio, no tuve de otra, y luego el Doctor. Esto es lo que odio de mi trabajo, matar a quienes no lo merecen – El soltó unas cuantas lagrimas.

James se levanto súbitamente de la camilla y lentamente retrocedía del sujeto que ya tenía cuchillo en mano. Él joven sabia que poca ventaja tenia, ya que sus cosas estaban en la recepción, debía ideárselas. Osbourne tomo rápidamente de una bandeja, un tarro de Alcohol que lanzo al asesino, pero este solo lo esquivo para posteriormente esquivar un bisturí, para luego ver que el chico había tomado la bandeja con las manos por ambos lados, que, corriendo hacia el sicario, uso para empujarlo y derribarlo hacia afuera de la habitación.

Él asesino trata de levantarse y sigue a James por los pasillos, mientras trágicamente algunas enfermeras se le atraviesan y este se ve forzado a rebanarles los cuellos o dejarles una bala en el cráneo, todo con tal de alcanzar a su presa.

-          ¡Debo ir, debo prepararme!

El joven se adelantaba bajando por la escalera a saltos, hasta llegar al primer piso donde precipitadamente tomo sus cosas y escapo saltando y rompiendo una ventana, a ojos de todos los pacientes en la recepción. Desgraciadamente, la policía ya había llegado y estaban esperando afuera.

-          ¡Maldición! – pensó, mientras le apuntaban.

El sicario pronto salió del edificio por la puerta principal, y estuvo a punto de disparar a James con su arma con silenciador, pero inmediatamente los oficiales apuntaron a él y uno le disparo en el hombro izquierdo, dado que era zurdo, y aprovechando la distracció, James uso una bomba de humo y huyo cuán rápido pudo, pero no puedo evitar que una bala lo alcanzara en el brazo derecho.

-          ¡Maldita sea, hoy todo me sale mal!

Torture corría con gran dificultad entre los árboles, rezando por qué no ocurriese algo más esa noche. El recorrido a su hogar era doloroso y abrumador con esas heridas que cargaba, se detenía cada tantos metros para reposar, rezando por no desmayarse por el cansancio y por llegar al circo.

-          Fadeih… - llamo con voz seca y una respiración  agitada - ¡Fadeih! – grito con la pocas fuerza que aún le quedaba hasta desmayarse.

El Sol, ardiente y brillante, cegaba su vista, interrumpiendo su sueño.

-          Al fin despierta, han pasado seis horas, perdió algo de sangre y estaba deshidratado.

-          ¿Curaste mis heridas?

-          Así es, descuide, hice los procedimientos de siempre para que no le queden cicatrices o marcas. ¿Qué le sucedió?

-          Un sicario… Dijo que era de la organización, que estaba aquí para reclamar el pago, pero como veras, me negué.

-          Un sicario… Para saber cual de cientos… ¿Como era él?

-          Era… Joven, vestía de negro y con una personalidad un tanto depresiva, pero algo bondadosa, de un modo algo retorcido.

-          Creo que ya se quien es, sí, debió ser Camus.

-          ¿Quién es ese?

-          Una vez alguien en la organización capturo a una pordiosera y su hijo, y bueno, de seguro Camus ya le dijo lo que hacemos allá a la madre de ese niño la torturaron hasta la muerte, pero uno de nuestros jefes, uno de los más despiadados, exigió que lo dejáramos vivir y que nunca lo torturáramos, al menos no físicamente.

-          Valla…

-          El niño sufrió bastante, nunca fue sometido a alguna de nuestras torturas, solo se lo sometió a ver como los demás sufrían y como clientes y los empleados gozaban sin fin, día y noche. Llego a formar lazos emocionales con varios de los secuestrados en muchas ocasiones, se apiadaba de ellos, por lo que a veces llegaba a ayudarlos a escapar, pero el resultado siempre era el mismo. Los descubrían siempre en pleno escape, y el jefe ordenaba a matar a los internados de formas sumamente dolorosas, siempre a los propios  ojos del niño, y el jefe le decía con una sonrisa “Esto lo causaste tú mismo”, y así fue muchas veces hasta que dejo de ayudar a los torturados.

-          Que lamentable… yo la verdad entiendo perfectamente lo que es esa situación…

-          Con el tiempo, ya no le asustaban ni le perturbaban esos actos inhumanos, solo veía y observaba con una mirada apagada y sin palabra que saliera de sus labios, pero nunca perdió la lastima ni la pena hacia esas almas. Para el jefe era un diversión ver como la humanidad iba desapareciendo de su ser, el mismo le enseño que la vida humana poco sentido tenia, que la existencia es solo para el autocomplacimiento y que no importa lo que hallas en vida, porque al final, no serás recordado y solo serás un cadáver más bajo tierra.

-          Pobre.

-          Eso ultimo le quedo claro cuando el jefe aun noche  lo llevo consigo hasta un cementerio y le mostro la tumba de su madre. La organización había dejado el cadáver de su madre botado en un callejón días después de su muerte, la policía lo encontró y obviamente la enterraron, y años después, el chico vio la tumba por primera vez. “Aquí yace sin nombre, otra mujer victima de su propio pecado, habitante de las calles que solo perjudica la vida de las personas rectas con sus actos, robando y tentando a los buen encaminados”

-         

-          Según el chico, su madre tan solo era una mujer pobre que no hacía daño a nadie, dijo que nunca hizo nada como robar o vender su cuerpo. Ver esa lapida fue el último clavo que le hacía falta al chico para ser quien es ahora. La lapida no tenia nombre, no tenía fechas, ni siquiera la de su muerte, solo decía eso.

-          ¿Y qué sucedió luego?

-          Los años pasaron y él ya casi no hablaba. Con el tiempo los raptados fueron desapareciendo, muchos en realidad. Se lo informamos al jefe y le dijimos que debíamos hacer algo al respecto, pero el solo se reía y nos decía que esperáramos, que venía lo mejor. Meses después lo descubrimos, el chico ayudando a un rehén, pero esta vez no lo liberaba del centro, no, los liberaba de su sufrimiento, de su vida. Resulto que el chico los guiaba a una alcantarilla cercana, diciéndoles que era la salida, para después cortarles las gargantas mientras les decía que ya eran libres del dolor. Encontramos al chico con decenas de cadáveres en putrefacción, y al verlos, el jefe solo se echo a reír como nunca.

-          Valla… Es una pena, pero, no me siento muy sorprendido.

-          El chico no tenia nombre, así que con los años lo llamamos “Camus” por su actitud tan pesimista. El jefe quiso que se ganase su lugar en la organización, así que se convirtió en uno de los mejores sicarios, y aun con su deshumanización, aun conserva algo de compasión en su ser. El jefe, viendo su poca humanidad, lo habilidoso que era y que causaba menos ruido que un muerto, lo convirtió en uno de los mejores sicarios.

-          Hmm… Bueno, no le sentiré lastima ¿Cómo lo hallo?

-          Él no ataca por el día, a estas horas se dedica a descansar e investigar. Pero no lo dude, él lo encontrara a usted, pero si quiere encargarse de esto esta noche, haga algo para llamar la atención.

-          Fácil. Ahora, trae las nuevas armas, empezare a entrenar un poco.

Torture, aun con el dolor, comenzó a entrenar para estar en forma para el combate de la noche, entrenando con las nuevas armas que le habían sido proporcionadas. Él mando a llamar a aquellos que siempre traían carne nueva al matadero, ósea, quienes espiaban y capturaban a aquellos que merecían castigo según la filosofía de James. Quienes más que los mismo que le enseñaron al joven maestro el arte de cómo transportarse por donde fuese, los equilibristas, los funámbulos, los trapecista, acróbatas, todo aquel artista de circo que hacían de ojos y oídos para su amo en la ciudad hiendo de techo en techo.

-          Bueno, ya lo saben, traigan cuantos puedan y llévenlos a este edificio abandonado en el este de la ciudad, yo llegare más tarde.

-          Sí señor – dijeron sus secuaces y estos fueron rumbo a la ciudad a cumplir su cometido

-          Lo mejor será que descanse un poco y aclare la mente… Daré un paseo rápido ya que es de noche – pensó.

James dio un paseo por la ciudad, esta vez a su modo y más precavido, llevando su traje de maestro de ceremonia, con todo y armas, además, no recorría las calles, recorrías las azoteas, saltando de allá para acá, lejos de las miradas indeseadas.

-          No es tan divertido y mucho menos tan relajante como había pensado, me hubiese gustado más un paseo normal... Me pregunto qué estará haciendo Dark… ¿Qué demonios hago? Pensando en ella que casi nunca la veo y con quien ni siquiera tengo un lazo fuerte, no entiendo que hago con ella sino tenemos nada en común. Cada día ambos tenemos el riesgo de morir, yo podría morir en cualquier momento y estaría a cientos de kilómetros y ella quizás nunca se enteraría. Sí, de seguro solo estamos juntos por la emoción de aquel momento, no porque sintamos algo real por el otro. ¿Eh? Ese sonido, y esas luces ¿Por qué hay luces saliendo del museo a estas horas de la noche y que fue ese ruido?

Con cautela y con la duda comiéndoselo pedazo por pedazo, James llego hasta el techo del museo para luego ir descendiendo por las paredes con el mayor cuidado posible – Algo así a como Ezio se infiltra desde el exterior al interior en distintos lugares en ACII o Brotherhood para espiar y entrar sin que lo detecten , para que tengan claro como se mueve James y tenga que dejar de explicárselos con tanto detalle, ya, lo dije - tratando de avistar que sucedía por alguna ventana y lo que vio fue… Nada.

Sí, nada, ni un solo guardia, ni un alma, todo lo que llego a avistar fue una luz, la misma que había avistado antes, que venía de una sala del museo que no podía ser vista con claridad desde afuera, por lo que tuvo que entrar por una descuidada pero muy conveniente ventana abierta. ¿Qué daño hacia para alguien con sus habilidades mironear en un lugar así?

-          No, no, no… No puede ser, no esta noche. ¿Cómo vine a encontrármelo a él esta noche?

Los cadáveres estaban regados por toda la sala, secos y deshidratados cual momias y en la pared, al fondo de la sala, había un gran y bellísimo mural de un hombre boca abajo, desangrándose en un invernadero, iluminado a través de un techo de cristal por un majestuoso atardecer, contenía casi todos los tonos de rojo que el ojo humano podía ver. Había rosas, claveles, flores de navidad, rosas chinas, entre otras flores rojas y algunas rosadas entre arbustos y macetas. Dentro también se hallaban varias mariposas revoloteando o posándose, unas sobre las flores sorbiendo el néctar, y otras sobre el cuerpo inmóvil, sorbiendo la sangre que teñía la ropa del pobre cadáver. Podría considerársele una obra maestra, aun a pesar del tipo pintura que se uso.

-          Falta poco, muy poco, solo unos detalles más en las alas y… ¿Eh? – volteo la cabeza para observar una silueta en la oscuridad hallada en la entrada a la sala - ¿Me olvide de alguien? Un momento… ¡Eres tú!

-          Sí – se limito a decir por la tétrica escena con los montones de cadáveres apilados por la sala.

-          ¡Tú, sí, tú! ¿Cómo te llamabas? Nunca lo supe, o simplemente no lo recuerdo…

-          Soy  James – dijo fríamente – Con que ese es tu rostro. Hazte un favor y colócate la máscara que esta sobre la mesa.

-          Oh – El se pone su máscara que había dejado en la mesa junto con los tarros de sangre y los pinceles – Lo lamento, es que con la poca iluminación debía quitármela. ¿Qué haces aquí?

-          Vi una luz que escapa del museo y quizás investigar.

-          Bueno, ya estás aquí, como ves estoy trabajando. ¿No te parece hermosos? Me entere de que las mariposas y las polillas sorben la sangre que brota de las heridas. ¡Es fascinante! No me resistí, tuve que hacer este mural. Pensé que ya era hora para que las personas reconocieran mejor mi talento. ¿Y tú qué opinas?

-          Opino que te conviene la máscara. Ya bastante de afeminado tenias con tu cabello, tu vocecita, y tu actitud.

-         

-          En fin, me voy.

-          ¿Espera, no vas a hacer nada? ¿No vas a pelear? ¿No te enloquece que haya matado a tantos? Bueno, fue por una causa noble. Escuche que capturas y castigas a todo aquel que haga atrocidades sin recibir pena alguna, ¿Así qué porque no me detienes?

-          No quiero desperdiciar mi tiempo esta noche, y mucho menos tengo interés de relacionarme en algo tan mediocre como esto – Él le da la espalda.

-          Dices reprender a cualquiera que ensucie el mundo, pero me pasas por alto, a mí, que he tomado la vida de cientos, y peor aún, convives con asesinos que matan indiscriminadamente y por servir ciegamente a un monstruo sin escrúpulos.  Así que dime, ¿Solo eres héroe cuando te conviene? Eres un hipócrita, ves el crimen a tu alrededor pero bajas la cabeza como todos los demás.

El joven no volteo a responderle, solo siguió su camino fuera del museo pero con un muy grave gesto que combinaba aborrecimiento y furia. Casi se podía oír en el edificio el eco de sus dientes rechinando. “Algún día, algún día dejare de ser el perro de Slender, y a ti te enseñare a tener la boca cerrada” se dijo para sí mismo en voz baja mientras salía por donde había entrado, y siguió su camino, rumbo al lugar donde se llevaría su plan acabo.

Ya eran las 2:00 cuando James llego al lugar acordado elegido para su plan, un edificio residencial abandonado y casi en ruinas, con las ventanas bloqueadas por tablas, un asmático no hubiese aguantado ni 2 minutos dentro con ese polvo. Dentro lo esperaban sus subordinados, pero tendría que subir a los pisos superiores para hablar con quien dejo a cargo. Se debía ser cuidadoso al subir por las escaleras, tablones flojos y podridos, escalones faltantes, todo por las termitas, pasamanos caídos. El sitio no tenia electricidad desde hacía años por lo que Torture había ordenado que se instalara un generador, aunque la demanda de electricidad para los fines del plan era alta, por lo que tuvieron que escatimar en iluminación para el sitio, y los bombillos que se usaban eran rojos, que no eran más que los mismos que se usaban en el circo como luz ambiental para los actos, aun así, la luz era escaza en el edificio, no se debía forzar el generador.  Finalmente llego al antepenúltimo piso, donde entro a uno de los apartamentos, el se usaba como sala general y de descanso.

-          ¿Cuántos trajeron, Mijaíl? – dijo a el líder de los acróbatas y el encargado de llevar a cabo el plan, ya que Fadeih se encontraba cuidando el circo.

-          Unos 40, más o menos.

-          Se nota, se oyen los gritos en todo el edificio, los llevo escuchando desde hace 3 cuadras. ¿Lo hicieron tal cual dije?

-          Sí, fuimos a los sitios más lúgubres, oscuros y decadentes de esta ciudad y los capturamos a ojo y oídos de todos, pero claro, nos aseguramos que no nos siguieran.

-          ¿Y los carteles?

-          Dejamos los carteles puestos a las cercanías de la mitad de los sitios donde secuestramos a las personas, mírelo usted mismo, aquí uno de los tantos que hicimos.

Última oportunidad, única y exclusivamente esta noche, vengan al distrito urbano del sureste de la ciudad. Habrá todo tipo de prácticas, desde para los pecadores ocasionales, hasta para las mas ruines sanguijuelas. ¡La escoria no parara de gritara! Le esperamos.” Es lo que el poster decía, y encima tenía el dibujo de un sombrero de copa de lazo rojo.

-          Les quedo bastante bien, al igual que el sitio.

-          Gracias señor.

-          Con solo colocar carteles en las cercanías de tan solo la mitad de los sitios, evitamos la atención de la policía, y no hay que preocuparse de que a él se le pase por alto, es su trabajo rastrear a los demás. Ahora, iré ver las habitaciones.

Personal salía y entraba de los apartamentos, uno tras otro, llevando consigo todo tipo de cosas, cuchillos, martillos, pinzas, taladros eléctricos; todo tipo de objetos, y varias veces tenía que entrar el personal de limpieza a recoger o lavar el desorden. Torture en un principio sintió orgullo al ver como su ideal de justicia era ahora una realidad, ver como esos que lucraban y vivían a costa del trabajo y dolor de los demás eran castigados. Pero a medida que veía el fruto de su esfuerzo, empezaba a reflexionar. Apartamento tras apartamento, grito tras grito, llanto tras llanto, todo junto conformaba una constante e inalterable sinfonía, que aunque sublime, resultaba monótona al poco tiempo.

-          Comienzo a aburrirme… - El galante joven se arto de ver las torturas de los miserables, por lo que prefirió quedarse apoyado sobre la pared a meditar, con la galera cubriéndole parte del rostro – ¿Sera que me aburriré de todo esto algún día? Digo, ¿Qué clase de estilo de vida es este? Solo me la pasare así, día tras día, año tras año, torturando a uno tras otro, sobreviviendo de quienes quieren matarme, y todo bajo la fachada de un maestro de pista y líder de un circo que apenas puedo sostener. Con todo esto me he aislado demasiado de la sociedad. ¿Cómo hubiese sido si no hubiese escapado de casa? ¿Si hubiese tenido una vida relativamente normal? Quizás algunas novias, algunos rompimientos, tal vez una vida tranquila y sin arrepentimientos en un hogar acompañado de mis hijos… ¿Pero, realmente una vida normal es lo que quiero? Me pregunto si también me aburriría de una vida así, o si valdría la pena vivir como todos los demás.

-          Señor – dijo Mijaíl

-          ¿Sí?

-          Ya está llegando, lo avistamos hace dos cuadras, varios de nosotros ya están en posición para recibirlo, como usted pidió.

-          Muy bien, yo seguiré acá.

-          Iré personalmente y lo guiare hacia usted.

-          Por cierto Mijaíl… Muchas gracias. Creo que si no fuese por su lealtad por haber vencido al maestro, ustedes no harían nada de lo que les pidiese, cierto?

-          En cierta forma no. En cierta forma ya hacíamos esto cuando vivíamos y trabajábamos en Europa, aunque a personas muy distintas y con fines distintos.

El subordinado de James bajo hasta el primer piso a recibir a Camus que ya entraba por la puerta.

-          Buenas noches señor Camus, mi amo lo espera en el antepenúltimo piso, yo le guiare.

-          Bien…

El sicario no tenía prisa de llegar a con James, iba con paso lento pero seguro. La mitad del personal de James estaba allí para recibirlo, haciendo fila por ambos lados de los pasillos, pero al sicario no le importaba, era indiferente hacia quienes le rodeaban, indiferente hacia los alaridos y llantos que escapaban de los apartamentos y hacia quienes los producían, ignoraba totalmente el tétrico y lúgubre ambiente a su alrededor, solo quería concentrarse en ver a su presa. Entrando ya al apartamento indicado por Mijaíl, observo como James le esperaba arrecostado a la pared, con la mirada baja, la seria expresión cubierta parcialmente pro el sombrero y el cabello cubriéndole los hombros.

-          No tenias que hacer tanto jaleo ni ser tan obvio, te hubiese encontrado igual. Vi los carteles y escuche los gritos desde hace varias cuadras.

-          Quise darle un buen ambiente al sitio, representar aquello que hago.

-          ¿Acabamos con esto rápidamente o lo volverás a hacer difícil?

-          ¿En serio quieres hacer esto?



-          Nunca dije que quería. Solo dije que debía.

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